miércoles, 27 de abril de 2011

Capitulo 30

Narra Lu


Habían pasado algunos días, asistía con frecuencia al bar de Richard para ver como seguía este... me preocupaba mucho el echo de que se desesperara con la ausencia de mi pequeña. Un día de aquellos salí de mi trabajo y pasé a beber para relajarme.

                — ¿Cómo va todo? – lo miré curiosa.
                — ¿Cómo crees...? – levantó sus cejas mientras secaba unas copas.
                — No lo sé, por eso te pregunto
— Las cosas mejoran, la gente comienza a extrañar los cantos de ella... todo esto se siente tan vacío...

Hice una mueca con mis labios, acabé mi trago y me fui a casa de Brian. Salí del bar caminando tranquila, silbando como de costumbre; creí que todo iba bien, hasta que unas manos cegaron mis ojos, un susurro se oía en mi oreja izquierda.

                — Lu... – sonreía.
                — ¿Si? – sonreí también...

Me giró, y me besó apasionadamente, con una fuerza que se encontraba en el pasado de mis memorias, un recuerdo fulminante me hizo abrir abruptamente mis ojos y darme cuenta que no era Brian a quién besaba... sino Jacob.
Reaccioné de improviso y lo alejé de mí limpiándome su saliva de mi boca.

                — ¡Qué crees que haces! – lo empujé.
                — Pues, besándote
                — ¿Y quién te dio el derecho a hacerlo? – grité disgustada.
                — Pues tú... – sonrió con orgullo.

De cierto modo, tenía razón.

                — ¿Qué haces aquí...? ¿Cómo sabías que estaría aquí...? – comencé a retroceder.
— Primero que todo, sí, te seguí. Segundo... aquí vienes siempre al salir del trabajo... – me acorraló.
— Vete... ¿Tú no estabas en prisión...?
— Ja – rió — ¿Tú crees que me meterían preso por golpear a un futbolista? Sabes, haber estado en el ejercito tiene cierto privilegios querida... y tan solo fue una noche de encierro – sonrió mientras se acercaba a mi rostro.
— Aléjate... – moví mi rostro para que no me besara.
— Sé que me quieres aún preciosa... no puedes ocultarlo – lamió mi oreja.

Un escalofrío invadió mi cuerpo mientras que Jacob me aprisionaba contra un auto lamiendo mi oreja, lo peor de todo es que, eso me gustaba.

                —  Jacob no sigas con esto... – cerré mis ojos disfrutando.
                — Sé que te gusta... – chocó nuestros vientres.
— ¡Pero que haces! – volví a empujarlo. — ¿No te has dado cuenta de que tengo una nueva vida? Ya no te quiero... descubrí que es lo que querías de mi realmente, y no sabes lo decepcionada que estoy. Te di los mejores años de mi vida y no los supiste aprovechar cariño... Déjame en paz y continua con tu vida como siempre lo has hecho – dije calmada.

Su mirada fue de asombro, de una forma u otra debía decirle lo que ahora estaba pasando; pero que lo entendiera era un punto aparte, como era de esperarse frunció el seño demostrando que aún no asimilaba que me había perdido para siempre.

                — Pero tú tienes que estar conmigo...
                — No Jacob... ya no tengo que estar contigo – sonreí conforme.
                — ¿Ya no me quieres? – parecía un niño pequeño.
— Eres un sujeto atractivo y muy agradable... creo que no te costará nada encontrar a alguna chica que quiera ser tu novia.
                — Pero yo te quiero a ti... – me miró desesperado.
                — Pero yo no...

Un silencio incomodo nos separó un instante, su mirada dio con el suelo y lo único que pensé fue abrazarlo, y lo hice.

— Jacob... es hora de que pienses bien lo que quieres, sé que yo no soy una de tus prioridades, mucho menos ahora con todo lo que está pasando... Hazme caso y búscate una novia... – sonreí.

Me miró apenado, pero al menos asumió el hecho de que lo nuestro había acabado. Me pagó con una sonrisa calida como esas que me gustan y volvió a abrazarme.

                — Gracias...
                — Suerte Jacob.

Un abrazo caluroso fue lo único que basto para mantener el orden, temí por mi vida, lo admito... no tenía en mente que reaccionara tan pasivamente.

Pasó el tiempo, unos dos meses; pasé el día de los enamorados con Brian, parecía que fuese mi primer novio.

                — Feliz día... – sonrió dándome unas hermosas rosas.
                — ¡Son hermosas! Feliz día mi amor –correspondí su sonrisa con un gran beso.

Nuestros labios chocando, sus suaves manos acariciando mi rostro, moldeándolos como si fuese la primera vez que lo tocaba. La situación daba para mucho, las emociones florecían a gran velocidad en nuestra piel; pero para mala suerte debía trabajar.

                — Amor... debo irme – dije deteniendo el beso.
                — No vayas a trabajar – reía aún rozando sus labios con los míos.
                — Debo ir... no me gusta ser irresponsable...

Su mirada impactó en mis ojos, su cara pedía que me quedase pero no podía dejarme dominar, no otra vez. Yo amo mi trabajo, muchas veces debí faltar a él por exigencias de Jacob, no dejaré que Brian cometa el mismo error.
Corrí al auto y llegué a la oficina en cuestión de minutos, un aire raro había cuando entré en el edificio. Todo el mundo me saludaba como de costumbre, hasta que llegué a mi oficina.

— Las chicas están en el estudio número 1, Patricia quiere que comiences ya – me sonrió la fiel Mónica.
                — Está bien.

Corrí y dejé mis cosas en la oficina, obedecí y aparecí en el dicho estudio encontrándome con las chicas.

                — ¿Listas para trabajar niñas? – grité sonriente.
                — ¡Claro! – decían animosas.

Aplaudí demostrándoles mi gran entusiasmo para trabajar con ganas pese a ser un día en el que debía compartir con mi amado.

                — Fórmense y muestren su mejor sonrisa señalando este anuncio.

Señalé una pancarta con un texto sobre el día de San Valentín; sonreí al ver a las chicas hacer lo mismo, sus rostros me recordaban porque me gustaba este trabajo... hasta que vi un rostro nuevo. Me detuve sin disimulo y la mire frunciendo el seño.

                — ¿Tú quién eres? – pregunté fría y con desagrado.

La chica se cohibió un poco, parecía tímida para este rubro.

                — Soy Alicia... – su voz era chillona pero baja.

Una mueca apareció en mi rostro, era inevitable.

                — ¿Qué haces aquí...? – la miré con superioridad.
                — Soy la nueva modelo...

Su voz se rompió en la timidez, mi furia se hizo notar al dejar caer la carpeta con las indicaciones; corrí a la oficina de Patricia enfurecida... había actuado sin mi consentimiento.

— ¡Quién mierda te crees para cambiar a mis modelos! – grité enfurecida golpeando su escritorio.

Su anciano rostro demostraba serenidad, debía calmarme si no quería perder el trabajo, pero la impotencia me dominaba. Había echo oídos sordos al favor que le pedí hace mucho tiempo.

— Ya era tiempo que rellenaras el vacío que había en tu planilla Lu, no podemos seguir esperando, mucho menos trabajar con menos personas siendo una fecha muy aclamada... – sus ojos me penetraron como grandes balas de cañón.
— ¿Y Nixie? ¿La dejaras fuera? Yo no aceptaré a esa tal Alicia dentro de mi planilla, mucho menos en mi equipo de trabajo... su puesto está reservado... ella esta mejorando. – la miré frunciendo el seño — Veo que mi opinión en esta empresa poco esta importando....
— Claro que eres importante dentro de la empresa...
— ¡Entonces porqué actúas sin mi consentimiento! ¡Mucho más, siendo mi equipo...! – la interrumpí.
— Cálmate chica... esto tiene solución... – me miró preocupada.
— O la sacas y regresas a Nixie... o renuncio a este maldito trabajo...

En cogí mis ojos, era punto a favor para mi. La empresa se destaca por sus fotógrafos, más aún por mi, soy la mejor no me gusta presumir, pero es cierto.

                — Deberás trabajar con ella... al menos por un tiempo – volvió a mirarme serena.

Grité de rabia y salí de la oficina...

                — Esto no se quedará así... – cerré la puerta de un golpe.

No hay comentarios:

Publicar un comentario