domingo, 29 de mayo de 2011

Capitulo 54

• Narra Lu.


                — Digamos que te creo... – lo miré riendo.
                — Anda, de verdad... eres jefa de área... – dijo serio.
                — ¿Pero Cómo? Llevo apenas unos meses aquí ¿y ya soy jefa? – reí sin creerlo.

Me entregó unos papeles donde sí, afirmaban mi ascenso.  Mi nombre con letras en negrita me hacían sentir importante, nunca en mi vida había sentido tanto orgullo.

                — Ahora tu hijo será digno de reyes – rió Heller.
                — Oye, mi hijo es digno de reyes incluso sin este cochino ascenso – reí.

Rió y fuimos a comer, el sujeto ya había echo un lazo conmigo, me había dado precauciones con ese asunto de los jefes... de lo peligrosos que eran, me ayudó con los asuntos de mi trabajo y mi nuevo empleo dentro de la misma empresa. Mis días mejoraban y he tenido una gran suerte de que los malditos ejecutivos no me han llamado a sus oficinas por ciertos asuntos de los cuales eran solo excusas para tener sexo. Se había transformado en un aliado, si es que así puede llamarse... era un gran chico que se gano mi cariño poco a poco.

                — ¿Qué harás hoy en la noche? – preguntó gentil.
                — Pues nada, tenia preparado ver una película en casa con mis amigos – sonreí.
                — Oh... ¿puedo ir? – sonrió.
                — Claro, si no te molesta que estén nuestros novios

Guardó silencio y pensó un poco mientras comíamos a gusto.

                — Recordé que debo ir a ver a mi hermana... olvida lo que te dije – rió.
                — ¿Seguro?
                — Claro, no te hagas problema... solo lo había olvidado – volvió a reír.

Seguimos comiendo hasta acabar, los dolores en mi panza se hacían más seguidos y me estaban incomodando, el crío estaba muy acelerado y eso me estaba preocupado mucho. Volví a mis deberes, supervisé todos los trabajos pendientes que ahora se estaban ejecutando, anoté todo rápido como les gusta a los jefes.
Pasó la tarde, agitada pero pasó; llegó la hora de irme con mi amado a casa, pasó junto con Richard... Los esperé afuera sonriente, se suponía que también debería aparecer Nixie, pero no llegaba y eso estaba entrando a preocuparme un poco...

                — ¿Dónde esta la pequeña? – reía Brian.
                — No lo sé, debería haber estado aquí antes que yo... – me extrañé.
                — ¿No habrá salido antes y se fue con otro? – rió nuevamente Brian.
                — No digas estupideces Haner – Richard lo golpeó en el brazo.

Reímos mientras la esperamos un rato, llamé a su móvil pero lo tenía apagado. Después de una media hora parados allí esperando a la chica, decidió aparecer... arreglándose y sonrojada.

                — ¿Por qué demoras tanto? – la miré riendo.
                — Lo siento... – dijo paralizándose.
                — Te estamos esperando hace una hora – bufó Brian.
                — No seas exagerado, son solo unos minutos – volvió a golpearlo Richard.

Se acercó a nosotros nerviosa y tras ella apareció el nuevo fotógrafo, quien también estaba arreglándose mientras caminaba, pasó junto a nosotros y nos saludó.

                — Que tengan una linda noche... – susurró mirándonos complacido.
                — ¿Y quién es ese tipo? – rió en un susurro Brian.
                — Es un fotógrafo en esta empresa – le dije confundida.

Sin mucho más que decir subimos al auto y partimos a casa con bromas dentro del auto, como solemos hacerlo todos los días. Pasamos al mercado a comprar palomitas para la película, los chicos bajaron y yo con Nixie nos quedamos adentro.

                — ¿Por qué tardaste en salir...? – levante una ceja.
— No, por nada... estaba arreglando unas fotografías que el señor Dero me pidió...- dijo nerviosa.
                — ¿Dero? Pero si ese es su trabajo...
                — Pero yo quise ayudarlo... – rió nerviosa.

En ese momento llegaron los chicos mientras yo olía a algo raro en todo esto, no le tomé mayor importancia, quería disfrutar de una gran noche con los chicos, y no podía preocuparme. Llegamos a nuestra gran casa, los alborotos que tenían Richard y Brian eran graciosos, era la primera etapa de una gran noche, pusieron el DVD con la película que veríamos, Richard apagó las luces, Brian me acurrucó a su pecho en el sofá y Richard hizo lo mismo con Nixie pero en la alfombra bajo nuestros pies. Era una película de miedo, cosa que me encanta.
Los gritos de Richard me hacían reír más de lo normal, gritaba más que Nixie... era muy chistoso.

                — Cállate Richard, gritas más que una nenita – reí.
                — Yo no estoy gritando, estoy practicando mis gritos gregorianos... – rió.
                — Pues eres un mal gregoriano – rió Brian.
                — Cállense los cuatro, que la película esta muy buena – dijo enojada Nixie.

Reímos y Brian comenzó a lanzarle palomitas en la cabeza a Richard y a Nixie, yo reí diciéndole que no lo hiciera, pero seguía haciéndolo, el alemán apretaba el tobillo de Haner para que se detuviera, sin embargo, este no paraba de hacerlo.
Acabamos de ver la película y comencé a tener síntomas de parto... pero era muy pronto.

                — Dios, este pequeño tiene ganas de salir – dije retorciéndome.
                — Vamos al hospital... – dijo Brian preocupado.
                — ¿Pero no te quedaban unas semanas? – dijo Nixie.
                — Sí, quizá solo sea una falsa alarma...  – dije.
                — No me importa, te llevaré al hospital de todos modos – dijo Brian.

Me obligaron a subir al auto y partimos los cuatro a las tres de la mañana al hospital más cercano, no quería ir... era como en las películas, solo una falsa alarma... o tal vez no.

                — Déjenla entrar sola, cuando haya noticias se las haremos saber – les dijo una enfermera.

Me llevaron adentro cegándome con las brillantes luces blancas de una fría habitación. Los dolores en mi vientre eran fuertes y poderosos, tanto que me hacían recordar cosas malas...
Pasaron unos minutos para que el doctor apareciera frente a mi con su veredicto y esa fea tablilla que suelen llevar.

                — Bueno Lu, a tu bebé le quedan tan solo unos días dentro de tu vientre, a lo más una semana, pero hoy no es el día, no te preocupes... Eso sí, deberás quedarte aquí para prevenir... ¿está bien? – me miró con cariño.
                — Está bien – bufé riendo.
                — Dejaremos entrar a tu amigos para que te vean – volvió a sonreír y se fue.

Entraron los chicos Armanda alboroto una vez más, Richard riendo que quería ver al niño... pero ni siquiera había nacido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario