jueves, 14 de abril de 2011

Capitulo 6

 Narra: Lu

Nuestros cuerpos allí en la cama, enredados de pasión, bañados de placer. Sus besos me hicieron sentir segura; sus manos moldearon mis caderas mientras empujaba a su amiguito para que entrase en mi y me llenara del éxtasis que solo él sabe entregarme. Gocé el momento, no quería que acabase, era muy bueno para que todo se desmoronara en tan sólo horas.
— Debo volver a trabajar – dije entre gemidos y besos.
— Creo que no dejaré que eso ocurra… — dijo con su respiración acelerada en mi boca.
Sonreí mientras besaba mi cuello con esa pasión que me vuelve loca; me dejé llevar y sentir las sensaciones que pronto abandonaría. Mientras hacíamos el amor como dos principiantes adolescentes, envueltos en una maravillosa capa de placer y calor; mis ojos no pudieron evitar soltar unas cuantas lágrimas, obviamente no dejé que se diera cuenta… no quería arruinar nuestra última noche.
— Te amo – dijo acariciando mi mejilla con su pulgar.
— Y yo a ti cariño… – sonreí emocionada.
Ya eran las 17:00 horas, lo que significaba que no volvería al estudio. Besé sus dulces labios un largo rato, quería aprovecharlo del todo.
Ambos acostados allí desnudos, cubiertos por tan sólo una delgada sábana blanca que con su transparencia descubría nuestros cuerpos. Comencé a dormitar, el agotamiento del trabajo y la acción de hace un rato me pasaron la cuenta.
— Descansa – besó mi frente mientras me dormía en su varonil pecho.
Tuve un lindo sueño, pero fue interrumpido por los movimientos en la cama.
— Debo irme Lu… – sonrió melancólico mientras se vestía.
— ¿Por qué…? – dije apenada abriendo los ojos lentamente.
— Tengo que arreglar mis cosas… te veo mañana ¿si? – sonrió dulcemente acariciando mi triste rostro.
— Bueno… te amo – lo miré a sus abrumados ojos.
— Y yo a ti – dijo antes de besarme con una pasión que me dejó con ganas de más.
Lo vi marcharse, vi su sexy figura tomar sus cosas e irse, antes de salir me mostró aquella sonrisa que me conquistó; sentí cuando encendió su auto y se me partió el alma cuando el sonido del motor se alejó.
Quede en ese cuadro al que llamaba cama, con mis cabellos despeinados. Miré el techo sin pestañear por un largo rato, mi mente daba vueltas, muchas cosas en que pensar y poco tiempo para todo.
— Esto no puede estar pasándome a mi… – cerré mis ojos lagrimosos.
Sonó el despertador a las 06:00 de la mañana; me levanté muy rápido al baño. Me preparé un café y comí unas tostadas: tomé mis llaves del auto y emprendí rumbo a la casa de Jacob.
— Voy en camino, espérame afuera – dije sonriente por teléfono.
— Cómo tú mandes querida – dijo con la boca llena.
— Nos vemos, te amo –
— Y yo a ti lindura – cortó.
Aceleré, quería aprovechar cada momento con él. Me acerqué a la cuadra de su edificio y lo vi parado, toqué la bocina para que me viera y se sorprendió con una gran sonrisa.
— Deja tu bolso atrás – dije feliz de verlo.
— Bien – hizo caso al mandato.
Subió al asiento del copiloto, me besó con una fuerza especial. Encendí el motor y partimos al maldito aeropuerto.
— ¿Cómo dormiste? – me preguntó rompiendo el frío silencio.
— Muy bien – sonreí — ¿Y tú? – lo miré de reojo mientras llegábamos.
— Nervioso… — fue lo último que dijo.
Mordí mis labios al bajar del auto, tenía el corazón en la garganta. Tomando su mano entramos al aeropuerto; allí se encontró con dos de sus amigos que corrían la misma suerte que él; me abrazó todo el tiempo, hasta que por los parlantes anunciaron su vuelo.
— Esa es la señal… – dijo con su rostro apenado, tomando mis manos entre las suyas.
— Huyamos… – le dije con los ojos llorosos.
— Sabes que no puedo – sonrió como pudo.
Respiré profundo mientras lo abracé con todas mi fuerzas. No podía tragar mi propia saliva, la desesperación se apoderó de mí por completo.
— No quiero que te vayas… – dije entre llantos.
— Volveré, tranquila – aguantó su llanto para hacerme sentir segura. — Todo estará bien – acarició mis cabellos.
— ¡No! Nada estará bien sin ti – mi cara se desfiguró.
— Ya debo irme Lu, te amo… eso nunca lo olvides – me besó para silenciar mis gritos.
— Escríbeme, llámame… – dije más calmada.
— Todos los días… todos los días mi amor – besó mi frente y se fue.
Me detuve en los ventanales para ver su avión, permanecí parada quizá unos 15 minutos hasta que el avión emprendió vuelo. Me sentí vulnerable y desprotegida, frágil y vacía; perdí, deje ir a mi complemento de vida.
— Suerte amor… – susurré mientras el avión se alejaba.
Con los brazos cruzados, permanecí ahí como una estatua; fui por un café para entrar en calor, me senté en una mesa a esperar que pasara la hora para irme a trabajar. Mi atención se mantuvo en el televisor, en las noticias de última hora.
“Grave accidente en la avenida principal (…) La conductora está gravemente herida (…) Por lo que nos informan, el conductor culpable del echo, escapó, y la chica ya ha sido llevada a un centro asistencial (…)”
Mi respiración se detuvo, era el auto de Nixie…
— No puede ser… – susurré.
Me levanté lo más rápido que pude, volteé el café sobre la pequeña mesa, cosa que no me importó en lo más mínimo. Encendí el motor y desesperada tomé el teléfono, que se calló entre mis pies y al momento de recogerlo, me asustó un estruendo de bocina.
— ¡Ten cuidado idiota! – gritó un tipo que casi impacta con mi auto.
— ¡Tú ten más cuidado imbécil! – respondí enojada.
Volví a acelerar.
— Patricia, una de nuestras modelos está en el hospital, voy para allá. Creo que no iré a trabajar hoy – grité mientras esquivaba autos a gran velocidad.
— Eso vi en las noticias, cuídala y dale nuestro apoyo – dijo comprensiva la veterana.
Corté y bajé del auto, corrí por entre la prensa y choqué con los doctores que la estaban tratando.
— ¿Cómo está la pequeña? – tragué saliva.
— Nos complica un poco su situación, pero estamos haciendo todo lo posible… – respondió acomodando sus gafas.
— ¿Estará bien? – dije exaltada.
— Eso lo veremos con el tiempo – me miró serio.
— ¿Cómo que lo verán con el tiempo? ¡Deben sanarla! – grité.
— Debo pedirle que se tranquilice señorita… – dijo abriendo sus manos.
— ¿Puedo verla? – pregunté angustiada.
— Aún no… – dijo yéndose con los otros doctores.
Pasé a la sala de espera, me pasé de un sillón a otro esperando noticias, mi celular colapsaba con mensajes de apoyo y suerte de las otras modelos, me conmovió. Nixie me recordaba a mi, más que una amiga o hermana menor, la quería como a una verdadera hija.
— Debes mejorar pequeña… – susurré cerrando los ojos.
Me recosté allí en el sillón a esperar, los doctores pasaban de una puerta a otra, me ponían nerviosa; hasta que apareció uno después de casi diez horas.
— ¿Usted es pariente de Nixie? – preguntó con una tablilla.
— No, soy su jefa y amiga – contesté nerviosa.
— Necesito a algún familiar – dijo.
— Ella no tiene familia… – susurré. — Soy todo lo que tiene… – hizo una mueca con sus labios y miró la tablilla.
— Ya está mejor, aún no está conciente, pero al menos ya quitamos el gran tubo de su pecho, puede pasar a verla pero con precaución… está inconciente – levanto sus cejas.
Corrí a la habitación, entré sin hacer ruido y me senté junto a ella. Tomé su mano entre las mías.
— Saldrás de esta Nixie… sé fuerte – miré las máquinas a las cuales estaba conectada, me aterré.

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