• Narra Lu.
Como en aquellas maravillosas historias, las cosas salían
bien después de mucho tiempo. Las tempestades fueron desapareciendo poco a
poco, el crecimiento de mis pequeños me mantenían muy feliz… el desempeño que
ellos tenían en la escuela era muy prometedor, eran los mejores de sus clases.
Brian triunfaba en todo el mundo, era uno de los mejores jugadores de futbol,
él no podía compararse con nadie sobre la faz de la tierra.
Por otro lado también estaba mi nueva empresa. Estaba
teniendo tanto éxito que requería de socios para que me ayudasen con todo el
papeleo que debo combatir a diario de miles de personas pidiendo trabajos por
parte de mi equipo, por diseños exclusivos; mis fotografías eran una marca
exclusiva que me mantenía alegre bajo cualquier punto. Ser la dueña de la
compañía me hacía sentir realmente bien, seguía teniendo contacto con Patricia,
mi jefa en la compañía anterior a la que pertenecía, seguíamos siendo amigas,
ella de vez en cuando me recomendaba lo que tenía que hacer según la
circunstancia en la que debiese presentar; ella es una sabia mujer en este
rubro y su ayuda siempre viene bien.
Actualmente estamos de gira junto a la banda de Nixie,
bordeando las costas limítrofes de los Estados Unidos y México, cerca de baja
California y San Diego. Es una linda zona, que te maravilla con los paisajes y
sobre todo con la buena gente que por aquí vive.
La manera en que nos tratan es agradable, más aún al notar
la exclusiva presencia de mi mejor amiga; su banda ha causado gran revuelo por
todas partes, da conciertos como una loca y firma autógrafos como una
desquiciada, pero me gusta verla así, se siente bien estar con ella en esas
conferencia de prensa, compartir su presencia sobre el escenario y más aún
cuando comparte su familia con la mía, todos nuestros pequeños y nuestros
maridos juntos revolucionan el lugar… y eso es maravilloso.
—
¿Bien? – me miró John.
—
No estoy muy convencida con el
asunto – levanté las cejas – Creo que el presupuesto da para mucho más querido,
si no tienes nada mejor que presentarme debemos dejar esto hasta aquí.
—
No… no puedes rechazar esto – dijo
atónito – Es uno de nuestros mejores trabajos.
—
Pero no me gusta.
—
¿Y que puedo hacer para mejorarlo?
– suplicó.
—
Pues hazlo de nuevo.
—
¡¿Estás loca?!
—
Tengo cientos de personas
trabajando en el lugar, pide ayuda, no me molestará que alguien te ayude con
esto John, no te compliques – sonreí.
Apretó su mandíbula como guardándose algo que quería
gritarme, pero calló, asintió resignado y se marchó por la misma puerta por la
que entró. Mi oficina en California no eran tan lujosa como la que tenía en New
York, de echo es allá donde está mi base de trabajo, pero con el crecimiento
excesivo de mis acciones pude darme el lujo de plantar compañías a lo largo del
país… pudiendo así trabajar donde se me plazca la maldita gana, ya saben como
es mi vida.
Luego de aquella interrupción, pedí a mi secretaria que
trajera un café para beber, comenzaba a hacerse presente el frío de invierno
que se estaba acercando ya al hoy. Muy amablemente lo trajo y me avisó de la
presencia de una chica que quería verme, le dije que la hiciera pasar en cinco
minutos, a lo que ella obedeció.
—
Hola nenaza – rió al entrar con su
nuevo corte.
—
No puedo creerlo – dije asombrada.
—
¿No te gusta? Si es así puedo
raparme al nivel de cero.
—
No digas tonterías, te ves
hermosamente ruda – sonreí poniéndome de pie.
Ella rió y correspondió. Era Nixie quien venía de la
peluquería con su nuevo corte de cabello, se veía realmente diferente pero muy
linda, con parte de su cabeza en el lado derecho rapado, dejándolo muy corto y
el resto de su cabello seguía tan largo como siempre, peinaba su flequillo al
estilo de los ochenta sobre su ojo izquierdo, me parecía que lucía muy bella,
además con ese maquillaje que siempre usa resalta ese aire de chica interesante
que siempre la ha destacado.
Le ofrecí un café al cuál ella no se opuso y comenzó a
charlarme sobre una fiesta sorpresa que quería realizar para el cumpleaños de
Corey, era en una semana y lo tenía muy abandonado con este asunto de su gira
nacional, entonces acudió a mí para ideas, a las cuales no pude aportar mucho
ya que mi imaginación queda exclusivamente para Brian y él no estaba presente
como para inspirarme aunque sea un poquito.
—
De todos modos ya se nos ocurrirá
algo – le sonreí.
—
Espero que esas ideas no lleguen
muy tarde, solo quedan cinco días.
—
No te preocupes, sabes como
funciona mi cabeza, Nixie, solo es cosa de tiempo…
—
¿Estarás ocupada dentro de media
hora? – miró su reloj.
—
Creo que no ¿por qué?
—
Debo ir a una tienda para
comprarme una chaqueta, vengo por ti para ir al bar un instante ¿te parece? –
sonrió.
—
Claro, mientras Brian y Corey no
comiencen a llamar porque los niños están aburridos y quieren ver a sus mamis…
– reí.
—
Seguro – rió.
Besó mi mejilla al ponerse de pie y partió fuera de mi
oficina, yo volví a revisar unas carpetas pequeñas y luego partí para la sesión
de fotos que estaba agendada para hoy, me hice presente y todos me miraron con respeto…
me encantaba tanto ser la jefa de este lugar, me hacían sentir realmente
superior. Vi a mis modelos moverse para las fotos, sus sonrisas tan especiales
y radiantes me hacían adorar los viejos recuerdos de cuando yo era una más de
las que tomaba las fotografías… Aplaudí tras cada pose de todos los que estaban
presentes, su trabajo me mantenían viva.
Entonces acabado ello, salí del edificio y partí al bar en
el que me reuniría con mi amiga para beber un poco y reírnos de todo lo que ha
pasado. Entré en el bar y la divisé a una cierta distancia en una mesa, me
acerqué a ella y sonrió al verme allí; conversamos un poco de lo que haríamos,
reímos también con las cosas que ambas vivimos en ciertas ocasiones como fue
cuando Jhonny dijo su primera palabra, dijo mi nombre antes de decir mamá o
papá, eso a Nixie le causaba mucha risa… hoy en día los pequeños estaban tan grandes que no puedo creer que el
tiempo haya pasado tan rápido.
—
Supe que Jacoby se casó – dijo
Nixie antes de beber su trago.
—
¿En serio? – me asombré.
—
Sí, Corey lo vio hace unos días
con una argolla en el dedo, y tomado de la mano con una rusa, creo, o tal vez
era sueca… quien sabe – rió.
—
¿Acaso ya no se hablan con Corey?
—
No, desde que estamos juntos le
prohibí que volviera a tener contacto con ese sujeto, sabes que aún seguían en
pie sus planes para separarte de Brian.
—
Lo recuerdo…
—
Entonces lo hice elegir, entre él
y yo… y está clara su decisión ¿no? – rió.
—
Más que claro – reí – Pero eso es
bueno, ¿sabes? Me alegro que haya podido rehacer su vida lejos de nosotros, con
nuevas metas en la cabeza y todo eso…
—
Si, debes imaginar como debió
haber sufrido aquel hombre con todo lo que pasó – levantó sus cejas otra vez.
—
Pero no hablemos de ello, que aún
tengo malos recuerdos nena, aún no puedo creer por todo lo que tuvimos que
vivir para conseguir paz luego de casi 10 años más tarde…
—
El tiempo no pasa en vano Lu, ya
nos hacemos viejas, así que mejor bebe antes de que ya no puedas hacerlo más –
rió.
—
No estoy tan vieja – reí.
—
Si lo estás…
Reímos casi toda la tarde allí conversando sobre los planes
que teníamos para futuro, más aún para esta noche, en la cual ella tenía que
dar uno de sus tantos conciertos, al que por cierto llegó un poco tarde porque
se nos pasó la hora bebiendo y conversando.
Recuerdo haber volado por la carretera a toda velocidad
atravesando casi toda la ciudad para llegar al recinto en donde debía
presentarse frente a casi 10.000 personas vueltas locas por su música. Corey y
Brian estaban allí con nuestros hijos, esperando que apareciéramos como
siempre: como si nada hubiera pasado.
Ella subió al escenario gritando como una desquiciada, pero
ya estaba tan acostumbrada a eso que en verdad solo me hacía gracia, mientras
nosotros permanecíamos junto al escenario con los chicos, disfrutamos de todo
el gran espectáculo que ella entregaba a miles de fans. Bajó del escenario
luego de casi dos horas y medias desgastando su voz allí arriba. La recibimos
con abrazos y gritos, felicitándola por aquel gran show que acababa de
regalarnos una vez más.
Al acabar todo el concierto fuimos a comer las dos familias
a un lugar que solíamos frecuentar cada vez que veníamos a la costa de este
lado del país, los pequeños comían pizza como unos loquillos, ensuciándose como
la primera vez, lo que nos hacía sonreír a todos los presentes trayéndonos
recuerdos y lindas memorias que quedarán impregnadas en nuestras mentes en el
hoy y para siempre.
Aquella noche acabó de la mejor forma, cada uno en su casa
disfrutando el uno del otro, mi marido me entregó su amor tan solo como él sabe
hacerlo mientras nuestros hijos dormían plácidamente en su cama soñando con
algún día ser músicos famosos como su madrina, claro que también querían ser
deportistas famosos como su sensual padre que cada vez se volvía más importante
para el mundo.
Los días avanzaron notablemente, acabando con la gira de
Nixie y con mi vuelta a la ciudad que nunca duerme, aquella en que las personas
nunca descansan pero que sin embargo se mantienen con energía las 24 horas del
día. Había aparecido en mi oficina aquel calvo que alguna vez trabajó con
Richard allá en Alemania, Phil Anselmo, trayéndome unas fotos para que se las
firmara, también traía agradables ideas para unas campañas futuras sobre la
navidad que se aproximaba y todas esas cosas. Lo recibí, más que mal él adoraba
mi trabajo y era por esos gestos que yo seguía haciendo lo que tanto me gusta.
Cuando se marchó le pedí a mi secretaria que llevase la
carpeta que me dio y se las entregara a los fotógrafos que correspondían para
el trabajo, yo ya no hacía esas cosas, era la dueña, la que se encargaba de
decirle a todo el mundo lo que debía hacer, ya no debía mover siquiera un dedo
para lograr lo que quería… era la reina
del mundo.
Esa noche, al acabar mi turno, tomé un taxi para ir a la
gran casa de la familia Taylor, se realizaría un cumpleaños familiar para
Corey, con amigos y conocidos, pero también con niños así que no habría tanto
escándalo como al que estábamos acostumbradas con Nixie, pero de todas formas
lo pasamos genial. Brian y Corey parecían dos pequeños niños, llorando al
abrazar a sus hijos e hijas, gritando frente a todos que eran sus mayores
tesoros, y por si se lo preguntan, sí, estaban más que borrachos. Yo creía que
con Nixie acabaríamos ebrias y bailando sobre alguna mesa o sofá, pero me
equivoqué, fueron nuestros maridos quienes dieron el show que hizo reír a todos
los presentes.
De una u otra forma ese cumpleaños de Taylor, nos hizo
recordar que de almas seguíamos siendo unos desordenados y ambiciosos de
juerga. La gente comenzó a irse a eso de las seis de la mañana, los niños se
habían ido a dormir a eso de las tres, no tengo la menor idea de cómo pudieron
dormir con tanto ruido, las risas eran explosivas y a veces exageradas, tal vez
los pequeños estaban muy cansados o porque la habitación de Nixie es aprueba de
ruidos… No lo sé.
—
¿Qué le regalarás a Brian? – me
preguntó Corey.
—
No lo sé, pensaba en una camiseta,
pero ya no sé ¿Tú que le regalarás a Nixie?
—
Un traje de enfermera para que me
baile en la noche – rió.
—
Eres un pervertido, los niños
verán eso y sabrán para que es – reí.
—
Si, tienes razón, debo pensar en
otra cosa… ¿Me ayudas? – sonrió.
—
Claro, mientras no me pidas que me
pruebe nada…
—
Demonios – rió.
Entramos a una gran tienda y compramos ropa para nuestras
parejas, también para nuestros hijos. Pasaríamos la navidad juntos, como una
gran familia, ambos matrimonios y todos nuestros niños, gozando de una cena
familiar que jamás olvidaríamos… lo hacíamos todos los años, así que ya
sabíamos a lo que teníamos que enfrentarnos; como lo eran las historias de
Brian cuando era un adolescente y robaba cartas de beisbolistas en la tienda de
su tío, o cuando Corey decía que nadie podía bailar mejor que él entonces mi
marido se ponía de pie y hacían una estúpida competencia de baile extraño, o
cuando Nixie contaba sus historias de cuando quería beber y pedía dinero en la
calle… pero yo tampoco quedo fuera… Pero no contaré nada de mis cosas, porque
son realmente vergonzosas.
Cuando llegó la nochebuena estábamos todos en casa de Nixie,
comiendo el pavo entre todos, hablando de ciertas cosas que hasta los niños
reían, algunas eran incoherentes, otras tenían sentido pero eran humillantes…
pero el ambiente era agradable y sin duda acogedor. Cuando ya era media noche
hicimos el brindis de navidad, dándonos un abrazo y dándole a los niños
galletas con leche, burlándonos también porque Brian derramó vino sobre su
camiseta y Corey había tenido que prestarle una, pero para hacer de la ocasión
algo más especial, la camiseta de Corey tenía unas letras que señalaba: Me gustan los ponis.
—
Pero que bien te queda esa remera
– reía Nixie.
—
Soy un súper hombre – jugaba
Brian.
—
Sí… un súper hombre – ironizó el
rubio.
—
No le hagas caso mi amor, te ves
sexy de todas formas – besé a Brian.
—
No mientas Lu, si ya está
consciente de que no es así – rieron los chicos.
—
¡Basta! Él es muy sexy, incluso si
llegase a usar solo un taparrabos – sonreí.
—
Me gusta la idea – me tomó de la
cintura – Podríamos dejar a Nixie y Corey con nuestros hijos mientras vamos al
cuarto de arriba ¿no te parece?
—
Me encanta la idea….
—
¡Oigan! ¿Quiénes demonios se
creen? – rió Nixie a toda voz – Hoy no somos niñera de nadie, además es navidad
y debemos disfrutar del momento… JUNTOS – me interrumpió.
—
Dejen de pelear mujeres – dijo
Corey – mejor brindemos por esta bella noche…
—
¡Sí! – gritó Brian.
—
Traeré el vino – sonrió mi amiga –
Y jugo para los pequeños.
Entonces fue por ello a la cocina, riendo de los
comentarios extraños que hacían este par de hombres, eran peor que los mismos
niños que reían del mismo modo que ellos. Mis hijos estaban muy felices al
compartir con lo que era nuestra gran familia, disfrutando del más mínimo
detalle… gozando de las tonterías que decía su padre, de los bailes de su madre
y de las cosas que hablábamos todos.
Cuando ya era media noche el teléfono sonó, era mi madre
quien llamaba para desearnos una muy feliz navidad a todos, incluyendo a Nixie
y su familia, ella sabía que Bauer no tenía familia y que ella era como su
madre sustituta… Luego llamaron los integrantes de mi grupo de trabajo,
deseando mucha alegría en esta noche, también llamaron los amigos de la banda
de Nixie y los compañeros de equipo de Brian. Ahora que lo pienso no sé como
diablos obtuvieron el teléfono de esta casa… de seguro Brian tiene que ver con
eso…
—
Creo que ahora los niños deben
irse a dormir porque santa está por llegar… y no le gusta que los niños no
estén dormidos – me guiñó un ojo Nixie.
—
Si, es verdad, a santa no le
gustan los niños desobedientes – agregó Brian.
—
Está bien, nos iremos a dormir –
rió Osmar.
—
¡¡Esperen!! Hay algo que debo
hacer antes de que se vayan – grité poniéndome de pie.
No paramos de reír durante toda la noche, cuando ya se
hacía tarde y los niños debían irse a dormir para al otro día abrir los regalos
que santa les traería, saqué mi cámara e hice que todos se juntaran junto al
gran árbol que había en la sala, preparé la cámara en modo automático y corrí
al gran grupo familia que yacía frente y cuando el flash apareció, capturó una
imagen que sería recordada hasta el fines de mis días. Con mi marido, con mi
mejor amiga y su esposo, mis hijos y sus primos del alma, haciéndome recordar
por todo lo malo que tuve que vivir hace ya mucho tiempo, pero no me di por
vencida… y pude llegar más lejos de lo que los demás creían.
No importa lo que los demás digan, o lo que hagan contra
mí… o mucho menos si ellos quieren que haga lo que ellos quieren, con los años
me di cuenta, de que soy yo la dueña
de mi vida, y que toda pesadilla llega a su fin.