• Narra Lu
Sus manos en mis caderas me hacían recordar porque lo amaba tanto como lo hacía, había un gran silencio en esta casa y se hacían escuchar esos gemidos que daba porque estaba siendo penetrada por aquel gran futbolista que compartía conmigo todos los días.
— ¡¡OH Lu!! – gritó en mi nuca.
Un grito casi tortuoso salió de mi garganta, el poder que él tenía en su pequeño me hacían gozar de un placer doloroso, que me encantaba y odiaba al mismo tiempo... esto de ser masoquista es un poco más complicado de lo que la gente suele creer.
Pasó la mañana sin mucho que decir, acabé discutiendo con Brian sobre la comida que la guardería facilitaba a Osmar, me preocupa mucho el echo que las 10 horas que no estoy con él una mujer lo alimente con cosas que dañen su organismo, para variar a él solo le interesa ver televisión. Tomé las llaves y partí al trabajo un poco disgustada, el volante me relajaba de una manera asombrosa.
— Maldito Haner...
Dije entre dientes, odio maldecirlo pero a veces se lo merece; estacioné el auto en el estacionamiento, por muy entupido que suene, pero no lo iba a estacionar en la acera ¿no? Bueno yo lo estacioné en el estacionamiento subterráneo al edificio. Subí por el elevador y no encontré a nadie.
— Pero que diablos...
Miré por todos lados, donde normalmente sacan fotografías... no existía movimiento alguno. Entré en mi oficina y me senté en esa gran silla rodadora y miré por los ventanales, entrelacé mis dedos a la altura de mi boca y me puse a pensar en muchas cosas que quizás ahora no tenían ganas de ser pensadas, pero que al fin tenían un momento dentro de mi mente.
Un sonido captó mi atención, un golpe en mi puerta, hizo que rodase en mi silla mirando a quien se le ocurriese aparecer por esa puerta; ni más ni menos que Heller.
— Explícame ¿que está pasando? – lo miré extrañada.
— Hoy tenemos el día libre porque los ejecutivos tienen una reunión allá en Paris, vete a casa o a beber un trago – rió.
— Está bien – reí.
Me levanté de mi cómoda silla y tomé mi cartera, le besé la mejilla como una buena dama y salí enfurecida, porque demonios no avisan antes...
Partí al bar de Richard, una vez más abordando mi auto, ser independiente tenía sus ciertos privilegios, llegué y aún no llegaba mi querido amigo... me daba tiempo para mirar con cuidado al calvo ese que hace unos días me dejó en ridículo frente al alemán.
Levanté la mano para pedir un trago, éste me vio y rió de costado sin creer que al fin me veía allí, trajo su paño en el hombro y caminó de esa forma macha hacia mí.
— ¿Qué haces aquí tan temprano? – me miró serio
— Pues tengo el día libre y quiero beber – reí.
— Vaya... – bufó.
— Nada que vaya aquí, tráeme un tequila con limón
— Borracha – susurró anotando en su papeleta.
— Te oí eh – levanté mis cejas mirándolo.
— ¿Algo más quiere la dama?
— No nada más... por ahora
Asintió sonriendo y caminó a la barra tan solo como é sabe caminar, jugué con la servilleta sobre la mesa mientras esperaba a que el sujeto me trajera mi pedido, en cosa de minutos llegó con el trago y se sentó frente a mí.
— ¿No tienes que trabajar? – lo miré
— Está casi vacío, además el jefe llega en 4 horas... no tengo nada mejor que hacer...
— ¿Y yo puedo servirte de algo? – dije en otro sentido.
Rió mostrándome nuevamente su dentadura, apoyó uno de sus brazos sobre el borde de la mesa y me miró fijo...
— ¿Qué tanto me miras... no ves que me gasto? – reí.
— Claro.... te creeré – bufó.
— No, en serio – fruncí el seño.
— ¿Sabes que soy amante de la fotografía? – miró a otro lugar.
¿Escuché bien? Dios un hombre como él, compartía la misma pasión que yo... a cada momento me fascinaba un poco más, lo miré con una leve sonrisa en mi rostro sin poder tragarme lo que había dicho frente a mí, bebí del tequila un poco.
— ¿De verdad?
— Sí, de echo... soy un gran fan tuyo – me miró indiferente
— ¿Qué...? – tartamudeé.
Sonrió poniéndose de pie y caminando de vuelta a la barra, dejándome para variar... hablando sola.
— ¡Oye! No dejaras a una dama hablando sola – grité.
— Claro, mira como lo hago – rió moviendo su mano sin voltearse.
Reí casi derramando mi trago entupidamente, negué con mi cabeza aún procesando su comentario, me miraba desde la barra y eso me cohibía de cierta forma, seguí bebiendo... y bebiendo hasta acabarlo. Tomó algo desde bajo de la barra y lo trajo hasta la mesa en donde yo estaba, además de otro tequila en una bandeja.
— ¿Qué es eso? – miré curiosa.
— ¿Esto? Un tequila – rió
— No tonto, eso de allí
Apunte a lo que ocultaba bajo ese paño sucio, sonreía mirando aquella cosa... y no quedé contenta hasta que al fin lo puso sobre la mesa.
— Esto es mi altar a ti – levantó sus cejas indiferente,
Un cuadro con fotos de mis grandes obras reconocidas a nivel mundial, también una fotografía al centro cuando recibí mi primer premio a la categoría de grandes fotógrafos. No podía creer lo que veía, dejé a un lado el trago y miré boquiabierta aquel maravilloso trabajo.
— Esto llegó en el paquete de hace unos días – susurró
— ¿Tú mandaste a hacer esto...? – dije asombrada.
— Pues si, como te lo dije... soy uno de tus admiradores, por muy idiota que parezca – sonrió.
— No puedo creer que un hombre tan bruto como tú, sea amante de la fotografía... – reí moviendo mi cabeza para mirarlo.
— ¿Cómo que bruto? – bufó.
— Oh lo siento tanto... quería decir...tan macho para ciertas cosas
— Ya me insultaste, no lo arregles... empeorarás más, suele pasar – rió.
Reí, era un buen sujeto... mucho más de lo que aparentaba, me sonreía a las miradas que yo le daba, me comentó todo lo que sabía sobre fotografías. Es su sueño frustrado desde pequeño, sus padres decían que eso era un trabajo mal mirado y que por eso no decidió seguir estudiando fotografía... siempre los padres negándoles a los hijos lo que de verdad les gusta.
— Puedo ver y conseguirte un puesto en la empresa – sonreí.
— No, eso jamás – sonrió apenado.
— ¿Por qué no? Tienes estudios... eso es bueno para la organi...
— ¡¡No!! Te he dicho que no.... muchas gracias – susurró disgustado.
— Está bien...
— Debo seguir trabajando... lo siento.
Se levantó y me abandonó una vez más, llevándose con el la compañía de aquel maravilloso cuadro, bebí ya mi cuarto trago y comencé a cuestionarme la reacción de Phil, si era su sueño ser fotógrafo... ¿por qué negarse a un cargo del mismo? Había algo más que él no me había contado, algo que debía averiguar fuese como fuese necesario. Respiré profundo y cerré los ojos un buen rato para descansar esos parpados molestos con maquillaje, abrí los ojos lentamente y vi una silueta frente a mí... era Jacoby.
— Hola primor – sonrió victorioso.
— ¿Qué mierda haces aquí....?
Me paralicé, para variar no estaba lista para encontrarme con alguien que me disgustase el ambiente, mucho menos con este sicópata, me levanté luego de dejar los billetes sobre la mesa, y Jacob sujetó mi brazo con una fuerza que me hacía daño.
— He venido por ti mi amor.... – dijo con la mirada perdida.
— Jacoby me haces daño – susurré asustada con su cara.
Vamos, aparece Brian, en un momento como este suelo necesitarte...
No hay comentarios:
Publicar un comentario