martes, 19 de abril de 2011

Capitulo 16

Se acercaba el gran día... y hoy parecía idiota, pero tenía una cita con Brian.

                — No puedo creerlo... – me miré en el espejo empañado por el calor del agua.

Me vestí, me peine, y mis nervios me comían por dentro. Con Nixie tuvimos un desayuno agradable, me contó que mejoraba, la sonrisa en su rostro me hizo sentir tan bien que lloré de emoción al escuchar de su propia boca que podía mover sus dedos.

                — Eso es fantástico pequeña – la abracé al acabar.
                — Estoy mejorando Lu ¡Mejoro! – gritaba feliz.

Sentía que las cosas mejoraban poco a poco, mi trabajo iba bien, ella mejoraba, mi corazón se sentía realmente bien con todo lo que estaba sucediendo. Quizá era hora de tomarse un tiempo para mí.
Partí al trabajo, un día más. Los líos con el robo ya se habían solucionado, el proyecto aun seguía en pie y no podía haber nada mejor que tener tiempo de caridad con Brian.

— ¿Las cosas mejoraron? – dijo parado en la puerta de mi oficina, apoyado con su brazo en el marco.
                — Si, por suerte – sonreí ya con más confianza.

Fuimos al ascensor, ya parecíamos mas como amigos. No había el problema del comienzo, la timidez ya no se hacia permanente estando con el, compartir su persona con el mundo... era grandioso
Caminamos por la orilla de la playa, compartiendo la maravillosa puesta de sol, mi sonrisa estuvo presente todo el tiempo y su voz me entumía.

                — Esta última semana fue grandiosa – rió mirando las huellas en la arena.

Sonreí sin nada que decir, a lo lejos pude ver que alguien se acercaba haciendo señas, corriendo muy feliz. Llegó frente a nosotros y muy entusiasmada saludó a Brian con un abrazo y me miró sonriendo. Pude notar que Brian se incomodo, comenzó a mirarme extraño y la chica no se iba.

                — Hola, soy Scarlett ¿Quién eres tú? – me miró sonriente.
                — Lu, un gusto – estreché mi mano.
— Lo mismo digo Lu, Amor ¿Vamos a ver a Josh en su baile? – miró a Brian jugando con sus dedos en su cuello.

¿Había escuchado bien...? ¿Amor? De verdad... no podía creerlo, el cambio en mi rostro no podía disimularse, el corazón se me rompió en menos de un segundo. Mis ojos se afligieron y Brian me miraba con su cara dándome explicaciones, sin siquiera decírmelas.

                — Veo que... estás ocupado... – dije en un susurro caminando lentamente.

Brian con su mirada pedía que no me fuese, lo dejé atrás hablando con su... amor. Caminé silenciando mi llanto apretando mis dientes y cerrando tan fuertes mis ojos que mi cara se desfiguraba.
Sentí sus pasos seguirme, sentí su presencia atrás de la mía, vi su sombra caminando rápidamente para alcanzarme.

                — Lu... – dijo tomándome del brazo.

Me detuve mirándolo con mis ojos reventados en lagrimas, su cara hablaba por si sola, se sentía pésimo, pero creo que no mas que yo.

                — Tenemos que hablar... – dijo apenado.
— ¿Qué...? ¿Hablar de qué? ¿Por qué me ilusionas... y luego aparece... ella? – me giré y seguí caminando.

Avancé bastante sin interrupciones, mis gritos sin ruidos eran la única manera de demostrar mi desesperación, corrí hacía mi oficina, no llevé el auto no tenía porqué. Llegué a un barrio desconocido, y un brazo me atrapa por atrás; estaba cegada por las lágrimas y solo oí su voz.

                — Lo siento... lamento no habértelo dicho... – secó mis lágrimas con su pulgar.
                — No tienes que lamentar nada... entre nosotros no pasa nada – dije ahogándome en llanto.
— ¿Lo niegas? Yo no niego nada Lu...  – chocó nuestras frentes entre sus palmas tomando mi cara.
                — No sucede nada Brian... tan sólo yo.... –
                — Tu y yo sabemos lo que pasa Lu... – acercó su boca a la mía.
                — No Brian no... – respiré en su boca antes de chocar nuestros carnosos labios.

Mi llanto se calmó en tan solo un segundo, sus manos acariciando mis mejillas me tranquilizaron por completo, nuestras lenguas se mezclaron en un jugoso baño de pasión desconocida. Duramos allí un largo rato, me asombré y lo miré boquiabierta.

                — ¿Por qué haces esto...? – lo miré con mi nariz enrojecida de llanto.
— Porque te quiero... a ti – me apegó a su pecho abruptamente — Scarlett es tan sólo una idiota que cree que la amo... – dijo apenado.
                — ¿No es tu novia...? – me extrañé.
                — No, rompí con ella dos días antes de conocerte Lu... nunca hubiese elegido a otra antes... –
                — ¿Antes que yo...? – lo miré con mis ojos cristalinos.
                — Antes que tú... – tomó mi rostro nuevamente en sus manos.

Su mirada me envolvió, no entendía bien lo que estaba pasando. Estaba tan confundida, tan complicada con lo que estaba pasando; fue algo tan repentino, algo que descompuso mi estado en todo sentido.

                — No sabes cuantas ganas tenía de hacer esto Lu... – chocó sus labios otra vez con los míos.
                — No puedo tolerar esto – dije separándome de él y salí corriendo como una idiota.

Corrí en dirección a mi oficina, me detuve y me giré; lo vi allí parado aún, su rostro me miraba pidiéndome más y más sin detenerme, su mirada se perdió en mi lejana figura...

                — ¿Qué estoy haciendo...? – corrí nuevamente a sus brazos.

 Salté a sus brazos, lo besé como me hubieses gustado que fuese mi primer beso, sus manos me tomaron desde la espalda para que no me soltase. Me resguardó en su masculina figura, su lengua investigaba mi boca desesperada por conocer el ambiente, la mía se mantenía tímida, pero correspondía sus caricias. Su respiración lenta y cálida era fatal para este momento, no me sentía así... hace mucho tiempo.

                — ¿Me perdonas...? – me miró a 5 centímetros de mis ojos.
                — No tengo que perdonarte Brian... – lo miré acelerada.

Sonreí y me solté.

                — Debo volver a trabajar... – dije feliz y nerviosa.

Caminé nuevamente en dirección de mi oficina, esta vez sin detenerme y con una gran sonrisa en mi rostro.

                — ¿Puedo llamarte? – gritó como un chico inocente sin moverse del lugar en que estaba.
                — ¡Claro! – respondí sonriente sin voltearme.

Camine y caminé, pude imaginar su sonrisa de felicidad en aquel bello rostro, su manía de hacerme volver loca era impresionante, no sé lo que tenía, no sé como lo hacía... pero era especial y único. Algo que me gustaba.

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