jueves, 21 de abril de 2011

Capitulo 22

Pasó la noche, dormí muy preocupada respecto a lo de Corey, pensé en llamar a Richard para ver si Nixie estaba bien, pero podía estar interrumpiendo algo... mejor se lo dejé al destino.
Sonó el teléfono.

“Amor, ya he vuelto a la ciudad, he intentado ubicarte pero en la oficina me dijeron que estabas de viaje allá en Chicago; pero el otro día pase por afuera de tu casa y vi las luces encendidas... si estás hay por favor respóndeme; me dijeron que tenías a otro... ¿es cierto? Quiero hablarte nena... “
                                                                                              Fin del mensaje.
Desperté con ese ruido, miré el contestador a la lejanía sin ánimos de nada, no quería verlo, no tenía nada en mente... pero de verdad lo quería lejos de mi vida ahora.

                — Vamos, vamos... – dije levantándome para bañarme.

Me preparé, tomé mi ropa y fui al baño; encendí la radio con un volumen moderado por si sonaba otra vez el teléfono, llené la tina y me relaje allí en el agua caliente. Todo iba bien hasta que tocaron el timbre.

                — Lu... ábreme por favor... – decía una voz afuera.

Cerré los ojos y me sumergí, era obvio que había alguien en casa, se escuchaba música, pero no quería abrirle, mucho menos sabiendo quien era.

                — No abras... no abras – repetía una y otra vez en mi cabeza.

Mi respiración comenzó a acelerarse y la desesperación se apoderó de mi; una mezcla entre llanto y miedo se reflejaba en mis gestos, ya no sentía el calor del agua... un frío misterioso me rodeó en unos segundos.

                — Sé que estás ahí Lu... no sigas escapándote.... –

Comenzó a golpear muy abruptamente la puerta, de verdad ya tenía miedo. Salí de la tina y sin hacer ruido me vestí sin apagar la música. Parada frente a la puerta tragué saliva con fuerza, sentí como raspó mi delicada garganta.

                — Vete... por favor vete... – susurré mirando la puerta moverse con los golpes de Jacob.

No sabía que hacer, el pánico controlaba mi cuerpo, no pensaba abrir la puerta... podía ocurrir lo peor.

                — Volveré... sé que estás allí Lu... – dijo alejándose.

Sentí sus pasos en la lejanía, mi respiración se calmo, mis manos dejaron de temblar; debía irme al trabajo.

— Mónica... hoy no iré a trabajar... avísale a Patricia que tengo algo que hacer ¿si? – dije por teléfono.
                — ¿Pasó algo Lu? – se preocupó.
                — Sí... nada grave... nos vemos mañana. Adiós... – corté.

Fui a mi escritorio, tomé mi carpeta de diseños y tracé líneas al azar, el espacio hacia lo suyo. La magia en mis sentimientos oprimidos hacían de esto algo fácil; mis emociones controlaban aquella mano, aquellas figuras cobraban vida propia. Algo me incomodaba, no sabía lo que era, pero tenía miedo a averiguarlo; cuando será el día en que pueda estar tranquila sin que nada malo me pase.

                — Necesito verte... – suspiré dibujando el rostro de Brian.

Místicamente, por esas cosas de la vida sonó el teléfono.

“Lu, estoy afuera de tu casa... por favor ábreme. Soy Brian... “

Corrí a la puerta y entre llantos lo abracé como pude.

                — Tengo tanto miedo Brian... – me desesperé.
                — ¿Qué pasó amor...? ¿Qué te puso así? – me miro muy preocupado.

Me ahogaba con mi propia saliva, mi rostro se enrojeció de la desesperación.

                — Jacob, vino a casa... – grité entre llantos.
                — ¡¿Te hizo algo?! – me miró muy preocupado.
                — No, no lo deje entrar, pero tenía mucho miedo Brian... no quiero verlo... – chillé mientras se me rompía el alma.

Me apegó a su pecho con fuerza, acarició mis cabellos con mucha preocupación; besó mi cabeza constantemente.

                — Tranquila... nada podrá hacerte ese sujeto... Yo, yo estoy contigo amor, no te dejaré nunca sola, no podrá hacerte absolutamente nada amor... – tomó mi rostro entre sus manos y me besó.

El mundo no deja de girar, el estrés se apoderaba de todos mis sentidos. Un ser mágico basta para que libere mis sentidos, quisiera sentir sus manos por todo mi cuerpo, su ligera forma de ser natural me volvía loca. Sus besos me transportaban a un mundo desconocido, quería compartir con él el resto de mi vida. La alegoría podía ser eterna, sus besos, sus caricias, su voz, su cuerpo, su piel... su corazón me pertenecía. Quisiera existir una y otra vez si tan sólo fuéramos los dos los únicos seres en este mundo. La maestría de su amor por mí, hacían que me volviese loca al verlo; la atracción en el aire contagiaba mi raciocinio, nada claro, nada nubloso... un pensamiento: él.
Ahora podía desatarme como nunca lo había echo, la poesía que se basaba en el vals de sus labios me contenían dentro de la débil figura que mi cuerpo demostraba. Sus caricias en mis brazos callaron mis exagerados llantos

                — No me abandones... por favor... – me desmayé.

Sus fuertes brazos me rodearon, sus gritos me hicieron sentir una idiota. Algo me estaba pasando, no escuchaba nada más que un fuerte chillido dentro de mi cabeza. ¿Qué está pasando....?

                — Ayúdame... – un susurro se escuchó en mi interior.
                — Ayúdame a no perderte cariño... – la desesperación giró en torno al lugar.

No sé lo que estaba pasando... no podía entenderlo.

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