Narra Nixie
Una hermosa figura, estatua de bronce, de porcelana, de oro, de plata…empujando su ser imponente sobre mi frágil cuerpo, podía mover mis piernas ahora con esa fuerza acumulada después de tanto tiempo sin moverlas. Los halagos de ser el mejor sobre mi, eran cada ves mas sutiles y directos, su sonrisa se impregnaba en mi cuello cuando sus manos se aferraban a mis caderas bajando a mis nalgas para apoyarse mas y sentir que impulsaba mas profundo su miembro
— Que…lindo regalo del día de los enamorados – gemí con una sonrisa al morder mi labio inferior
— No solo hoy puedo darte este regalo…sino cuando la princesa me lo pida – gimió en mis labios al subir su cabeza
Ahora mis manos aclamaban por la piel de sus hombros, y así lo hice al empujarlo, sin hacer que saliera de mi y lo dejé recostado en la cama mientras abría mis piernas y me colocaba encima de sus caderas…
— ¿Nunca te había dicho, lo perfecto que te ves cuando sudas? – mordí mi labio de manera sensual
— No, pero me alegra que me lo digas – tomó mis caderas para delinear mis piernas en su contorno — ¿Qué esperas para hacerlo ya?
— Me gusta ver que me deseas
Su hermosa dentadura se notaba a través de esos hermosos labios delgados, esas mejillas que se juntaban debajo de sus ojos, los cuales se perdían en mi rostro y en mis senos colgando por la posición en la que estaba, subió sus manos para acariciarlos y ahí bajé las mías para tomar su miembro y colocarlo donde va. El movimiento de mis caderas me hacían recordar que tenía yo el mando, su cuero se retorcía debajo del mío y movía su pelvis de sentido contrario a donde yo lo movía, sus ojos no podían mantenerse abiertos y yo ya comenzaba a extrañar el color de los mismos, me incliné a su rostro y comencé a absorber el sudor que cubría sus mejillas, mis manos acariciaban sus perfectos pectorales sobresalir de su fuerte pecho, y las suyas aprisionaban mi trasero a moverme mas a su gusto, rompiendo en mi el deseo de control, siempre ganaba y me gustaba que lo hiciera…
Ambos agotados, satisfechos y enamorados, nos dejamos caer en la cama de costado, me miró y sonrió ampliamente, los besos se hacían notar a cada segundo y yo no quería separarme de él…era una conexión que jamás había sentido por alguien…
— ¿Has hablado con Lu? – dijo sin dejar de mirarme
— Si, ayer lo hice ^^…
— ¿Qué va a pasar con tu trabajo de modelo? – lo miré recordándolo
— Dijo que hablaría conmigo sobre eso hoy, se notaba entusiasmada, ahora que puedo caminar, podré seguir con lo que me gusta
— ¿y lo del bar?
— ¿No te parece que haces muchas preguntas, apuesto hombre? – sonreí y me pegué mas a su pecho
— Solo quiero que estés contenta y a gusto con lo que hagas
— Sabes que lo de la cantada es por la noche ^^ podrá hacer ambas cosas
— No quiero que te agotes
— Tu eres él único que lo hace – dije seductiva al saber a que me refería
— Si, ahora yo tengo la culpa
— Me encanta
— Bueno
— Bésame
— No
— ¿Por qué? – comenzó a reír y yo hice puchero
— Me encanta cuando pones esa carita – dijo feliz
— Te gusta mi sufrimiento
— Me gustas tu – mis ojos brillaron
Cumplió a mi pedido al besarme tiernamente sin brusquedad ni lograr lastimarme, solo una balada tranquila entre nuestras lenguas y caricias que proporcionaban delicados golpes en nuestra piel transpirada.
Comimos a gusto esa tarde, disfrutando de nuestro día de enamorados, en un lindo restaurante al cual él me llevó, tenía buen gusto para esto. Mi cuerpo se notaba presentable con ropa abrigada pero denotando mi sensualidad femenina, con unos lindos tacones, pues el caminar se me hacía fácil ahora. Sus dedos entrelazados con los míos, hacíamos envidiar a todas las parejas que se sentaban en las bancas con ridículos globos en sus manos. Richard era grande como para llenarme de esas cosas cursis, llegamos a sentarnos en una banca, frente a una linda fuente…
— No sabes lo feliz que me pone estar caminando contigo esta noche, creo que es el mejor regalo – susurró en mi mejilla y yo me aferré a su mano que sostenía mi vientre
— Si, créeme que yo también agradezco esto – lo miré de costado y sus ojos grises se notaban mas con este frío acogedor, mas a su lado
Nos besamos de nuevo, disfrutando de la brisa de ese aire helado, caminamos de regreso al auto, me encantaba presumir al ejemplar de hombre que tenía en mi mano, a mi lado…por siempre. Llegamos al bar, esa noche no iba a cantar, pero quería acompañar a mi hermoso hombre en este día, ayudando…en lo que e pueda ^^…sentí que alguien se desplazó a mi lado y al girar era él…
— ¿Por qué tan triste? – le pregunté con media sonrisa
— Ya sabes, ella esta trabajando – suspiró al tomar de su cerveza
— Ya no tarda en llegar – miré el reloj
— Me hubiera gustado pasarla con ella en un parque, o el cine que se yo…algo que le agrade, solo descansar
— Trabaja duro, y lo sabes…
— Si – lo miré y él a mi
— ¿Cómo van las jordanas de entrenamiento?
— Por ahora descanso ^^ pero pronto se vendrán los entrenamientos duros y tendré que irme de gira, es por eso que quería estar con ella
— Pues esta noche o la sueltas – me miró y yo le sonreí picarona al mover de abajo para arriba mis cejas y él soltó la carcajada
— Se a lo que te refieres
Unos tibios tacones se escucharon detrás y al girar su sonrisa resplandeció
— ¡¡Ven acá!! – dijo feliz al abrazarme — no sabes lo feliz que me pone, ver de nuevo el movimiento en tus piernas
— Pregúntale a Richard – ambas reímos
— Hola, corazón – sus labios tronaron en el ambiente y las mejillas de él, tomaron vida de nuevo — bueno Nixie…tengo algo de que hablarte
Ese tono, no me gustó…
— La hija de puta de mi jefa – sonreí y ella bufó — me puso a una chica que ni siquiera sabe moverse, en verdad no se quien le dio el titulo de modelo… ¡¡le tiene miedo a las cámaras!!
— Bueno tranquila…
— No, es que no puedo estarlo, la puso para sustituirte, yo le dije que tu ya estabas mejor y aun así, me pone a una chiquilla cualquiera
— Sabías que esto iba a pasar, pero mira Lu…yo recuperaré ese puesto – dije con media sonrisa convencida
— Yo lo se, eres la mejor modelo que tengo
— ¿Cuándo puedo regresar?
— Cuando quieras, para mi…estas bienvenida siempre…y debes recordarle a Patricia, quien es la que manda aquí
— Pues tu – dije riendo
— ¬¬ no seas boba
— Bueno ya .____.
— ¡¡la casa invita!! – grito ese alemán perfecto cuando besó mi mejilla
Los cuatro la pasamos lindo en la mesa principal, ella resplandecía, a pesar de estar cansada, solo para él…en minutos, me daba el tiempo para observarlos, su mirada se perdía en los ojos marrones de él…y su sonrisa aclamaba mas que un beso…yo suspiré al darme cuenta de que sentía lo mismo por ese hombre…giré la vista y ahí estaba, atendiendo clientes con su ferviente sonrisa…esto, era lo mejor el mundo.
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