sábado, 16 de abril de 2011

Capitulo 10

Narra: Lu.

Recuerdo su rostro mirándome atento; tomó mis manos y se acercó a mi cada vez más... me puse muy nerviosa, quizá mi rostro había pasado por todos los colores del arco iris.

                — Te amo Lu... – dijo antes de besarme.

¡Dios! Era el tipo perfecto, lástima que sólo estaba alucinando, y para peor, frente a él.

                — Señorita... ¿qué le sucede? – preguntó moviendo su mano en frente de mi rostro.

Mi cara demostraba que imaginaba cosas pervertidas, el gran problema era que yo no reaccionaba. Al menos hasta que tocó mi mejilla, pero esta vez de verdad.

                — ¿Qué haces...? – pregunté asombrada.
                — ¿Qué te sucede? – me miró extrañado con una leve sonrisa.
                — ¿Cómo que me sucede de qué? No te entiendo... – dije mirando otra vez el campo de juego.
                — ¡Oye! – dijo riendo mientras tocó mi hombro para que lo mirase.

Me sonrojé sin darme cuenta, me miró extrañado pero no quitó aquella celestial sonrisa de su maravillosa cara.

                — No me dejes hablando sólo... – dijo en un tono de respeto.

Me maravillé con su persona; con su manera de tratarme.

                — No te he dejado... hablando solo – mis ojos brillaban, o al menos así lo sentí.
— Sabes... debo volver a entrenar – sonrió — Un gusto conocerte – caminó hacía el campo — ¿Cuál es tu nombre? – gritó desde lejos.

Me sentí reprimida, no sabía si gritarle o ignorarlo, la situación ya era bastante extraña.

                — Lu... – grité cohibida.
— Bello nombre; ¡soy Brian! – sonrió y caminó de espaldas sin dejar de mirarme. — ¡Espero que nos volvamos a ver! – se volteó y volvió a su duro entrenamiento.
                — Brian... – suspiré su nombre en un dulce silencio.

Ya más animada, abandoné el campo y volví al auto; encendí el motor y volví a casa en donde me esperaba preocupada Nixie.

                — Lu... ¿cómo sigues? – sus ojos me apuntaron.
                — Bien pequeña, no puedo estar mejor – caí como drogada al sofá.

Nixie me miró extrañada, se acercó en su metálica silla y bajo el tono.

                — ¿Qué te hizo poner así? – una sonrisa irónica se posó en sus labios.

La miré dudando si contarle lo que me pasó; es decir, la noche anterior la regañé por algo que mejoró del todo mi día. Lo pensé un instante, pero no podía negarme a esos adorables ojos que me suplicaban hablar.

                — Te contaré, pero no se lo digas a nadie ¿ok? – la miré.
                — ¡Claro que no! Confía en mí – rió.
— Confío en ti... – la miré con cariño — Hoy me encontré con el chico del equipo de futbol – mordí mi labio inferior.
                — ¿El de tus fotos? – se asombró.
— Sí, él... – volví  a morder mi labio.

Los gritos de emoción de la chica me hicieron sonrojar. Apareció una sensación extraña en mi interior, sentí aquella mariposas que se desvanecieron con la partida de Jacob; un rubor extraño se sintió en mis mejillas. Le conté todo a Nixie y ella me hizo sentir nerviosa con sus comentarios; la hora avanzó y debía ir a trabajar, así que se me ocurrió la brillante idea de dejar a Nixie... con Richard.

Ya cumplida la misión, me dirigí a la oficina. Hace mucho que tramaba mi nuevo proyecto, pero la veterana aún no lo aceptaba.

                — Lu, Patricia quiere verte en su oficina – dijo Mónica antes de que entrara a mi oficina.

Asentí con la cabeza y caminé donde la jefa; entré y una sensación extraña se apoderó de mi.

                — ¿Querías verme? – pregunté parada en la puerta.
                — Si, por favor siéntate – dijo con su cara arrugada sin expresión.

Hice caso, no tenía nada en mente porque, en realidad de Patricia se puede esperar cualquier cosa, es muy impredecible.

— Ayer vinieron los productores de Adidas y me comentaron sobre unos anuncios que tienen planeados... – miró unas carpetas sobre el escritorio — Y necesitan un buen fotógrafo para que tome las mejores capturas con un deportista... con él. – me mostró una foto de Brian.

No podía creerlo... ¿será posible? Era el proyecto que había estado esperando toda mi carera. Al ver esa fotografía me emocioné sin poder evitarlo, cuando pensaba en el, nada más importaba.

                — ¿Estás dispuesta a aceptar este proyecto...? – me miró levantando una de sus cejas.

No me salían las palabras, me hipnoticé mirando su sonriente rostro en la fotografía.

                — ¿Lu...? –
                — ¿Qué? – reaccioné.
                — ¿Aceptas tomar las fotos o se lo pido a otro...? – preguntó aún con su ceja levantada.
                — ¡Claro que acepto! ¡Cómo negarme! – dije sonriendo como una idiota.
                — Bien... – dijo con una risa disimulada.

Me dio una carpeta con todo lo que debía hacer, con las ideas que tenía Adidas sobre el asunto; las revisé y caminé a la puerta.

                — ¿Ya conseguiste a una modelo nueva Lu...? – interrumpió mi camino.

Guardé silencio y me quedé parada en la puerta dándole la espalda.

— Lu, tu sabes que no podemos esperar más a Nixie... debes hacer una audición para buscar a otra modelo... – dijo mirándome desde su silla de cuero.

Respiré profundo y apreté mi dentadura.

                — Ella mejorará... – dije en un tono bajo con la mano en la cerradura de la puerta.
— Sé que mejorará, pero no puedo trabajar sin una modelo por cuántos... ¿cinco años? Tú sabes que muchas chicas matarían por ocupar ese puesto – alzó su voz.
                — Pero ninguna lo hará como ella – la miré frunciendo el seño.
— Quizá conseguimos una mejor o una que al menos pueda casi igualarla, pero no podemos seguir esperando Lu... – guardó silencio un instante y me miró con su cara de mandato. — Haces la audición o te quito el proyecto... tú eliges querida... – volvió a sentarse.

Negué con mi cabeza y caminé a mi oficina disgustada, lancé la carpeta sobre mi escritorio y apoyé mi cabeza en la pared, con mis palmas golpeé la pared para deshacerme de la impotencia. Miré la carpeta, esta vez indiferente; no quería que me hicieran elegir. Arreglé los asuntos con Mónica para que contactara a Brian, necesitaba comentarle todo para ver si estaba de acuerdo; quería que todo saliera perfecto.

Abordé mi auto y partí al bar para buscar a mi pequeña, el problema es que me atasqué en la avenida principal, el tráfico estaba detenido por un accidente. Cerca de las 22:00 llegué al bar, en dónde encontré a Nixie muy sonrojada, a penas me hablaba y Richard la miraba extraño.

— ¿Qué sucede aquí eh? – los miré extrañada pero con una sonrisa.
— Nada... – dijo Richard sonriente. — Sólo que tengo a una nueva cantante para el bar – miró a Nixie.

Ella sonrió nerviosa.

— ¡Vaya! Eso es grandioso – me incliné a la altura de Nixie — Ya tienes un empleo nuevo – le dije acariciando su mejilla.

                — No quiero cantar así... – miró melancólica su silla de ruedas.
Imaginé como debe haberse sentido, perdiendo un gran trabajo, terminar postrada en una silla aprendiendo a hacer todo de nuevo; mi sonrisa desapareció.

— No importa si estás en esa silla o no, lo importante eres tú... – dijo Richard con una gran sonrisa, parado atrás de mí.
                — Ves, no hay nada de malo en que cantes en tu silla – arreglé su cabello.
                — Tengo sueño... – dijo mirando el suelo melancólica.

Me levanté y me despedí de Richard, quién me ayudó a subirla al auto.         
   
                — Gracias... – besé su mejilla.
                — No hay de que – sonrió — Adiós Nixie... – le hizo señas.
                — Adiós... – lo miró tímidamente.

La miré, sonreí y nos fuimos a casa; no hubo ningún tipo de conversación en el camino,  me pareció bastante extraño. Pensé en comentarle lo que Patricia quería, pero no era momento, además... tampoco iba a hacerlo, no quiero hacerlo.
Llegamos a casa, la ayude a bajar y entramos, fue a su habitación y la ayudé a acostarse.

                — ¿Cómo te fue en el trabajo? – preguntó mirándome atenta.
                — Bien... – pensé — Tengo un nuevo proyecto – sonreí.
                — ¿Si, de que? – preguntó curiosa con una pequeña sonrisa en su tierno rostro.
                — Para Adidas... con un futbolista – reí pervertidamente sin darme cuenta.

Nixie rió.

— ¡No me digas...! – Gritó emocionada — ¿Es con aquel sujeto de tus fotos? – una gran sonrisa la iluminó.
Guardé silencio para poner drama a la situación, pero la emoción me carcomía.
                — ¡Si! – grité mordiendo mi labio.

Me felicitó y mantuvimos una conversación con muchas risas, pero cuando iba a preguntarle como le había ido con Richard comenzó a dormitar; preferí arroparla e irme a dormir más tranquila al saber que ya tenía empleo nuevo. Su vida seguía avanzando y las terapias ya hacían su efecto, sus piernas mejoraban y eso me llenaba de esperanzas.

Pasó una semana, la cuál avanzó muy lento y se acercaba el día de los enamorados, lo que me estresaba y deprimía al mismo tiempo. En esta época las fotografías tienen mucha demanda, la compañía era un caos, todo el mundo quiere fotos; además Nixie comienza con su nuevo empleo mañana y debo prepararla bien, debe olvidar el miedo a cantar ante multitudes; no quería que su primera noche se arruinara y que pasara una vergüenza.

                — Buenos días Lu – dijo cuando desayunábamos.
                — Buenos días ¿preparada para hoy? – sonreí orgullosa de ella.
                — Claro que no ¿Cómo quieres que lo logre? – rió nerviosa.
                — Saldrá todo bien cariño, sólo confía en tus capacidades – acaricié su mano por sobre la mesa.

Acabamos el desayuno y nos encerramos en mi cuarto para que practicase su voz, me emocioné al oírla; hace tiempo que no la oía cantar y me sentí muy orgullosa al verla sentada en esa maldita silla de ruedas por culpa de un idiota irresponsable, pero a pesar de eso,  ella sigue con su vida sólo de la manera que ella sabe, siendo fuerte.
Ese día tenía libre, no trabajé y que mejor que presenciar el primer show de Nixie en el bar de un buen amigo. Pasó la tarde y con la muchacha partimos al bar, la vestí bonita, con un vestido corto que lucía sus lindas y delgadas piernas, alisé su cabello y la maquille bonita; parecía toda una artista. 
Me senté en la barra con Richard esperando, hasta que se detuvo frente al micrófono, sonreí... llegó el momento...

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