• Narra Lu
Los días avanzaban y el ambiente en la empresa era agotador, comenzaba a tomarle el peso de este trabajo, eran exigentes... más que el principio, y eso no me estaba gustando mucho. Vine a trabajar pero no se si pueda seguir sobre exigiéndome.
— ¡Ya quiero que acabe esta semana!
Me senté junto a las escaleras, en ese banquito que hay para tomarse unos descansos merecidos, respiré profundo y junto a mi se sentó la chica que venía con una sonrisa imponente en su rostro.
— Hola Lu – sonrió.
— Hola Nixie ¿Qué hay? –reí.
— Tengo que contarte la ultima gran noticia – mordió su labio con fuerza.
— ¿Si? ¿Qué ha pasado?
— Pues... adivina quien es el baterista de mi banda – abrió grandes sus ojos.
Hice como que pensaba, pero en realidad ni ganas de eso tenía.
— No lo sé... dime ¿quién es?
— Goi... Dero Goi – susurró.
— ¡¿Qué?!
— Sí, lo mismo dije yo cuando me lo mostraron frente a mí... no podía creerlo – movió sus cejas mientras jugaba con su lengua.
Reí, la abracé y la despeiné porque me gustaba abusar de su minoría de edad, suspiré profundo mientras reía y la dejé.
— ¿Qué te pasa Lu?
— ¿Por qué? – me extrañé.
— Estás como extraña...
— No lo sé, creo que tengo estrés... debí tomarme el tiempo de maternidad para descansar un poco, la oficina y Osmar me tiene muy cansada.
— Te lo dije, pero siempre quieres ser responsable – bufó.
— Soy responsable pequeña... no como otras – reí.
— ¿Hoy tomas las fotos tú?
— No lo sé, no me han dicho nada, supongo que sí...
— Me encantaría que fueras tú....
— No seas mentirosa – reí.
— Que dices, si sabes que eres una fantástica fotógrafa – rió.
En eso llegó Heller con media sonrisa, se acerco a nosotras y miró las piernas de Nixie como un acosador, eso me dio miedo...
— ¡Oye que quieres! – dije frunciendo el seño.
— John te quiere en la oficina Lu, es por el asunto del paquete... – sonrió seductor.
— Diablos... y yo que no quería caminar – bufé.
— Anda Lu, así te distraes un poco
— Bueno... eso era todo lo que debía decir... – susurró Heller.
— Entonces puedes irte – levanté una de mis cejas.
Se fue riendo mientras me levanté a duras penas para caminar a la oficina misteriosa dejando atrás a la pequeña, mis tacones resonaban en ese frío y sólido piso, miré las puertas de todas las oficinas... con nombres respetados de empresarios alemanes que tienen un gran cargo en este lugar. Esperé afuera respirando profundo, mi cabeza se sentía rara y tenía miedo a lo que pudiese pasar, aunque en verdad solo estaba pensando demás; abrí esa puerta lentamente viendo adentro a John.
— Hola Lu – entrelazó sus dedos sobre el escritorio.
— Hola – sonreí levemente.
— Debes llevar este paquete a la segunda calle con la esquina del parque
— Está bien...
Lo tomé con cuidado alejando mi mirada de la suya, caminé a la puerta lentamente y trague saliva cuando este me detuvo llamándome por mi nombre.
— ¿Qué? – giré mi rostro un poco.
— ¿Te sucede algo? – se puso de pie.
Mi corazón comenzó a latir más que de costumbre y eso no me gustaba para nada, sentí su respiración en mi nuca y eso alteró mi respiración, cerré mis ojos imaginándome lo peor...
— ¿Te sientes bien? – dijo preocupado.
La saliva raspó mi garganta, lo único que quería era salir corriendo de allí... la voz al fin pudo salir desde lo más profundo.
— Debo entregar este paquete – abrí la puerta.
Segura de mi misma salí de allí dejando al tipo parado con cara de “Qué diablos”, no podía creer lo que acababa de presenciar, todo era cierto, lo que alguna vez me pareció un disparate de una mujer sin vida, sobraba un sentido aterrador en mi vida, el miedo... me hacía vulnerable.
Caminé, más bien dicho corrí por las escaleras con el paquete bajo el brazo, salí del edificio y detuve un taxi, le di la dirección que me dio John en un papel y le pedí que me llevara allí, el sujeto asintió sin problema. En unos pocos minutos llegamos al lugar... al bar de Richard.
— ¿Está seguro que aquí es? – me extrañé
El tipo asintió mirándome, hice una mueca extraña con mis cejas y decidí bajar del auto, caminé lentamente a la entrada, junto a la puerta había un letrero indicando la dirección del lugar y la comparé con el papel... estaba correcta.
— ¿Qué hago aquí...?
Suspiré y entré al lugar que estaba lleno de gente, caminé a la barra buscando a Richard pero no lo encontré, miré a mi izquierda: nada, mire a mi derecha: nada.
— ¿Dónde diablos está este alemán? – bufé.
Una mirada se posó frente a mi cabeza baja, miraba el suelo... y un cuerpo se posó frente a mi desde el otro lado de la barra, su camisa negra musculosa con su paño en el hombro me hicieron mirarlo a sus ojos.
— ¿Qué haces tú aquí? – rió.
Phil... como olvidar su nombre... me miraba riendo con esa risita sensual que tenía.
— ¿Está Richard?
— No, él llega en una hora – limpió un vaso con su paño.
— ¿sabes? Me mandaron con este paquete de la compañía para acá... y no se a quien mierda debo entregárselo... – susurré.
— ¿Paquete? ¿De qué compañía?
— Magnificient Color’s...
Sonrió asombrado mientras yo no comprendía nada de lo que eso significaba.
— ¿Trabajas en esa compañía? – levantó sus cejas
— Si, desde que llegué a Alemania – sonreí orgullosa.
— Yo pedí el encargo – sonrió seductor... una vez más.
— ¿Tú me hiciste venir hasta aquí? – reí.
— ¿Qué sabía yo que mandarían a una vaga hasta aquí? – bufó.
Su manera poco delicada de tratarme me seguía encantando, era bruto lo sé, pero eso no significaba que fuera dulce en su momento.
— Pues bueno, traje tu maldito paquete – lo miré.
— Pues dámelo entonces, ¿Qué esperas? – me miró serio.
— Pero que mal humor tienes – reí.
— ¿Dónde debo firmar? – suspiró.
— No soy el cartero, solo cumplo con que debes recibir esto... toma –se lo dí.
Lo recibió y lo miró por todas partes, sonrió y dejó su paño sobre la barra mientras yo lo seguía con la mirada.
— ¿Qué fue lo que encargaste muchacho? – miré curiosa.
— Pues eso no te incumbe... – rió dándome la espalda.
— OH vamos... dime, no se lo diré a nadie –reí.
Sonrió en silencio mientras abrió su paquete y lo guardó bajo la barra, no dejándome ver que era lo que contenía, apoyó sus brazos en la barra y quedó frente a mí, a unos pocos centímetros de mi nariz.
— ¿Qué.... quieres? – dije asombrada.
— Nada ¿te incomoda tenerme tan cerca? – sonrió encogiendo sus ojos.
Un cosquilleo apareció de la nada en mi vientre, ¿Qué era lo que estaba pasando? Este sujeto era extraño pero me gustaba lo que hacía, alguien tocó mi hombro haciendo que un susto me abrumara.
— ¿Qué haces tan cerca de mi muchacho? – rió Richard.
Me giré casi de inmediato tapándome la cara con las manos, riendo nerviosa y asustada con lo que el alemán pudiese pensar.
— Nada... no estoy haciendo nada – reí en silencio.
Nada, no estaba haciendo nada... él era el que me estaba provocando, pero en verdad.... si quería que pasara algo, algo que en realidad me hubiera encantado.
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