• Narra Lu
Llegó el día, llegó la hora... marcharse para siempre sin dar un paso atrás, era muy tarde para arrepentirse y olvidarse de aquellas lindas promesas, mi panza crecía con el pasar de los días, cada segundo... un poco más. Las maletas en la puerta, yo en el baño aun maquillándome para verme bien pese a la circunstancia y Brian en la sala gritándome que el taxi quería partir, nunca imaginé que este momento llegaría.
— ¡Vamos Lu! El taxi ya quiere irse
— ¡Pues que espere, para algo le pagamos!
— Puedes maquillarte en el auto... vamos – rió.
— ¿Quieres a una novia fea? Pues espérate muchacho
Reí mientras guardaba mi brillo para los labios, tomé mi cartera y lo besé convidándole de mi maquillaje.
— Te ves hermoso con brillo rosa – reí saliendo.
— ¿Eh? ¡Pero qué...!
Salimos y subimos al taxi luego de que mi hombre guardase las maletas atrás, le pedimos al gordo sujeto que nos llevara al aeropuerto... íbamos muy atrasados.
— ¿Nos encontraremos con los chicos? – me miró curioso.
— No... Ellos se van antes, debo pasar a la agencia antes de partir
— ¿Qué? – me miró disgustado.
— No, es broma – reí.
El auto fue veloz y en cosa de unos pocos minutos aparecimos parados afuera del gran aeropuerto, el que me traía recuerdos del viejo continente... un aire impacto en mi rostro haciendo que me marease un poco, tambaleé pero unos brazos fuertes me sujetaron.
— Cuidado muñeca, no debes romperte – sonrió en mi oreja.
— Pero que caballero eres... ¿te conozco? – reí.
— No, pero... tengo el mismo vuelo que tú ahora mismo – sonrió como me gusta.
— ¿Cómo sabes que tengo un vuelo? – seguí riendo.
— Por algo estás aquí y no en la parada de bus ¿no?
Negué con mi cabeza riendo mientras entramos al lugar, una sensación de felicidad me dominaba, era genial comenzar una vida nueva.
“Vuelo número 35 con destino a Berlín... por favor aproximarse a la puerta de salida número 3. Muchas gracias...”
— Esa es nuestra señal – lo miré fijo a sus ojos.
— ¿Y qué estamos esperando?
Me rodeó la cintura con sus calidas manos, através de mis ropas pude sentir su calor, su nariz jugando con la mía y su sonrisa de media luna me hacía bien, un momento oportuno y necesario desde hace mucho tiempo; estaba preparada a todo lo que podía pasarme, me levanté de muchas caídas... de tantas que ya puedo sonreír cada vez que lo hago. Sus labios impactaron con los míos con un sabor sublime y delicioso, su lengua atrayendo a la mía a su boca me hacían sonreí, con su mano tomó mi mentón para poder detenernos.
— Vamos a perder el vuelo – suspiró en mis labios con sus ojos entreabiertos.
— Mierda... – reí en un susurro.
Caminamos por las baldosas frías y resplandecientes, tomada de su mano me sentía la mujer más afortunada del mundo, ver su cabello saltar a medida que daba un paso era maravilloso, sentir el roce de nuestras pieles en ese simple apretón de protección... era suculento, se giraba cada ciertos segundos para ver si aún lo miraba, sabía lo que estaba haciendo sin siquiera hacer ruido. Entramos luego de que una bella mujer nos saludase, tomamos asiento y me miró apoyado en su cómodo asiento.
— Que grandioso es viajar en primera clase – rió.
— Más aún con una compañía como la que tengo yo ¿no?
Rió y tomó mi mejilla con su palma, rozó mi rostro con su pulgar mientras nuestros labios daban pulsaciones entregándose placer mutuo. El avión despegó y acabó nuestro delicioso beso.
Pasaron las horas y llegamos a nuestro destino, un chofer nos recogió en el aeropuerto, con uno de esos carteles graciosos como los de las películas con mi nombre “LU SULLIVAN”. Brian rió al verlo, dijo que se sentía toda una estrella, subimos al lujoso auto que nos llevó a nuestro nuevo hogar...
— Dios... es maravillosa – dije boquiabierta entrando en la mansión.
— No puedo creerlo... ¿aquí viviremos? – reía sin poder creerlo.
— Así es, aquí están las llaves del auto y de su hogar – dijo antes de retirarse el sujeto con acento alemán.
Brian lanzó las maletas al enorme sofá que ahora nos pertenecía, nos maravillamos con lo sofisticado y lujoso del ambiente, un color blanco luminoso rodeado de cristales de adornos, una escalera metálica negra futurista y un ambiente realmente para una gran fotógrafa. La casa era acogedora además de tener un gran estilo, Brian me abrazó besándome con una pasión que hizo hervir mis sentidos.
— No puedo creer que nuestro hijo crecerá aquí mi vida – sonrió pegando mi cabeza a su pecho.
— Pues no solo nuestro hijo, nosotros viviremos aquí Brian... al fin lejos de todos los problemas, lejos de todos los líos amor... – sonreí mientras respiraba su perfume varonil.
Acarició mi nuca mientras yo atendí el teléfono que sonó de repente.
— ¿Hola?
— ¿Señorita Sullivan? Soy John el ejecutivo... ¿está todo en orden en su nueva casa? – rió.
— ¡Está increíble! No puedo creer que yo viva aquí, ustedes quieren matarme antes de mi primer día de trabajo – reí.
— Esperamos que se sienta a gusto señorita, le deseo una buena estancia en nuestro país. Le daremos dos días de ambientación y la llamaré para que veamos todo el asunto de la empresa, ¿le parece?
— Me parece – sonreí.
— Está bien, nos vemos – cortó.
Sonreí al colgar el teléfono. Los brazos de Brian me acogieron por atrás, sus húmedos labios besaron mi cansado cuello.
— ¿Crees que los chicos ya llegaron? – preguntó mientras me besaba.
— Creo que sí, ellos viajaron antes
— ¿Cuándo los veremos? – sonrió.
— No lo sé, tengo dos días para hacer lo que quiera – sonreí girándome.
Beso mis labios levemente y chocó nuestras frentes mientras acariciaba mis caderas.
— Me gustaría poder hacerte muchas cosas... pero hay un pequeño que no quiere – sonrió dulcemente.
— Dios... ¿quién dijo que será hombre? – reí.
— No lo sé, me gustaría que fuera una hermosa niña. Hermosa como su madre – me sonrió encogiendo sus ojos.
— A mi no me importa lo que sea, si es niña o niño me da igual... sólo quiero que nazca pronto – me apoyé en su pecho.
Acarició mis cabellos con una delicadeza que me vuelve loca, apoyó su mentón en mi cabeza haciéndome sentir segura. Estar con él, compartir su presencia era llenador... lo mejor que podía existir en este mundo era permaneces a su lado.
— Te amo Brian – susurré.
— Y yo a ti Lu Sullivan – suspiró en mi cabeza.
Sonreí.
— ¿Cuándo nos casaremos? – preguntó de la nada.
— ¿Qué...? – me asombré.
— Ya sabes, llevamos tiempo juntos, seremos padres... es tiempo de que nos casemos... – levantó sus cejas.
— ¿Me estás pidiendo matrimonio...? – lo miré sonriendo.
— Oh pues... que se yo.... ¿si? – rió inocentemente.
Sonreí emocionada, era la peor manera de pedirlo, pero aún así lo hizo... sus labios estirados me aclamaron caricias con los míos, sus mejillas sonrojadas me pedían que las apretara... una emoción sin sentido me llenó de vida.
Algo más que estar con el toda la vida, era que él me prefirió ante todo. Abandonó su equipo, maldijo al entrenador por no querer reubicarlo, pero prefirió venirse conmigo... que seguir con la pasión de su vida. Es un desempleado, pero aún así es mío. Lo amo con todas mis fuerzas, con cada centenar de mis moléculas corporales... las que entran en acción cada vez que nos besamos, cada vez que me toca, cada vez que me recuerda su bella sonrisa, cada vez que me dice que me ama.
— Esto no lo tenía planeado así... – miró a otro lugar.
— ¿Qué cosa? – reí nerviosa.
— Pedirte matrimonio... soy un idiota. Se suponía que debía ser romántico y como en las películas... pero ¡dios soy un idiota! – me miró apenado.
— No eres idiota, eres el mejor. No me importa la manera en que lo pidas, si no el simple hecho de que lo hayas pedido – sonreí.
— Entonces... ¿aceptas casarte conmigo? – susurró en mi nariz.
Sus bellos ojos me observaban atentos, sus lentos y nerviosos parpadeos me hacían sentir una chica linda; recordé todos aquellos momentos por los que hemos pasado... era imposible negarme.
— Tendría que pensarlo... – sonreí.
— ¡Anda Lu! – hizo puchero.
Reí.
— Claro que acepto Brian...
Mis ojos se cristalizaron, mi voz se volvió débil y frágil... un momento como este merecía ser grabado, pero no tenía una cámara, tampoco tenía a alguien que grabara, pero lo tenía a él, quien sonreía mientras lo besaba, que sonreía mientras se condenaba a vivir conmigo hasta que se nos cayera el cabello.
— Te amo tanto... te amo como nunca quise a nadie... – suspiró en nuestro sello de amor.
Sus labios chocaron con los míos, sus manos secaron mis mojadas mejillas, su cuerpo me aferraba al suyo demostrándome que esto de verdad estaba pasando. No quiero que esto acabe, quiero vivir en este sueño... toda mi vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario