• Narra Brian.
La emoción se apoderó de todos mis sentidos, lo que alguna vez era maravilloso ahora se había vuelto perfecto, nada mejor me podía pasar... sí, yo iba a ser padre.
Lu allí enrojecida haciendo fuerza porque las enfermeras así le decía, apretaba mi mano con una brutalidad que me ponía nervioso, con la filmadora en mi mano no dejaba de grabar al doctor acomodando sus guantes, raros y feos. Tenía una lavadora en mi estómago, las sensaciones extrañas eran demasiadas, no sabía cuanto podría soportar.
— Vamos mi amor, ya está saliendo – dije como consuelo.
— ¿Tú crees que no duele? – gritó pujando.
Reí nervioso y con miedo, en verdad no imaginaba como debía doler que de tu vagina saliera un ser humano, mucho menos una gran cabeza...
— Un poco más, ya veo su cabecita... – dijo el doctor.
— Ves amor, ya nacerá nuestro pequeño – dije emocionado.
— Papá, ¿vendrás a grabar cuando tu hijo saldrá? – me miró.
— Claro – reí aún con miedo.
Solté la mano de mi amada mientras una enfermera sustituía mi puesto para sentir su dolor a través de la mano poderosa, caminé y grabé su entrepierna... con una cabeza saliendo de ella.
— Dios mío... – dije asombrado.
Tenía tantas ganas de desmayarme, creo que me puse blanco al ver tanta sangre... la presión se me iba, sacaron al pequeño luego de que Lu diera uno de esos gritos orgásmicos que tanto me gustan. Las enfermeras lo rodearon con toallas para limpiarle la sangre que lo cubría, sus débiles gritos me emocionaron, frente a mis ojos tenía a ese pequeño sangre de mi sangre... a mi hijo.
• Narra Lu.
El dolor se olvidaba cuando miraba a esa pequeña criatura en los brazos de ese maravilloso hombre que tenía a mi lado, sus cristalinos ojos me conmovieron, él lloraba mientras yo también lo hacía. Una sensación única me dominaba, ahora entiendo a mi madre cuando me hablaba del día que me tuvo entre sus brazos por primera vez.
— Mira Lu, es hermoso... – decía Brian llorando.
Sus pequeñas manitos cubrían un dedo de su gran mano, su pequeño y blanco rostro medio dormido ahora luego de que lo limpiaran de todo, se veía tan minúsculo entre los brazos de mi futbolista favorito, sus llantos eran incontenibles, creo que lloró más que yo... pero aún así no era para menos, era una ocasión hermosa, para cosas como estas si se debía emoción.
— Es bellísimo... – susurré secando mis lagrimas.
— Anda, tómalo – sonrió llorando Brian.
Me senté luego que me dieron un pulgar en alto con la saturación de mi entrepierna, posicioné mis brazos y Brian me dio al pequeño, un gran niño... igual que su padre.
— Hola pequeñito... – sonreí mirando sus bellos ojos.
Esos círculos bien marcados, color café como los de su padre, me miraban fijo y atento, con su boquita semiabierta jugueteaba con su lengua como lo hacen todos los bebés. No podía creer que lo tenía al fin entre mis brazos, no podía describir la felicidad que sentí cuando movió su manita para acariciar mi rostro, acerqué mi mejilla a su mano estirada y allí volví a llorar, su suave piel hacía contacto con mis lagrimas saladas; estaba en el cielo, lo mejor después de mucho al fin había llegado.
— Los chicos están afuera... – sonrió llorando.
— Diles que entren a ver a su nuevo ahijado – sonreí.
— Espera un poco... – dijo filmándome.
— ¿Qué pasa? – reí.
— ¿Cómo lo llamaremos? Este gran hombrecito debe tener un bello nombre...
— OH pues... me gusta Osmar
— A mi también, es un lindo nombre...Osmar Haner Sullivan. – sonrió.
Besó mi frente, acarició la punta de la nariz de Osmar y fue a contarles a los chicos que esperaban ansiosos afuera.
Seguí apreciando cada fisura de su pequeño rostro, era un bebé maravilloso, el más lindo que había visto en toda mi larga vida, quería seguir llorando, pero de felicidad... no sabía como demostrar todo lo que sentía en mi interior. Las sonrisas no bastan, los gestos son mucho más poderosos, pero las lágrimas demuestran todo con mucha más pasión de lo que suelen tener los gestos normales, ¿quién dice que llorar es malo? Es lo mejor para demostrar lo que ahora sentía.
Me trasladaron a la habitación para recibir las visitas, junto a mi había una camillita para mi bebé, pero no quería soltarlo, no quería que me lo quitaran por nada del mundo.
— ¡Pero miren a quienes tenemos aquí...! – gritaba Nixie emocionada entrando en la habitación.
— Hola chicos – sonreí aún emocionada.
— Vaya, el pequeño Haner – sonrió mirándolo Richard.
— Qué cosas dices, el pequeño Sullivan – reí orgullosa.
— ¡Oye! El apellido del padre va primero – rió Brian junto a mí.
— Eso no me importa – reí.
— Pero míralo Richard, que ricura... quiero uno – sonrió Nixie.
— Ya habrá tiempo para hacer uno, para más adelante... – rió Richard.
— Yo quiero uno ya – lo miró disgustada.
Peleando frente a mi, pero que infantiles eran, ella quería un hijo porque ahora veía uno... pero parece que él no estaba listo para cargar con otro pequeño... Bueno, eso no es mi lío.
— ¿Vieron que hermoso es? – rió Brian.
— Pues es igual a su madre... porque el padre.... – rió sin acabar Nixie.
— ¡Pero que le pasa a todos conmigo hoy! – rió Brian.
Aún estaba ansioso y eso me gustaba, la compañía de los chicos ahora era muy importante, eso me gustaba porque no me habían abandonado como cualquiera lo hubiera echo. En eso, llegó una enfermera que quería a mi pequeño.
— Señorita Sullivan, debemos vacunar al niño... se lo traeré en unos minutos – dijo amablemente.
Asentí y con pena le di al pequeño, no quería dárselo ni por millones de dólares, lo único que quería era estar con el hasta que yo dejara de existir.
— No soy madre ni una hora y ya me quitan al niño – hice puchero.
— Pues podremos hacer otro – rió pervertidamente Brian.
— Estamos presente, no empiecen – rió Nixie.
— ¿No querían escuchar cosas el otro día? – rió.
— Si, pero el otro día ahora no – dijo Richard.
Nixie se abalanzó sobre mí abrazándome con una fuerza que me gustó.
— Felicidades amiga, eres madre de un hermoso niño...
Me paralicé, no imaginé esto en ningún momento... es decir, sí, pero no ahora, eso me conmovió aún más, esto de ser madre me tenía bastante sensible...
— Gracias querida – dije llorando entre risas.
— Felicidades para ti también futbolista – rió Nixie abrazando a Brian.
— ¿Cuándo dejarás de llamarme futbolista? – rió correspondiendo su abrazo.
— Pues cuando dejes de serlo ¿no? – rió.
Sonreí mientras ellos también lo hacían, estaban felices al igual que yo con la llegada de este nuevo miembro en nuestra loca y rara familia; en cosa de unos minutos me devolvieron a Osmar dormido.
— Estará durmiendo un buen rato, su sistema se está aclimatando al ambiente – sonrió nuevamente la enfermera.
— Está bien – sonreí recibiéndolo.
Nuevamente lo tuve entre mis brazos, esta vez sus ojos se habían cerrado para descansar, algo magnifico que aún no podía explicar, un aire de felicidad vibraba en la habitación mientras mis amigos y mi amado me miraban, los ojos de emoción de mi amiga me hacían aún más feliz, no podía creer que esto de verdad está pasando. Besé su frente mientras dormía, no quería despertarlo, ya tendría toda una vida para aprovechar de su compañía... para poder ser feliz junto a su persona.