Narra Nixie
Al abrir mis ojos el día estaba pegando de lleno en la ventana, ese vacío en mi estomago se presentó al recordar las horas pasadas. Refregué mi cara con ambas manos y traté de guardar compostura para no volverme loca. ¿Qué es lo que estaba sintiendo en realidad? Ahora que había llegado Corey, mi semblante bajó como siempre lo hacía con su presencia, no quería ser esa niña que no puede tomar decisiones, que él era el que siempre mandaba… ¿Qué debía hacer? Fue tanta la impotencia que de mi garganta solté un grito desesperado, como si una cucaracha caminara frente a mis ojos, mis ojos derramaron algunas lágrimas sin sentido y ahí se abrió la puerta…mis ojos se iluminaron con su silueta y sus brazos rodearon mi inerte cuerpo en su deliciosa cama
— ¡¡no se que hacer, Richard!! – me aferré a sus hombros y sus dedos acariciaban mi enmarañado cabello por el movimiento nocturno
— Tranquila, cariño – trataba de calmarme y yo no quería soltarlo
— ¿Por qué tenía que pasar esto ahora…ahora que abrí los ojos? – su mano tomó mi mentón e hizo que lo mirara
— Nadie tiene que obligarte a decidir, deberías estar tranquila y pensar las cosas…
— ¿Por qué no estas enojado? – acaricié su mejilla
— ¿Por qué debería estarlo? – su voz sonaba mas tranquila y con media sonrisa me demostró y dijo mas de mil palabras — se lo que eres, se lo que sientes…si no, no estarías aquí…
Su voz sonaba mas como un susurro que como una vos enojada, me entregaba todo de si con la simple mirada, dejé escapar mi aliento en su boca dejando que se alimente de mis sentimientos…
— ¿quieres quedarte, un rato mas? – me dijo al punto de besarme
— Si – sentí la piel suave de sus labios rozar los míos con ligereza
— Me gustaría hacerte sentir…como tu lo haces en mi cuando subes al escenario – su vos comenzaba a entonar un ligero llamado a mi cuerpo, y lo estaba logrando
Sus manos fueron directo a los costados de mi cuerpo, y las mías se entusiasmaban al perderse en sus cabellos con aroma fresco, le sostenía con el apoyo de sus labios en los míos, metiendo la carne para refrescar y humedecer el momento. El sonido de nuestros besos se marcaba hasta en la mas mínima esquina de su cuarto oscuro, mi piel se erizó al sentir las sábanas frías en mi espalda, pues ya se había colocado encima de mi de manera delicada, dejó de besarme por unos momentos para bajar sus manos a mi entrepierna, abrir las mismas y acomodarse entre ellas cuando las tomó, cada una. Por el ángulo de las rodillas, colocando así mis muslos e su cintura y su vientre sobre el mío hacían sentir en mi una combinación de emociones encontradas, pero en verdad quería esto… ¿para que? Para darme cuenta de que en verdad este sujeto tiene una parte ligera de mi corazón. De manera sutil dejó mis piernas enganchadas en su cadera, no se como pude hacerlo, pero esa ligera fuerza estaba sirviendo, sus manos enmarcaban la figura de mis caderas a mi cintura, subiendo para moldear mis pechos en su amplitud de la palma. Inquietantes, mis gemidos salían sin parar por mis labios mojados de su encanto. Solamente una ligera camisa sin mangas y una bermuda corta, eran lo que cubría esa perfecta escultura que aprisionaba mi cuerpo a la cama, sus dientes se aferraban a la piel de mi cuello y de ser todo lento y tranquilo, la desesperación nos cubrió a ambos en un manto de lujuria y pasión…tomó mis piernas de nuevo para sostenerlas a sus costados, e iba bajando mas la cabeza a mi pecho, lamiendo de nueva cuenta la división de mis senos, sobre la blusa posó un beso suave en cada uno de mis pechos y fue bajando mas…
— ¿Por qué no lo haces ya? – gemí al tomar con fuerza las sábanas de mi laterales
— Porque el verte sufrir…de esta manera me encanta – su sonrisa desde esa distancia me paralizó y solo cerré los ojos al sentir sus labios besar mi abdomen con mesura
Con su delicada nariz, subió el borde de mi blusa a donde pudo, y las cosquillas regresaron cuando la punta de su lengua penetraba el orificio de mi ombligo, besándolo como si fuera mi boca en un momento dado, y yo podía mover solo mi abdomen en muestra de placer…los dedos traviesos de sus manos se escabulleron por el ligero shor de mi pijama, metiéndolas por el lugar de mis piernas y ahí, debajo de mis pantaletas, tomo cada una de mis nalgas apretando suave la piel de esa zona, levantando mi cadera de manera atrayente para su pecho. Quizá era ya mucha la confianza, o quizá era que en verdad necesitaba este tipo de cosas después de tanto tiempo…o en verdad sentía algo muy fuerte por este hombre.
La calma no se hizo presente en esos minutos de calentamiento corporal, aunque sentía arder mi piel, la transpiración tardaba en salir, sus labios se concentraban aun en la piel de mi vientre, sus dedos deslizaban el short por mis piernas inertes con energía dentro que querían desquitar. Subió sus manos por dentro de la blusa para irla levantando y acariciando a la vez la piel que cubría mis costillas, levanté mis brazos para sentir que la quitó por completo, aventándola lejos donde mis dedos no pudieran alcanzarla. Sus besos regresaron a mis labios, para comerme la boca de manera exquisita y embriagante. Mis dedos querían ayudar, por lo que se deslizaron por su espalda para ir acariciando, por encima de la tela, esos músculos que se tensaban al movimiento provocado por mi, tomé el borde y la fui levantando, dejó de besarme para quitarla y ver esos deliciosos pectorales que ya comenzaban a experimentar el calor y brillaban por el suave sol que traslucía de las cortinas oscuras. Era una necesidad la que ya sentía que prenda por prenda iba desapareciendo de la escena, una de sus manos alanzó la sábana para cubrir nuestros cuerpos solo de la cadera, me inquietaba el remover sus cabellos con mis dedos cuando mis senos eran el deleite de sus labios y su lengua. Levantando mi pecho para su mayor disfrute, aprovechaba al máximo lo que yo le estaba permitiendo. Sentía que todo se estaba acercando de a poco y sonreía al morder mi labio inferior…
— Eres tan hermosa – suspiró en mis labios al subir después de unos minutos
— Me alegra que lo consideres – remarqué acariciando sus mejillas sudadas y voluminosas por la sonrisa en sus labios
Su mano alcanzó ese ligero sobrecito sobre el mueble y yo miraba como lo abría, su sonrisa se hizo notar mas cuando bajó sus manos y sentía sus dedos acariciar por fuera mi zona intima, pero lo que hacía era colocarse la protección sobre su miembro, eso me dejó mas tranquila ahora. No pude verlo…pero ahora pude sentirlo. Cuando tomó con mas fuerza mis piernas y pegarlas en su cintura, su pelvis hizo el trabajo limpio, empujar hasta penetrarme de manera lenta hasta que entrara todo, cerré mis ojos y mantuve la boca abierta al saborear sus gemidos en mi garganta. Los movimientos se fueron haciendo neutros hasta pasados unos segundos, los golpes sobre mi cadera eran realmente delicados y precisos, así como profundos y llenos de una energía sorprendente para sentir el éxtasis sin siquiera llegar mas allá del tiempo necesario. Quería gritarle lo bien que me estaba haciendo sentir, y mas al ser cuidadoso con los besos que sus labios me propinaban en cada una de mis mejillas, mis dos oídos, mi nariz, mis parpados y los labios sin completar un beso seguro por la agitación de ambos. Sin querer, mis pechos rozaban con los suyos haciéndome sentir esas cosquillas en mi vientre por la necesidad de mas, quería mas de su cuerpo, mas de él…quería que esta mañana me rompiera y me hiciera sentir única en el mundo, lo cual…no le estaba costando nada de trabajo. Las caricias aun no terminaban cuando él bajó el volumen de sus movimientos después de 3 encuentros como este, sus ojos se abrieron adormecidos por tanto tiempo mantenerlos cerrados, me perdí en el color de los mismos, me perdí en su persona. El resbalar de ambos cuerpos se presentaba sin problemas por la mezcla de sudor, suyo y mío…
— ¡¡rayos, Richard!! – gemí en su oído al aferrarme a su cabeza cuando mordía mi cuello
— Me gustaría escuchar mas de eso – sonrió en mi piel sin parar de moverse allá abajo
Sentía la necesidad de decirlo, y creo que no estaría nada mal
— Te amo – salió cortado y en voz baja cuando su cabeza regresó a la mía y me miró por unos segundos
— ¿Qué dijiste? – tomó con una mano mi mejilla y me hizo abrir los ojos de nuevo
— Si…escuchaste, no me hagas repetirlo de nuevo – me sonrojé
— Me gustaría, en verdad, escucharlo de nuevo – me perdí en su rostro agotado
— Te amo – volví a repetir, sus labios aprisionaron a los míos y solté el aire por mi nariz al sentir ese rico golpe
— Yo también te amo – susurró en mi lengua y siguió comiéndola de apoco cuando sentíamos el momento aproximarse
Se escucharon sus gemidos mas en la habitación y yo me derretía al escucharlos, su cadera se movió mas sobre mi entrepierna, yo sentía la misma necesidad que él al gritar su nombre seguidas veces, me aferré mas a su cuerpo y él al mío cuando esa explosión de adrenalina y placer se combinaron para formar ese delicioso orgasmo en ambos, el aire se soltó de nuestros cuerpos y la locura hacía de nosotros un ser inanimado.
— Te quiero conmigo…para siempre – susurró en mi mejilla, agotado
— Yo igual – fue lo único que pude decir
La mañana transcurrió sin darnos cuenta, su cuerpo se refregaba al mío en muestra de agradecimiento por ese bello despertar, sus besos manipulaban a mi cuerpo para que descansara, así como las caricias de sus manos que me impedían irme de su lado. Ambos desnudos sobre su cama, destendida y mojada, nos acomodamos en un placentero nido, del cual no nos sacarían ni a palazos, traté de no pensar en nada…traté de perderme en sus ojos, pero el sonido de mi estomago fue lo que se escuchó en esos minutos de concentración y entrega mutua
— Te prepararé algo para que desayunes
— Desayunemos – dije sonrojada
— De acuerdo… pero antes, nos daremos un baño ¿quieres? – acarició mi mejilla
— Creo que sería una buena idea – me aferré a su cuello cuando me abrazó
De nuevo, su cuerpo se aferró al mío al limpiarlo…creo que eso, ya lo había hecho cuando me le entregué…sin pena alguna.
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