Narra: Lu
Tras una larga reunión con los ejecutivos del nuevo proyecto, asumí que debía hacer bien mi trabajo y comenzar con nuevas ideas para resaltar mi gran inteligencia y originalidad, la que me representa en este rubro magnífico.
Afuera de la oficina me esperaba aquel tipo del cual mis días dependían.
— Hola primor — me dijo con la sonrisa que lo representaba.
— Hola cariño – me beso luego de unas cálidas caricias.
Me acompaño a la salida del edificio, le gusta protegerme. Asegura diciéndome que daría su vida por mi, últimamente no estoy tan segura de eso aunque me gusta creer que sea así.
— ¿Cómo fue tu día? – me dijo mientras subíamos a su auto.
— Agotador, en los últimos meses me están exigiendo más de lo que tengo, me piden unas sesiones de un día para otro, eso me enferma – dije riendo entre dientes.
Pude notar una sonrisa en su rostro mientras jugaba con el volante, llevándome a casa.
— Si ellos te exigen es porque saben que puedes – dijo mirando a la izquierda mientras giraba.
— No lo sé, me gusta desafiarlos y taparles las boca a eso idiotas – dije riendo con aire de superioridad.
A dos cuadras de llegar a mi casa me miro de costado.
— ¿Qué pasa Jacob? – le dije mirándolo extrañada.
— ¿Quieres salir conmigo mañana? –
— ¿Qué sucede si te digo que no eh? – dije riendo.
— Me vería obligado a arrodillarme afuera de tu ventana y te gritaría toda la noche para que aceptes – contestó riendo mientras detenía el auto afuera de mi casa.
— Tengo que ver mi agenda, sabes que tengo mucho trabajo – lo mire un poco apenada.
Hizo una mueca con sus dulces labios y me miro con sus ojos encogidos.
— ¿Te parece si te llamo mañana en la mañana para que lo confirmes? –
Sonreí.
— Me parece una excelente idea – dije mostrando mi dentadura.
— Te llamo entonces. Cuídate te amo – dijo mientras le correspondí con una cálida sonrisa al verlo alejarse en su gran coche.
Entré a mi hogar y en la mesa de centro encontré las cartas del día, las hojeé.
— Cuentas, cuentas, mamá, espera… ¿qué es esto? – mi mirada se detuvo en un sobre con el sello de la revista CIRCLE. — ¿Podrá ser cierto? – la curiosidad me carcomió y no resiste en romper el bendito sobre.
“Estimada, su álbum de diseños fue clasificado dentro de los 10 mejores para la postulación de un titulo renombrado con prestigio internacional. ¿Aceptará el desafío de entregarnos mejores obras para pasar a la siguiente ronda? Esperamos con ansias sus diseños, tiene un plazo de una semana para mandarlos, de no hacerlo; lo sentimos.”
No sabía que pensar, por un lado era bueno, es decir, clasifiqué para el maldito concurso; pero por otro lado, si no cumplo con el pedido… pierdo esta gran oportunidad.
Tomé el teléfono y marqué varios números, hasta que me quedó la última opción.
— ¿Nixie? –
— Si, diga… – contestó la muchacha.
— Necesito que nos veamos ¿si? –
— Claro, dime lugar y hora –
— Pues en el café Smooth ahora mismo – dije un poco acelerada.
— Bien, hay estaré – finalizó nuestra conversación.
Me dirigí allí con un aire de felicidad en mi pecho, se sentía bien ser reconocida por gente importante.
Monté mi lujoso auto, los años de trabajo tenían su recompensa; y partí al gran café. Allí me encontré con la muchacha, nos saludamos con fraternal abrazo, ella me recordaba a mí en mis inicios.
Tuvimos una conversación agradable y le hablé sobre el asunto que presentaba esta reunión tan importante.
— ¿Estás dispuesta a trabajar en este proyecto? – la miré ansiosa.
— ¡Claro que si! No pienso dejarte en un momento como este – me entregó una sonrisa que firmó el echo.
Me apoyó con el proyecto y eso me llenó de ideas para comenzar. Tras un buen rato que pasamos juntas, emprendimos el rumbo a nuestros hogares. Llegué a mi casa luego de quitarme los grandes tacones que me veo obligada a usar para la oficina de diseños, fui a la cocina y me serví un trozo de pizza que quedó de la noche anterior.
Me recosté en la cama aún con la ropa de trabajo y encendí el televisor con el control remoto, bendito sea aquel aparato que promovía mi flojera. Vi las noticias, llegué a la zona de deportes y ahí lo vi… el jugador con la camiseta número 10. Mariscal de campo, jugador estrella, el favorito del entrenador.
— Pero que hombre… – dije mientras babeaba mi trozo de pizza.
— Mira sus brazos, y sus piernas y esa barbilla… ¡Dios! – grite mientras lo mostraban corriendo anotando para su equipo.
Eso iluminó mi cerebro, miles de ideas aparecieron en mi mente.
— Ya sé sobre qué tratará mi trabajo… – dije con una sonrisa en mi rostro.
Corrí a mi escritorio y tome el cuadernillo de diseño, tracé unas líneas locas para darle forma al trabajo que sería perfecto. Recorté unas revistas para darle color a la pálida hoja, comenzaba a tener un brillo… parecía que sería genial.
Me dormí allí, mojé todo el trabajo con mi saliva, desperté a las 6.15.
— Dios… – dije abriendo los ojos agotada — ¿Qué hora es? – miré el reloj y me levanté a gran velocidad. Corrí al baño para darme una ducha rápida, tomé un hermoso traje azul marino con una hermosa camisa blanca con detalles negros muy finos. Baje a mi garaje y saqué mi lujoso auto. Subí y encendí el motor.
— Dios… llegaré tarde – me repetía una y otra vez mientras aceleraba más y más. — ¡Me mataran! – grité todo el camino.
Frené el auto, se lo deje al chico que está encargado de estacionarlo.
— Cuídalo ¿eh? – lo mire con una sonrisa.
El chico me sonrió y yo entré corriendo, tomé el ascensor y saludé a la gente que venía en él. — Buenos Días señorita Lu – me sonreían.
— Buenos días muchachos – les sonreí.
Bajé en mi respectivo piso, corrí por los pasillos mientras registré mi llegada y me detiene mi jefa.
— Lu, ¿por qué vienes llegando a esta hora querida? – me miró con su cara de enojo disimulado.
— Lo siento tanto Patricia… el tránsito y mi trabajo… dios lo siento tanto – le dije con una cara de cordero degollado.
— Pasa a mi oficina por favor Lu… – dijo mientras caminaba a esta.
— Si señora… – dije resignada
Sus ojos me examinaron de pies a cabeza y sentí que un gran regaño me esperaba, caminé lentamente tras su anciana figura. Entramos a su estilizada oficina, me señaló que tomase asiento y se paró mirando por los ventanales hacía el edificio de en frente. El silencio me puso nerviosa… algo raro estaba pasando.
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