jueves, 14 de abril de 2011

Capitulo 4

Narra:_ Lu

Luego de ese gran regaño por parte de la madre jefa; partí a mi centro de inspiración, mi oficina. Mi secretaria dejo el buen café cargado sobre el escritorio, sabe como me gusta comenzar el día, más aún después del gran berrinche que me dieron.
— Habrá que ponerse a trabajar… – solté un gran respiro mientras bebía el delicioso café.
Tomé algunas carpetas para ver que debía hacer hoy, mordí mis labios al ver fotografías del partido de la semana pasada; allí lo vi a él… ¡Pero que hombre! Camine de un lado a otro pensando en la manera perfecta para traerlo al estudio por una buena razón, es decir, no podía llegar y decirle… ‘Oye tu, te quiero en mi sesión de fotos porque eres muy sensual y quiero tener una loca noche contigo junto a mi jacuzzi’. Eso no sería correcto, tampoco sería capaz… No me atrevo a ser infiel, no me gusta la idea; nunca lo eh echo y si tuviese la oportunidad, no sabría cual es.
— Como sea… – lancé la carpeta sobre el escritorio mientras me paseaba como gato enjaulado de un lado a otro en la oficina.
Interrumpió mi secretaria entrando de golpe.
— Señora, tienen una llamada código rojo en la línea 3 – dijo en un tono acelerado.
— ¿Código rojo? Está bien, gracias Mónica – dejé la taza de café y corrí al teléfono, lo cogí. — ¿Diga? –
— Primor… ¿cómo estás? – me dijo con su dulce voz melancólico.
— ¿Qué es lo que pasa Jacob? – dije muy preocupada.
— Te llamo para informarte que… – guardó silencio llenando la situación de un drama innecesario y horripilante. — Me llamaron, llamaron a todos los en-listados… – dijo con una voz que se apagaba.
Por mi rostro paralizado escurrió una frágil lagrima que recorrió todo mi rostro, me quedé sin palabras, el corazón había subido hasta mi garganta, sintiéndome estrangulada.
— ¿Cómo dices…? – mi voz se quebraba, dije mientras mis manos temblaron.
— Cómo oíste, me reclutaron… Tengo 2 días para prepararme, necesito que nos veamos antes de que me vaya… ¿si? – pude notar que estaba lloriqueando, eso me partió el alma.
— Claro… ¡no voy a dejarte así! – mi respiración aumentó notablemente.
— Veámonos hoy para el almuerzo ¿te parece? –
— Está bien… hay nos vemos cariño… – le dije cortando mientras mis ojos se cerraron dolosamente dejando escapar un mar de lagrimas silenciosas.
Mordí mis labios en muestra de dolor y desesperación.
— Las cosas allá en Afganistán están tan malas… ¿por qué él? – grite golpeando mi escritorio.
Intenté contenerme, respire profundo y pude tranquilizarme como siempre lo hago.
— Señora, la esperan en el estudio – dijo Mónica mientras limpiaba mi húmedo rostro.
— Bajo de inmediato – le dije con una sonrisa disimulada.
Cerró la puerta, tomé mis carpetas y emprendí el camino al estudio. Poco a poco fui calmando mis nervios, logré contenerme por completo y disimular mi estrés interno con la mirada de jefa que debía mostrarle a los demás; allí vi a las modelos.
— Bien chicas comencemos… tómense las medidas en la sala B y pónganse los vestuarios que están al costado de las cámaras aquí atrás – apunté unos hermosos trajes de variados tipos.
Las chicas obedecieron como siempre, son unas grandes trabajadoras, noté algo extraño en Nixie y se lo hice saber.
— ¿Sucede algo cariño? – la miré extrañada.
— No, no me pasa nada – dijo con una gran sonrisa en su rostro.
Me extrañé, pero si no quería decirme no podía obligarla, continué con mi trabajo. Una tras otra pasaban y desfilaban con el compilado de ropa que necesitaba revisar. Así pasaron unas 3 horas, hasta que acabamos.
— Bien chicas, felicidades estuvieron grandiosas; tienen dos horas para almorzar y volver. Las quiero aquí a la hora, sean puntuales ¿de acuerdo? –
— ¡Si Lu! – contestaron con ánimo.
Sonreí y salí apresurada al restaurante en el que suelo juntarme con Jacob. Caminé, no era muy lejos, pero el camino se me hizo abrumador.
Entré y allí estaba con su cara demostrándome que algo lo perturbaba.
— Hola – le sonreí sentándome mientras nos saludamos con un beso.
— Hola – me dijo con una seña extraña en su rostro.
— ¿Por qué tú….? – le dije angustiada.
— Son cosas que pasan… – dijo acariciando mis manos.
Cerré fuerte mis ojos para no volver a llorar, no podía con esta angustia, superaba mis límites… no quería que se fuera.
— ¿Por cuánto tiempo? – mi voz se volvió lagrimosa.
— No lo sé… – miró a su izquierda para ver a lo autos pasar por la avenida.
El ambiente se sentía triste, no existió una conversación fluida, sentí su dolor dentro de mi pecho, podía pensar lo que él estaba pensando, sé como se sentía… y eso me partía el corazón en diminutos trozos.
— No debe ser por mucho…. – dije con una sonrisa tiritona.
— Eso espero… no podré vivir tranquilo lejos de ti – dijo besando mis manos con pasión y melancolía.
Acaricié su rostro mientras la mesera nos trajo café.
— Volveré antes de lo que piensas – sonrió haciéndose el fuerte, cuando en verdad estaba echo pedazos interiormente.
— Así lo quiero… – le dije besándolo por sobre la mesa.
— Vamos a mi departamento… – susurro mientras nos besamos.
— Claro… aún me queda tiempo – sonreí.
Nos bebimos el caliente café, tomó mi mano y lentamente caminamos a su departamento que no quedaba muy lejos.
— Te amo ¿lo sabías? – le dije apoyando mi cabeza en su hombro.
— Sí, lo sabía… ¿sabías que eres lo más importante que tengo? – acaricio mis cabellos con su barbilla mientras caminábamos.
— No, no lo sabía… – dije con una sonrisa tímida.
— Pues te digo que eres lo más importante que tengo… y te amo por eso – se detuvo y tomó mi rostro entre sus manos para besarme apasionadamente.
Nos quedamos besándonos en medio de la acera un buen rato, me sentí maravillada, sus manos me entregaron un calor necesario en esa tarde tan fría… Como pudimos llegamos afuera de su edificio, me tomó en brazos y me llevó a su cuarto en el tercer piso.
— Te regañaran por llegar tarde – dijo mientras me quitaba la camisa y besaba mi cuello suavemente.
— Pero será por una buena razón… – le dije mientras acariciaba sus cabellos con pasión.
Logró quitarme los pantalones y yo arrebaté los suyos, llegamos a su cuarto; nos lanzamos a la cama envueltos en caricias que me mantuvieron en un escalofrío todo el tiempo.
— Quiero quedarme contigo para siempre – dijo mientras me besaba con tanta pasión que nuestras lenguas parecían partículas entrando en acción.
— Y yo contigo amor… – dije mientras comenzaba a quitarme la ropa interior…

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