domingo, 22 de mayo de 2011

Capitulo 52

• Narra Lu


Pasaban los días y mi entusiasmo estaba al máximo, con la idea de este nuevo empleo, de esta nueva vida me tenía como en un sueño permanente; en realidad no me importaba mas nada, todo era perfecto... aunque el sueño me dominase, todo era perfecto.

— Lu, debes dibujar las líneas con un enfoque más natural, o te guíes tanto por las rectas, es mejor dibujar a mano alzada... le da un toque libre – sonrió Heller.
— Está bien – sonreí.

Seguí dibujando aquellos árboles del parque central, era mi nuevo proyecto, el segundo en una semana... todo iba bien, me encantaba todo de este lugar, por muy mínimo que sea... era maravilloso. Heller me propuso enseñarme alemán, lo que encontré una idea maravillosa.

                — Lu, tienes que confiar en tus habilidades, deja que el lápiz te maneje a ti – sonrió.

Asentí con miedo, estaba muy ligada a las reglas de mi antigua empresa que adaptarme a todo esto me complicaba un poco. Se posó atrás de mi y con una de sus manos tomó mi mano, la rozó con cuidado... se me puso la piel de gallina mientras la movía con suavidad para lanzar unas líneas. Dibujó unos hermosos árboles frutales, igual a los del parque, soltó mi mano y sonreí mirándolo, eran perfectos.

                — Vaya, es asombroso – sonreí nerviosa.
                — Debes confiar en el poder del lápiz – rió.
                — Está bien, intentaré confiar un poco más en este pequeño – reí.

Rió y llevó unas carpetas a unas oficinas, yo ya comprendía un poco más de este nuevo idioma escuché como comentaban cosas sobre mi desempeño, me sentía bien al oír piropos por parte de los chicos.
Llegó la hora del almuerzo y caminé a los comedores que la empresa tenía, era un lugar completo... me encantaba.

                — Veamos que hay hoy en el menú – reí tomando una bandeja.

Caminé por la cinta para tomar algunos platos y postres, algo liviano para no machacar a mi pequeño.

                — Puede sacar dos postres de leche – sonrió la cocinera.
                — ¿Si? – sonreí.
                — Debe alimentar bien al crío – sonrió.

No sé como, pero se dio cuenta que estaba embarazada, es decir... no tengo mucha panza y pasa casi desapercibida, me gustó el comentario aunque fue extraño.

                — Gracias – sonreí dulcemente.
                — ¿Eres nueva no?
                Si, llegué hace unos días
                — Pues bienvenida muchacha, ten cuidado con los jefes –susurró.
                — ¿por qué? – me extrañé.
                — Algunos son... medios exigentes con otras cosas – levantó sus cejas insinuando algo.
                — ¿De verdad? – abrí mis ojos asombrada.
— Si, mi hija trabajó aquí... por suerte la promovieron a Bélgica... Tenía tanto miedo que saliera embarazada de aquí, tome precauciones, no les molestará si está esperando a un pequeño, no tienen piedad  – suspiró.
— Vaya, tendré cuidado... gracias – sonreí como pude.

Hizo una seña con su mano para que fuera a comer y sonrió, me senté en una mesa sola ya que no tenía mayores lazos con las personas del lugar. Pensé detalladamente todo lo que dijo esa gorda mujer, no tenía sentido... era una compañía con prestigio y con gente asombrosa ¿por qué arruinar eso con ese tipo de incidentes? Comí pensando en ello, cuando se sentó junto a mi Heller.

                — Tu modelo es bien atractiva – sonrió comiendo su postre.
                — ¿La conociste? – sonreí orgullosa.
                — Claro, está bien buena... –rió.
                — Pero aquí dicen que es mala modelo, ustedes no saben lo que dicen – comí.
— Es que exigen mucho, ya que todas las modelos son de agencias pagadas, no necesariamente modelos para fotografías, mayoritariamente vienen de Francia, Italia, Marruecos, ya sabes... modelos de televisión o esas caras. La tuya es pequeña, no es tan delgada como ellas... y no tiene mayor representativo que su cabello anaranjado – bufó. — Pero es bien linda...
— ¡Oye! No me la ofendas eh! Ella es bien talentosa para que sepas, es la  mejor de allá de         donde vengo, y no es esquelética como las de acá, ella está bien – lo miré disgustada riendo.

Acabé uno de mis postres mientras él rubio me miraba, no quería devolver sus miradas porque comenzaba a sentir cosas extrañas con su presencia, y eso no me estaba gustando mucho.

                — Eres una buena alumna – sonrió.
                — Gracias – dije seria.
                — Y proteges bien a tu chica...
— Claro que si, es mi mejor amiga y no voy a dejar que alguien como tu que no la conoce, hable mal de ella.

Lo miré disgustada.

— Solo digo por lo que he visto, no la mirado atentamente, tampoco he estado en sus tomas de fotos... solo quiero que le digas una cosa. – me miró sereno.
                — ¿Qué cosa? – me extrañé.

Dejó de comer y habló en tono bajo.

— En los proyectos solemos servir a cualquier pedido, muchas veces piden a modelos desnudas para pedidos de revistas o diarios para adultos... y a los fotógrafos no les gusta para nada que las modelos se opongan porque eso les llega a costar el puesto de trabajo, así que si... a tu modelo le piden que participe en un proyecto como ese no debe negarse, si quiere permanecer con su empleo – me miró preocupado.

Me asombré, parecía que en verdad le importase la chica, también me extrañé por lo que me dijo... lo que me dijo la señora de la cocina ahora tenía un cierto sentido. Las cosas estaban teniendo un orden.

                — ¿Por qué me dices esto?  - lo miré extrañada.
— Al parecer cuidas mucho a la chica, y esto te será útil si quieres que permanezca aquí ¿por qué crees que tenemos muy pocas modelos? Porque muchas han dicho que deben consultarlo con sus padres o sus novios, los que claramente están en contra de esas fotografías, y eso disgusta a los ejecutivos ya que no pueden completar el proyecto que les traerá el dinero para mantener en pie este edificio... terminan despidiéndolas – levantó sus cejas.

Apoyé mi espalda en el respaldo de la silla procesando todo lo que el sujeto me estaba relatando, no creía mucho en todo lo que podía pasar pero nunca está demás tomar medidas para prevenir.

                — Gracias, hablaré con ella – dije poniéndome de pie.

Acabé mi almuerzo y dejé mi bandeja en donde estaban las otras. Saqué mi teléfono y llamé a Nixie para saber donde estaba, no me contestó y eso me preocupó un poco.

— Solo estás pensando demás... nada malo está ocurriendo – dije tocándome la cabeza frente a las escaleras.

Caminé nuevamente a donde estaba elaborando mi trabajo y aún nadie volvía de su hora de comer, me senté en una silla a mirar las cosas sobre la mesa de trabajo, tantas cosas... tantas cámaras y lápices con notas y apuntes...

                — Algo tan bueno... tenía que costar caro... – susurré pensando en voz alta.

Crucé mis piernas escuchando los pasos de alguien aproximándose, no le tomé mayor atención... en verdad no me interesaba; el silencio presente me hacia imaginar muchas cosas que tal vez no eran necesarias.

                — Vamos... esto no es cierto

Imaginar a uno de los tantos ejecutivos llamándome a su oficina para hablar de “asuntos del trabajo” como excusa, no me gustaba. Me marché de California dejando atrás a un pervertido que se hacía llamar mi novio, para llegar aquí y encontrarme con una mesa llena de ellos...

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