Narra Lu
Richard pudo irse, hizo oídos sordos a lo que Jacob había dicho; los otros dos acabaron luchando en mi departamento, tuve tanto miedo que llamé a la policía los que se llevaron a Jacob.
— Ya acabó todo amor... – decía Brian abrazándome en el sofá.
— ¿Por qué todo terminó así? – grité entre llantos.
— Tranquila Lu... la policía ya se lo llevó, eso nos dejara tranquilos por un tiempo... – tomó mi rostro entre sus manos — Debemos buscar un lugar seguro... – besó mis labios con esa pasión que me gusta.
— ¿Dónde...? No puedo vivir en mi oficina – dije en un tono inocente.
— Vente a vivir conmigo... al menos hasta que estés segura otra vez... – sonrió.
¿Era cierto lo que escuchaba? Brian me pedía que viviese con él, lo miré atenta todo el tiempo, sentía que en mi interior una voz aclamaba para que aceptase esa oferta, era única y quizá no tendría otra de estas en mi vida.
— ¿Estás seguro... de lo que dices? – sonreí sin poder evitarlo.
— Claro... no estaría mal que mi novia viviera conmigo – acarició mi nariz.
— ¿Y Nixie...? – me preocupé.
— Richard la recuperará... él la tendrá bajo su cargo cuando todo este bien, me encargaré de cuidarte para que nada malo te pase Lu, Richard hará lo mismo con Nixie. Al menos hasta que todo esté calmado y puedan estar solas de nuevo...
Sonreí feliz, su preocupación me volvía loca. Era realmente como un cuento de hadas, todo lo malo que estaba pasando desaparecía con su presencia.
— Te amo... – dije sin percatarme.
— ¿Qué...? – me miró sonriente.
Guardé silencio dándome cuenta de lo que dije, no pude evitar sonrojarme.
— Nada... – miré a otro lugar.
Sonrió sabiendo lo que había dicho, tomó mi rostro y volvió a besarme.
— Toma unas cuantas ropas, nos vamos ahora cariño – me acarició la mejilla suavemente.
— ¿Ahora?
— ¿Esperaras que regrese por ti de esa manera? – Me miró serio — Sí, ahora mismo te vas conmigo – sonrió dulcemente.
Asentí con la cabeza como una niña pequeña, eso me puso nerviosa y no pude evitar sonrojarme. Entré en la habitación y tome una de mis grandes maletas y la llené con mis ropas.
— Creo que no necesitaré un bikini – reí airándolo por allí.
Acabé mi maleta y volví con Brian.
— ¿Estás lista? – me miró sonriente.
— Sí capitán – reí.
— Bien, vamos – tomó mi maleta con una mano, y con la otra mi mano.
Antes de cerrar la puerta miré melancólica el departamento, nadie sabe cuando volvería a este lugar... nadie sabe si Nixie volvería antes que yo, y espero que así sea... dondequiera que estés pequeña... espero que estés bien.
— Sube al auto tranquila – mordió su labio.
Brian echó mi maleta atrás y luego subió junto a mí, lo miré sonriente sin mucho que decir, la situación no era la adecuada para celebrar nada y mi ánimo era realmente decadente.
— Las cosas mejoraran, todo irá bien dentro de poco – dijo al volante.
Me distraje mirando por la ventana, vi pasar los árboles, las personas, los edificios, todo me parecía desconocido... Las reacciones que tuvieron nuestros ex novios, era bastante desconcertante, ¿será que la guerra los habrá cambiado? Cómo nunca me di cuenta con quien había convivido... ¿Por qué fui tan ciega...?
— Llegamos... – el auto se detuvo.
Miré a Brian como si recién estuviese despertando, su mirada de preocupación me hizo caer en un vacío interno que descompuso mi sonrisa. Él realmente me quería y yo lo único que estaba provocando era atraerlo a mis problemas, lo necesito tanto... pero lo llevó a correr riesgos físicos, esto no puede seguir.
— Lo siento...
— ¿Eh? ¿Por qué...? – se extrañó.
— Te estoy metiendo en tantos líos, no es necesario que tu me defiendas de todo, pero aún así lo haces y creo que esto te está trayendo tantos... disgustos... – miré por la ventana.
— Lu, no es un estorbo protegerte, más aún si lo hago por amor... – me sonrió acariciando mi mejilla.
De verdad le importo, no puedo creer que perdí 4 valiosos años con un tipo que estaba conmigo solo por apariencia, sólo por dinero... ¡Dios, que estaba pensando!
— Bésame... – le susurré con una lagrima.
— Cuantas veces quieras...
Acudió a mi pedido. Sus labios hicieron contacto con los míos, su lengua atravesó la barrera de mis dientes para buscar a su acompañante, al igual que en una guerra campal se empujaron mutuamente haciéndolo maravilloso. La pasión poco a poco fue dominando cada parte de nuestros su mano fue bajando desde mi mejilla hasta mi cintura, y cada vez más abajo hasta que con su mano masajeó parte de mi entrepierna.
— Vamos adentro... – respiró en mi boca lamiendo mis labios.
Sonreí sabiendo lo que se venía... había esperado tanto este momento. Dejó de besarme para bajar de su auto y abrir mi puerta, me tomó en sus brazos y seguimos besándonos mientras me llevaba a su cuarto. Su casa era realmente hermosa, muy sofisticada para ser de un futbolista, tenía estilo aquel sexy hombre.
Subimos las escaleras y me posó en la cama mientras aún mantenía sus labios pegados a los míos húmedamente. Se lanzó con cuidado sobre mi mientras acariciaba mi entrepierna casi desesperadamente, era un pervertido... pero me gustaba que fuese así. Quité su remera, quité su pantalón luego de que él hiciese lo mismo con mis prendas
— Hazme tuya... – gemí mientras mordía la punta de mis pechos.
Deseaba tanto decir eso, había esperado mucho tiempo para que esto sucediera, mis sueños al fin tenían un sentido lógico. Por fin... ocurriría.
Ambos estábamos sudorosos sin siquiera haber comenzado, la desesperación de que el momento llegase rápido era exquisita, la manera en que tocaba cada parte de mi ser, desde mi exterior hasta mi interior; la manera en que besaba mis pechos, mis labios... dios, me volvía loca. Con precaución tomó aquel circulito que nos protegería de cualquier cosa que pudiese ocurrir y sin que me diese cuenta comenzó a invadir mi interior. La sensación de estar en las nubes al fin era parte de mí, su respiración en mi pecho hacía que me excitara de una manera impresionante. La manera en que empujaba su miembro en mi interior provocaba en mí una mezcla de dolor y placer que nunca había sentido, sus manos hacían presión en mis nalgas lo que me hizo gritar.
— ¡Dios, eres fantástico! – grité con los ojos cerrados gozando el momento.
Volvió a mis labios para que me callara, le gustaba disfrutar del momento tan solo escuchando como gemía de placer en esa silenciosa habitación. El sonido de su respiración estaba junto a mi oreja, la que lamía constantemente.
— Te amo Lu... – susurró mordiendo mi lóbulo.
— Y yo a ti... – gemí más fuerte.
Sus movimientos de pelvis rozaron con lo perfecto, lo maravilloso del momento es que era primera vez que me sentía completa, aunque no fuese necesario decirlo yo lo amaba y nadie podía hacerme pensar lo contrario, no ahora, no mañana, jamás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario