miércoles, 27 de abril de 2011

Capitulo 32

Narra Lu.


Y pues así pasó el día, con mucha ira debí terminar el proyecto de San Valentín, eso sí con la ayuda de mi fiel amigo Roger, otro fotógrafo de la compañía. No podía darme el lujo de trabajar con una modelo mediocre sola, era mejor con una compañía buena.
Acabé mi horario laboral y partí a mi santuario nocturno, caminé cansada por el largo día que me pasó la cuenta; entré y allí los vi a todos.

                — ¡Pero miren quiénes están aquí hoy! – sonreí muy feliz.
                — ¡¡Lu!! – gritó Nixie abrazándome.
                — ¿Cómo estas dulzura?
                — Mejorando – sonrió. — ¿Cómo fue tu día?
                — Pues como el demonio... ¡Patricia me está colmando la paciencia!
                — Me imagino – sonrió dándome ánimo.

Seguida tras la conversación que tuve con ella, volé como por arte de magia a los labios de Brian quien estaba sentado en la barra junto a Richard.

                — ¿Cómo te fue en el trabajo amor? – me miró dulcemente.
                — Ya sabes... las peleas con la anciana... pero mi día acaba de mejorar

Sonreí sin evitarlo, sus ojos me hacían perder el conocimiento de lo que estaba viviendo. Compartimos un rato con los chicos, pero ya era hora de nuestra intimidad...



Narra Brian.


La tomé de la mano y la llevé al auto, su sonrisa inocente provocaba en mi las ganas de desnudarla para tenerla completamente para mi, sin que nadie pudiese separarnos el uno del otro. Su manía de volverme loco era asombrosa, es la mujer más maravillosa que he conocido, no sé el porqué, no sé el cómo pasó, simplemente ella era lo que complementaba mi interior de la única manera en que ella sabe, amándome.

                — ¿Dónde vamos? – sonrió nerviosa.
                — A un lugar especial  — reí de costado mirando el frente.
                — Anda dime, ¿dónde vamos Brian? – me miraba con sus bellos ojos.
                — Ya lo veras amor...

Estacioné el auto fuera de un parque, bajé primero y le tome la mano para caminar bajo la luz de la luna.

                — Que hermosa noche – dijo tímida mirando las flores.
                — Cómo tú – acaricié su mano con mi pulgar.

Sonreía nerviosa y eso me encantaba, me hacía sentir que podía romperme sobre ella, pero no era tan simple. Es una mujer de carácter fuerte cuando quiere, y su fragilidad me vuelve loco, me dan ganas de quedarme con ella todo el tiempo para que nada malo le suceda, si pudiera, lo haría.
Nos acercamos al lugar sorpresa.

                — Cierra los ojos y confía en mí... – tapé sus ojos con mis manos cuidadosamente.
                — ¡Dios! Que miedo, ¿qué harás? – reía nerviosa
                — Nada malo nena, no te preocupes...

La guié hacía una manta acomodada en el suelo, rodeada de velas románticas con rosas rojas y un ambiente bajo la luz de la luna; estábamos solos, así que todo era perfecto.

                — Ahora abre tus ojos – quité mis manos de su rostro.
                — Oh por dios... – susurró asombrada.

Reí al mirar su rostro, su cara de felicidad me inyectaba para amarla más. La mística que ella me entregaba era algo más allá de lo entendible, este momento era perfecto por el tan solo hecho de compartirlo con ella.

                — ¿Te gusta?
                — ¿Qué si me gusta? ¡¡Me encanta!! Eres tan dulce Brian – sonrió conmovida y me besó.

Correspondí su maravilloso choque de labios, las carnosidades que me volvían salvaje con tan solo un roce de ellos; tras aquel momento no existieron palabras necesarias, las manos y nuestros cuerpos actuaban con el poder del placer. Segundo tras segundos, nuestros cuerpos fueron rodeados de caricias impulsadas por  amor y mucho más. Con precaución la dejé allí en el suelo mientras nuestros labios y lenguas aun tenían contacto, mi respiración en su boca la hacía respirar más rápido, lo que en verdad me excitaba. Tomé su mano y jugueteé con ella lamiéndola de una manera que ella quitó mi remera a la velocidad de la luz.
Tomé su cara y detuve nuestro beso mientras quité su ropa rápidamente; lamí sus labios para conformarla mientras desabrochaba su cinturón, nuestras salivas se hacían una sola. El frío de la noche había desaparecido, el calor de nuestros cuerpos se traspasaba sin problema alguno, era lo único que necesitábamos. Ambos desnudos allí sobre aquella manta que nos separaba del césped bajo la luna, quité su ropa interior con mis dientes mientras lamía sus suaves piernas.
Se posicionó sobre mí, mirando la luna, dejándome apreciar su figura con ese plateado resplandor de luz que bajaba desde el cielo, con mis cálidas manos acaricie sus nalgas bien formadas mientras que ella se movía delicadamente hacía adelante y atrás, haciendo presión entre nuestras entrepiernas.

                — Déjame sentirte... – dijo moviendo sus nalgas sobre mi miembro.

Sonreí con los ojos cerrados al oír aquella maravillosa oración. No la hice esperar y dimos inició a nuestra noche de San Valentín.
Sus manos sobre mi estomago haciendo presión, sus gemidos mezclados con gritos y sus movimientos sobre mi, me hacían sentir en otro planeta, tanta fascinación para mi. Su hermoso cuerpo era reluciente en esta inmensa noche, no resistía estar tanto tiempo recto como lo quería y solía cargarse sobre mi pecho sin separar nuestras maravilladas entrepiernas.
Gemí al sentir la explosión allá abajo, sus gritos de pasión me incentivaban a continuar, el baile en que estaban envueltos nuestros cuerpos era especial, nos mantenía conforme y exorbitados. Parecíamos olas en el mar, su cuerpo sobre el mío, mis manos en sus caderas, sus manos en mi pecho, sus nalgas sobre mis muslos... un panorama excitante.
Agotados acabamos, una respiración rápida junto a mi oreja era lo que escuchaba. Su sudado pecho fue goce para mi lengua juguetona.

                — Amo cuando haces eso... – cerró los ojos de placer, agotada.

Sonreí mientras me colocaba sobre ella con mera precaución de no hacerle daño. Baje hasta su ombligo, lamiendo todo su sudado cuerpo, llegué al límite de su pelvis y sus manos apretaron la manta en el suelo cuando, con mi lengua comencé a hurguetear en su vagina.

                — Dios Brian.... – podía oírla decir gimiendo.

Acaricié sus muslos suavemente para que se relajara, pero era imposible, la presencia de mi boca y mi lengua en donde no debía, la cohibía completamente; sonreí acabando con el hecho mientras la oía gemir y dar pequeños gritos gozando del momento como me gusta.
Acaricié su mejilla y la abrigué con chaqueta para que no sufriera con el frío.

                  — Te amo, feliz día de San Valentín... – dije en un susurro.
                  — Igualmente – sonrió. 

Bajo la luz de la luna se durmió y envuelta en la manta la llevé al auto, en donde dormimos... toda la noche.

No hay comentarios:

Publicar un comentario