Amaneció y el desayuno fue bastante extraño, algo le pasaba a Nixie, se lo pregunté pero no quiso decírmelo; no quise que lo notara pero me preocupe bastante. Acabamos y la llevé donde Richard para que la preparase para su segunda noche; yo partí a mi trabajo.
— Buenos días Lu. –dijo Mónica dejando un café en mi escritorio.
— Bueno días – sonreí dejando mi cartera en la silla.
—Hoy vendrá el futbolista para hablar con usted... – se paró en frente mió.
— Muy bien... – sonreí sin poder contenerme.
Mónica salió de la oficina y giré en mi silla con el café en las manos, miré los autos desde lo alto de mi ventana.
— Llegó el día... – dije para mí misma.
Bebí mi café y me puse a ordenar el papeleo para Brian, todo iba perfectamente bien hasta que Mónica me avisó que ya había llegado. Juro que oí sus pasos afuera, se detuvieron en mi puerta y demoró un poco para golpear.
— Adelante... – dije arreglando mi cabello y tragando saliva.
— Hola – dijo sonriente como siempre.
—...Hola – dije estirando mi mano nerviosa.
Apretó mi mano y sin darme cuenta, besó mi mejilla caballerosamente. Se sentó como se lo indiqué y me miró esperando que le hablara, para variar me hipnoticé con su bello rostro.
— ¿Y bueno...? – preguntó con una sonrisa, levantó sus cejas.
— Bastante bueno... – dije mirándolo.
— ¿Bueno qué...? – se extrañó riendo.
Antes de que dijese una estupidez, reaccioné.
— Ah sí... necesito que leas este contrato y lo firmes si estás de acuerdo para este proyecto – le pasé los papeles
y un lápiz.
— Confío en que es bueno – sonrío mirándome.
Lo miré sonriente, esta vez más calmada. Tomó el lápiz de mi mano, acariciándola.
— Firmaré – rió mientras escribía su marca.
— Entonces... ¿Estás dispuesto a que Adidas te use como rostro en su campaña? – pregunté profesionalmente.
— ¿Tú serás la que me fotografíe? – preguntó.
— Sí... ese es mi trabajo – sonreí.
— Entonces, estoy de acuerdo – rió mostrando su dentadura.
Me asombré bastante, me cohibí y guardé los papeles en el escritorio.
— ¿Algo más de lo que debamos hablar Lu...? – me miró atento.
Lo miré un poco asombrada de que recordase mi nombre, me puse nerviosa y olvide lo que debía decir.
— No... – fue lo único que recordé.
— ¿Te parece si tomas un café conmigo ahora? – Preguntó — Sin compromisos... como amigos... – sonrió coqueteándome.
Me paralicé otra vez, esto... ¿De verdad estaba pasando? Sus ojos observándome me pedían a gritos que aceptara, mi voz se atascó en mi garganta y mi corazón comenzó a apresurarse de una forma impresionante.
— ¿Aceptas mi invitación? – insistió.
— Claro... – dije con una pequeña y ambiciosa sonrisa.
Sonrió feliz con mi respuesta, se levantó y espero que también yo lo hiciera; abrió la puerta como buen caballero y me dejo salir primero.
— Mónica... vuelvo en un rato – sonreí a mi secretaria.
— No se preocupe – me guiñó un ojo.
Caminamos hasta el ascensor y nos detuvimos a esperarlo.
— ¿Cómo va el trabajo? – me preguntó pensando en qué decir.
— Oh, muy bien, con mucha demanda... – dije mientras apretaba el botón que traía al ascensor como una loca histérica.
— ¿De verdad? – se asombró.
Llegó el ascensor, vacío para variar y lo abordamos, apreté el botón con el número uno.
— Si... con esto del día de los enamorados, la compañía parece un hormiguero revolucionado – reí e hizo lo mismo.
— El día de los enamorados... – dijo en un susurro mirando al frente.
Llegamos al primer piso y la gente colapsó la entrada, tomó mi mano y pudimos avanzar entre ellos gracias a su fuerza, me sentí en un mundo mágico al sentir su piel con la mía. Salimos del gran edificio y fuimos al café de la esquina, tomamos asiento en la mesita que da para la ventana.
— ¿Cómo van los partidos? – pregunté para hablar de algo.
— Bien, aunque empatamos los dos últimos – bebió café. — ¿Hace cuanto te dedicas a las fotos?- preguntó curioso.
— Toda mi carera... desde que entré a la universidad, hasta hoy – sonreí.
— Vaya... – abrió grandes sus bellos ojos.
Tuvimos una larga conversación, entramos en confianza y conversamos ya de nuestra vida personal. Es una persona fantástica, no puedo creer que ahora esté con él.
— Dime... ¿Tienes novio? – preguntó, mirándome con sus ojos encogidos.
Me congelé una vez más; hace más de dos meses que me abandonó el hombre que se supone me amaba, no se nada de él hace mucho ¿Será que acabó lo nuestro? Dudé si en verdad tenía a alguien para llamarlo mi novio, pese a ello me rompió el alma.
— No... – sonreí adolorida.
— ¿Cómo que no? Una bella chica como tú debería tener uno – me sonrió feliz.
Era mi idea, o Brian de verdad coqueteaba conmigo, sus miradas hacía mi eran nuevas y atragantes, sus preguntas eran bastante comprometedoras y sus gestos... no lo sé, pero me volvían loca. Miré la hora, debía volver a trabajar.
— Tengo que volver... – miré a Brian.
— Está bien... – me dijo apenado.
— Aquí tienes mi número, para cualquier cosa... – no sé de donde me salió la personalidad para dársela.
— ¿Para cualquier cosa...? – rió.
— Sobre el trabajo – reí también.
Se despidió besando mi mejilla, sus mojados labios hicieron contacto con mi piel.
— Cuídate Lu, nos vemos pronto – me miró directo a los ojos.
— Eso espero... – sonreí y salí corriendo.
Cuando entré en el edificio me di cuenta que haber corrido fue lo más infantil que pudiera haber echo. Reí pensando en eso, aún no me creía que había tomado café con aquel sexy hombre, con el hombre que activaba mis hormonas y revolucionaba todo mi cuerpo.
Avanzó rápido la tarde y acabó mi hora de trabajo, debía pasar a buscar a Nixie. Estacioné el auto y me di cuenta que el bar había cerrado temprano, entré y me encontré con Richard inclinado acariciando la mejilla de Nixie, quién estaba sonrojada con los ojos lagrimosos.
— ¿Permiso? – dije abriendo la puerta. — ¿Por qué cerraste temprano? – me extrañé.
— Pues... porque... no... Amh... no había mucha gente – dijo nervioso Richard.
Lo miré no conforme con su respuesta, me llevé a Nixie, agradeciendo a Richard por supuesto. Llegamos a casa y en la sala me incliné frente a Nixie.
— Dime... ¿Qué te pasa? – la miré como una madre preocupada.
— Pues... – dudó.
Tuvimos una larga charla, me contó lo que decía aquella carta; pensé mil cosas y maneras de que ese patán pagara por lo que le hizo a la pequeña, también imaginé que Jacob puede pensar igual y me puse muy melancólica. Comprendí a Nixie, quien entre llantos me contó todo, la abracé y le di mi apoyo incondicional; me contó lo que pasó en la tarde con Richard.
— Ves, la vida sigue; no debes dejarte vencer por un idiota que no vale la pena – le dije mientras esa frase también me afectaba.
— Juro que me las pagará... – dijo con la mirada perdida y un tono muy serio.
De verdad iba a vengarse, y yo sé que la mujer es muy decisiva en lo que respecta al daño de un hombre.
— No pienses en eso amor – acaricié su mejilla secando sus lagrimas.
— Te amo Lu... – correspondió con un abrazo.
— Y yo a ti Nixie... – besé su cabeza.
Después de un rato la llevé a su cuarto, la acosté, estaba muy cansada. Hice lo mismo conmigo, me giré mirando la ventana iluminada con las luces de la calle.
— Idiota... – dije silenciosamente mientras lloraba callando mi dolor.
Me perdí en un mar de sufrimiento interior.
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