Narra: Lu
Así pasó un mes, quedándome yo allí con ella, tan frágil, tan delicada y desprotegida. No podía hacer mucho, aún permanecía inconciente… hasta que despertó de su largo sueño. En primera instancia me emocioné al verla moverse, aunque fue tan solo un poco, me llenó de esperanzas.
— ¡Doctor! Se está moviendo… – sonreí mirándola.
— Eso es una buena señal… – anotó en su tablilla.
El simple movimiento de su mano me hizo sentir llena de vida; a pesar de que no reaccionó hasta el otro día en donde por fin abrió sus ojos y me hizo escuchar su voz tan olvidada que tenía.
Lo primero que hice fue abrazarla y contarle todo lo que pasó; se sentía realmente mal, las muecas en su rostro me hicieron sentir culpable al tener que decirle yo lo que le había pasado…
— Pasaras un tiempo conmigo, hasta que mejores cariño – sonreí dulcemente.
Me miró apenada de su situación, sé como se sentía…
— Todo estará bien querida – acaricia su rostro decaído.
— Gracias por estar conmigo en todo Lu… muchas gracias – me sonrió feliz de verme.
La abracé y la llevé a casa como pude. Ya afuera del edificio, una nueva etapa comenzaba, el doctor dijo que en un tiempo comenzaba las terapias… sé que sufrirá mucho.
— No quiero molestarte Lu… – dijo apenada.
— No me molestas muchacha, para mi ayudarte es como… una muestra de mi cariño – besé su cabeza mientras la ingresaba a su cuarto.
La dejé allí un buen rato para que se adaptara, mientras tanto tomé el teléfono y llamé a un amigo de hace varios años.
— ¿Richard? ¿Oye como estás? ¿Puedes venir hoy? — pregunté
— Claro, estoy allá en unos minutos… nos vemos – dijo animoso.
Lo llamé para hablar con él sobre un posible trato para que Nixie no estuviese desempleada, es decir, no quería que se quedara sin hacer nada… eso no le gusta para nada. Llegó y se sentó en el sofá, le hablé del asunto y le comenté que la chica era buena en el canto.
— ¿De veras? Eso me vendría bien en el bar – dijo con sus brazos apoyados en el respaldo del gran sofá.
— Es buenísima, y sé que no le gusta estar de vaga en casa. Pasará un buen tiempo para que vuelva a modelar, mientras… ¿podrías hacerle un espacio en tu bar? – lo miré pidiéndole el favor.
— Tendría que escucharla cantar al menos una vez, pero la acepto dentro del show de canto, me hace falta alguien así – miró a Nixie que espiaba detrás de la puerta.
La vi, me levante para traerla.
— Mira Nixie, te presentaré a alguien – sonreí mientras la llevaba donde Richard.
— No, no, no, no, no quiero – dijo nerviosa.
— Vamos, no es nadie malo – la dejé frente a Richard.
Se inclinó para mirarla de frente, ella se sonrojó sin razón y sonreí.
— ¿Tú eres Nixie eh? – la miró sonriente.
— Si… – contestó tímidamente ella.
Existió una tímida conversación en dónde él le ofrecía trabajar en su bar, ella se exaltó con aquella preposición, era obvio, recién estaba saliendo del hospital.
— Dirá que si de todos modos – le dije en el oído a Richard.
Él sonrió silenciosamente cerrando los ojos, Nixie estaba muy nerviosa y pidió permiso para retirarse, reí disimuladamente.
— Irá mucha gente si tengo a una chica que cante, más aún si es linda – levantó sus cejas.
— Oye, no te sobrepases de listo, no dejaré que te acerques a ella eh – reí de costado.
— Averigüé lo que me pediste, loca – se acercó como diciéndome un secreto.
Lo miré curiosa y ansiosa.
— ¡Dime, dime! – grité silenciosamente.
Me dio un papel con una dirección, hora y fecha.
— Muchas gracias Richard – le sonreí antes de que se fuera, ya era tarde.
Acaricié ese papel con mi mejilla, lo apreté en mi pecho y lo dejé sobre la mesa que dejo las llaves del auto. Caminé a ver a Nixie, estaba muy silenciosa; tenía un álbum en su poder.
— ¿Qué es todo esto? – dijo con una sonrisa de asombro en su rostro.
Encontró el lugar donde guardo mi vicio por aquel jugador.
— ¿De dónde sacaste eso? – me paralicé.
— Tenía curiosidad… y encontré esto en tu escritorio… – me dijo sonriente en su silla de ruedas.
— ¡No debes ver cosas que no te pertenecen! – lo arrebaté de sus manos y lo guardé en mi ropero. — Creo que es hora de que te vayas a dormir Nixie… – dije acelerada.
Me miró extrañada sin poder entender lo que estaba pasándome.
— ¿Te ocurre algo Lu? – me miró un poco preocupada.
— Sólo vete a dormir… hablamos mañana ¿si? – la llevé a su cuarto.
Extrañada se quedó callada, la acosté en su nueva cama; bese su frente un poco molesta y me fui a mi habitación.
— Debo quitarme esta maldita obsesión… – me repetí una y otra vez mientras me acostaba mirando el vacío en mi cama — me haces tanta falta Jacob… –
La idea de serle infiel tan sólo en el pensamiento, me aterraba… no soy de esas chicas pero algo raro sentía por aquel sexy jugador. No era tan solo atracción física… era algo mucho más fuerte.
Amaneció, mi cabeza daba vueltas, me sentía extraña.
— ¡Lu! ¡Ven rápido! – gritó Nixie desde la sala.
Me levanté asustada pensando que le había pasado algo.
— ¿Qué ocurre? – grite acelerada.
— Escucha… – puso play a la contestadota.
“Lu, siento mucho no haberte llamado antes, pero las cosas no están bien por aquí… sabes amor, te extraño demasiado… no sabes lo que daría por estar allá contigo –estruendo de bomba – No se cuando vuelva a saber de ti, el otro día vi una revista con unas fotos tuyas amor… te amo tanto – otro gran estruendo de bomba – “
Acabó la cinta.
— ¡Dios! ¡Jacob! ¡Pero que demonios! – grité rompiéndome en llanto.
— Tranquila Lu… sabes como son las cosas allá, quizá sólo se cortó la señal del teléfono… – decía Nixie dándome animo.
Se me partió el corazón con aquella cinta, ¿a que hora pasó todo eso? ¿Por qué no escuché el teléfono cuando sonó…?
— ¡Jacob! ¡Dios quiera que esté bien! – gritaba mientras me encogía en el suelo apretándome la cabeza del dolor interno.
— ¡Lu por favor… no saques conclusiones antes de tiempo! – acariciaba mi espalda desde su silla de ruedas.
Mi respiración se volvió dolorosa y tortuosa, no podía imaginarme lo que había pasado tras ese gran estruendo de bomba… Como siempre, imaginé lo peor y no podía moverme de allí en el suelo.
— Lu, por favor levántate… – decía muy preocupada Nixie. — No puedo ayudarte, por favor levántate – comenzó a desesperarse.
— Esto no puede estar pasando… – dije antes de desmayarme.
Allí perdí la conciencia, con un frío en todo mi cuerpo. El calor no resultaba efectivo, parecía una serpiente sin su dosis de calor diario. Un leve sudor en mi frente demostraba lo mal que estaba, desperté en mi cama, recostada vigilada por los ojos de un doctor y los de Nixie.
— ¿Cómo se siente? – preguntó el anciano mirándome.
— Bien… – dije abriendo mis ojos lentamente.
El doctor asintió con la cabeza y se marcho, me senté en la cama olvidando el echo de la cinta, no podía mantenerme mal… preferí salir.
— No salgas de casa pequeña – le dije a Nixie que me seguía preocupada.
— ¿Estarás bien Lu? – me miró atenta.
— Siempre lo estoy – le sonreí acariciando su mejilla.
Salí en el auto, me dirigí al estadio donde practicaban los jugadores del equipo loca; me guié por el papel que me dio Richard la noche anterior.
— No puedo creerlo… – dije nerviosa mientras estacioné el auto.
Bajé del auto y me dirigí a la gradería donde podía mirar mejor. Allí lo vi… con la camiseta del número 10; un hombre bien dotado… sudado.
— Pero que hombre… – dije melancólica apoyándome en la barrera.
Nuevamente en mi cabeza aparecieron los recuerdos magníficos que compartí con Jacob antes de que se fuera, todo lo bueno que el había echo en mi vida, lo amo con todo mi corazón… no sé porque estoy en este estadio mirando al fruto prohibido. Recordé la cinta… me largué a llorar silenciosamente.
A lo lejos pude notar que él me estaba mirando, comenzó a caminar hacía mi…
— No puede ser… – dije secándome las lagrimas mientras corría a donde yo estaba.
Se paró bajo la barra en la que estaba apoyada y me miro curioso.
— ¿Qué le sucede dama? – preguntó en un tono de preocupación.
Saqué mi cámara de fotografías.
— Nada, sólo venía a sacar unas fotografías… – reí nerviosa secando mis lágrimas.
— ¿Tiene algún problema? – se acercó subiendo la gradería hasta donde yo estaba.
— ¿Por qué preguntas eso? – lo miré nerviosa.
— Estaba llorando… es raro ver a una chica llorando mientras el equipo entrena, a no ser que sea la esposa del entrenador – sonrió de costado mostrándome su blanca dentadura.
— No, claro que no… Solo recordé una cosa mala – disimulé mi sufrimiento y mi nerviosismo.
— ¿Para qué son las fotografías…? – preguntó curioso mirando la cámara.
— Soy fotógrafa… – dije con las manos temblorosas mientras el se acercaba.
— Vaya, eso es grandioso – me sonrió.
Su extraña manera de mirarme me congeló por completo, no sabía que hacer en una situación como esta. Tengo sentimientos encontrados y mi cerebro está demasiado agobiado como para darle más trabajo, ahora… ¿qué debo hacer…?
Dónde estas Jacob…
No hay comentarios:
Publicar un comentario