Narra Lu
Era una gran noticia, es decir... ya teníamos todo listo, sólo me faltaba arreglar el asunto con Brian. Dejé a los chicos y partí al hospital para acompañar a mi amado, tan solo faltaban horas para que volviéramos a estar junto. Llegué al hospital y caminé por los blancos y fríos pasillos, busqué su habitación y ahí lo vi tomando su medicina.
— Pero que belleza están viendo mis ojos – sonrió sentándose en la camilla.
— Hay no es para tanto...
Me senté junto a él y lo besé con una pasión instantánea.
— ¿Cómo estás mi vida? – acaricié su mano sonriendo.
— Contigo aquí mucho mejor – besó mi mano dulcemente.
— Mañana te dan el alta
— Lo sé, ya quiero que sea mañana para volver a casa junto a ti mi amor – me miró sonriente.
— Han pasado bastantes cosas ¿sabes? Y hay tres grandes noticias que debo darte – sonreí.
— ¿si? ¡Diablos! Ya quiero saber que es, anda... adelántame algo – me miró como un niño pequeño.
— No, nada de eso, mañana cuando vuelvas a casa lo sabrás – reí.
— Que mala eres, mira si e gusta verme sufrir
Reí y me dormí en un sofá que había para las visitas, nos deseamos las buenas noches con un gran beso y nos dormimos agotados... al menos yo sí, no sé él. Amaneció y el brillo del sol que impactó en mi rostro me daba la señal para irme a trabajar, besé la frente de Brian y me marché.
— Hoy será un gran día – me repetía feliz una y otra vez.
Rápidamente llegué a mi oficina, bajé del ascensor y encontré a Mónica hablando con uno de los ejecutivos europeos, discretamente quise caminar a mi oficina, pero el tipo se giró y me saludo muy caballerosamente.
— Buenos días señorita Sullivan – besó mi mano con delicadeza.
— Buenos días señor... que no recuerdo su nombre – contesté riendo.
— ¿Podemos pasar a su oficina para conversar sobre un asunto?
— Claro, no hay problema – sonreí levemente.
Entramos en mi sofisticada oficina, la que pronto abandonaría; dejé mis cosas en el colgador y tomé asiento, frente a mi se sentó aquel ejecutivo.
— Quiero saber si ya tomó la decisión...
— Ustedes me dieron un plazo de dos días, tan solo ha pasado uno – reí.
— Es que la curiosidad nos mata señorita Sullivan, además vengo a darle un incentivo para que acepte... – levantó sus cejas.
— ¿Ah si? ¿De qué estaríamos hablando? – me interesé por el tema.
— Pues la compañía está ofreciéndole una gran casa que estará a su nombre para que no se complique con buscar una nueva; además tiene la comodidad de estar cerca de la empresa y las facilidades del centro de cada ciudad... aquí hay una lista de las cuatro principales casas cercanas a algunas de nuestras compañías – sonriente me dio el folleto.
Lo recibí feliz y lo miré ilusionada.
— ¡Vaya! Berlín, París, Roma y Londres... que tentación más grande – reí.
— La idea es que acepte, le damos a elegir una de estas cuatro para que viva a gusto
— Bueno... pero se lo confirmaré mañana por la mañana querido ejecutivo – sonreí para dejarlo con la duda.
— Estaré esperando ansioso su respuesta señorita Sullivan – rió levantándose.
— Que le vaya bien
— Igualmente, nos estaremos viendo pronto – besó mi mano y se fue.
El tipo era agradable, me seguía sintiendo poderosa al ver que querían convencerme; giré en mi cómoda silla y luego arreglé los que serían mis últimos proyectos en este edificio. Caminé al estudio y saludé a mis chicas, noté que faltaba Nixie...
— Nicole... ¿has visto a Nixie?
— No Lu, pensé que llegaría contigo... – me miró confusa.
— Está bien... ¡Tomen posiciones niñas! – grité aplaudiendo.
Me preocupó bastante la ausencia de mi pequeña, suele ser muy responsable en lo que respecta al trabajo... Estuve trabajando con las chicas unas tres horas en diferentes anuncios, volví agotada a mi oficina y recibí una llamada.
— ¿Señorita Lu Sullivan? – decía una enfermera.
— Si, soy yo
— Queremos saber si vendrá a buscar al señor Haner o lo hará otra persona
— No, yo voy... voy camino para allá – sonreí.
— Está bien, la esperamos. Adiós – cortó.
Guardé mi celular y salí de mi oficina para ir en busca de Brian; abordé el auto y partí a gran velocidad con Pantera en la radio. En cosa de unos pocos minutos llegué y él estaba en la puerta automática, bajé y lo abracé.
— Me encanta verte fuera de este lugar – lo besé sonriendo.
— No sabes cuanto me gustan tus besos – lamió mis labios.
Subimos al auto y lo llevé a nuestra casa, le preparé un té y me marché de vuelta a la oficina; ya estaba más tranquila al tenerlo en casa. Ya era tarde, era la hora del almuerzo pero no tenía hambre así que me senté en la gran silla de mi prisión cristalina, revisé el papel que dio el ejecutivo y de verdad la oferta era muy tentadora, sonreí sin poder evitarlo. En eso veo a Nixie parada afuera, le hice un seña para que entrara, la abracé y esta se largó a llorar.
— Soy una mala persona Lu... – gritaba desconsolada.
— ¿Qué fue lo que te pasó cariño? – acaricié su nuca preocupada.
— ¡Soy un monstruo Lu! – gemía de dolor.
La senté en la silla y me arrodillé frente a ella, le di unos pañuelos y esperé a que se tranquilizara.
— Ahora cuéntame lo que pasa Nixie...
— No se lo digas a Richard... por favor – me suplicó afligida.
— Está bien... – asentí.
— Corey... me violó... – rompió en llantos otra vez.
Abrí grandes mis ojos, no podía creer lo que había oído...
— ¿Qué? ¿Cómo pasó? – susurré asombrada.
Calmó su llanto y siguió contándome.
— Hoy pasé a buscar unos documentos a un negocio en donde antes trabaja Corey... y me sorprendió, salió de la nada y me llevó atrás a unas oficinas abandonadas... – lloriqueó — y me giró apoyándome en el escritorio, bajó mis pantalones y ya sabes... me ultrajó por delante y por detrás apretándome con fuerza... – se cubrió la cara apenada.
— Dios santo... – la abracé aún choqueada.
— Lo peor de todo... es que me gustó... – susurró mirando melancólica el suelo de mi oficina. – No le cuentes a Richard... por favor Lu – tomó una de mis manos.
— Tranquila, no le diré nada... – volví a abrazarla. — Ahora con mayor razón debemos irnos de aquí...
Asintió apenada, se quedó conmigo toda la tarde y cuando fue hora de irse no sabía que hacer.
— Te llevaré con Richard
— Está bien... – susurró decaída.
Subimos al auto y el silencio en el interior era sofocante, bajamos afuera del bar y volví a abrazarla con una fuerza protectora.
— Intenta olvidar lo que pasó, no se lo comentes a Richard o es capaz de matar a ese sujeto...
— Debo contárselo... no puedo mentirle, no lo soportaré...
— Pero no ahora cariño... – besé su frente. — Cuídate
Volví a mi auto luego de verla entrar, partí a mi casa con una sensación extraña en el pecho; estacioné el auto y entré envolviéndome en un exquisito olor a pizza.
— Hola mi amor – sonreía desde la cocina.
Reí al verlo con su delantal y guantes de cocina rosas, era un imagen muy graciosa para un futbolista tan rudo como él; nos sentamos a la mesa a comer su rica comida.
— Perdona, pero se quemó la masa un poco – sonrió con la boca llena.
— Está deliciosa – lo miré riendo.
Compartimos una cena deliciosa, con sus bellos ojos mirándome y su preciosa lengua tentándome.
— Ahora cuéntame lo que tanto tenías que decirme – dijo riendo.
— Vaya que eres curioso ¿sabías que la curiosidad mató al gato? – reí.
— Pero yo no soy un gato, anda dime – rió.
— Bueno ya que insistes... a Nixie le ofrecieron grabar allá en Alemania
— ¡Wo! Eso es fantástico – sonrió feliz.
— Además ayer llegaron unos ejecutivos para pedirme que trabaje con ellos allá en Europa – sonreí.
— Vaya... – dijo un poco desanimado.
— Y la otra noticia, la más importante es que... – sonreí feliz.
— ¿Qué? – preguntó curioso.
— Seremos padres Brian... – encogí mis ojos sonriendo.
La sonrisa en su rostro no quiso esperar, la noticia le encantó; se levantó exclusivamente para besarme y decirme como se sentía, lloró en mis labios emocionado.
— Seré padre... ¡Lu tendremos un hijo! – tomó mi rostro entre sus manos mientras lloraba.
Su felicidad se volvía también la mía.
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