• Narra Brian
Avanzaban los días y Lu aún no salía de ese hospital, ella estaba bien, aun no comprendo porque debían seguir su maldito protocolo, lo único que quería era tener a mi hijo conmigo, no compartirlo con esas flacuchas enfermeras que decían que era el bebe más lindo del lugar, eso era obvio, es decir... mírenme a mi y miren a mi bella chica, el niño no tenía a quien salir mal.
— No entrenador, no puedo hacerlo... – dijo Roger.
— Yo puedo, no tengo compromisos – reí.
El entrenador me miró extrañado.
— ¿Por qué quieres hacerlo? Es tu día libre – bufó con ese bigote de morsa que tiene.
— Mi mujer aún está en el hospital, puedo jugar esa noche, no tengo problema – sonreí.
— No vaya a ser que después tengamos problemas Haner
— No se preocupe, no hay problema, déjeme jugar – sonreí emocionado.
— Está bien, jugaras tú y Roger queda afuera
Roger me agradeció con unas palmadas en mi espalda mientras caminé a los camarines para cambiarme, bajé a esas duchas llenas de chicos altos y rubios con unos grandes cuerpos.
— Miren, si es la rata yankee...
Todos rieron, menos yo.
— Deja de molestarme Michael – lo miré bufando.
— Oh, lo siento su alteza, ¿allá no están acostumbrados a los sobrenombres? – rió.
— Llevas a penas un mes con nosotros rata, cuando seas más experto en los asuntos, serás respetado – rió otro por ahí.
— Idiotas – murmuré sacando mi camisa del casillero.
— ¿Jugaras el sábado Yankee? – dijo Joseph.
— Si, cambié el turno con Roger – sonreí.
Él era uno de los pocos que se habían ganado mi respeto, era algo así como un amigo dentro de toda esta mierda.
— Jugaremos adelante, juntos –sonrió.
— ¿De verdad? – me emocioné un poco.
— Si, al menos eso dijo el entrenador, será fantástico compartir el puesto contigo
— Gracias – acabé de vestirme.
— Nos vemos mañana – golpeó mi espalda.
— Adiós amigo
Salí de ese maldito lugar sin antes ser victima de las entupidas bromas del resto de los miembros del equipo, malditos alemanes.
Partí al bar inaugurado de Richard, era al único que podía visitar ahora, Lu estaba en el hospital y pasó con ella 23 horas del día, debía dejarla descansar al menos unos minutos, con Nixie no comparto mucho y Richard era lo ultimo que quedaba.
— ¿Qué hay hermano? – reí bebiendo.
— ¿Cómo va tu día? – dijo limpiando unas copas.
— Agotador, recién saliendo de entrenar ¿y el tuyo? – reí.
— Bien... sin muchas novedades – rió dándome otro vaso.
En eso entraron dos seres sospechosos a larga vista, creo que eran conocidos pero no me di el tiempo de fijarme bien.
— No puede ser...
— ¿Qué cosa? – miré a Richard extrañado.
— Son esos dos... ¿cómo llegaron aquí esos muertos de hambre...? – dijo asombrado.
No entendí bien de quienes hablaba, pero seguía intrigado con el tema.
— ¿Quiénes?
— Los ex novios de Lu y Nixie... – frunció el seño.
— ¿Qué? –grité.
— Cálmate Brian, no hagas nada apresurado... tal vez solo vienen a beber...
— Es que esos idiotas... ¿serán masoquistas? – reí.
— Uno nunca sabe – rió.
— ¿Cómo va la búsqueda de personal?
— Oh, no muy bien... nadie se interesa por ser mesero de este lugar, son puras chicas las que quieren el puesto... y tu sabes que no permitiría trabajar con tentación... – rió.
— ¿Nixie no te deja no? –reí a carcajadas.
— Aparte de eso... – rió otra vez.
— ¿Y por qué no aceptas a una gordota para que no te tientes? – reí.
— No, la gente huiría... la idea es que entren. Estoy pensando seriamente en hablar con Nixie para que me permita trabajar con chicas si es que no hay chicos que se interesen por el puesto...
— Además es tu negocio, no el de ella
— Pero es mi prometida, no me gustaría que se disgustara porque contraté a una mujer más sexy que ella... – rió.
— Cierto, además las alemanas... dios están bien buenas – bebí.
— Le diré eso a Lu – rió mostrando su dentadura.
— ¡Oye! Yo no le diré nada a Nixie, así que será mejor que te calles Richard
Reía sin contención, las charlas con este sujeto eran divertidas aunque en realidad habláramos cosas sin sentido coherente. Una chica con un buen escote en su pecho se acercó a la barra, levantó una de sus piernas para mostrar su bien marcado trasero bajo esa minifalda que llevaba puesta.
— Señor... ¿necesita meseras? – dijo con una voz como actriz porno comiendo chicle.
Richard me miró de reojo y sonrió sin evitarlo, yo reí saboreando mis labios como siempre lo hago, bebí de mi vaso para contener mi risa.
— No lo sé, ¿por qué? – dijo aguantándose la risa.
Escupí el trago de la risa, era una respuesta estúpida para un momento incomodo, es decir... como no saber si necesita empleados.
— Es que no tengo trabajo... y mi mamá está muy enferma, necesito trabajar... – dijo apenada.
— Oh... pues bueno, tráeme tu curriculum para revisarlo y te diré si tienes el trabajo – sonrió
— ¿Es necesario eso del curriculum? – movió su pierna de arriba abajo jugando con sus cabellos.
Mi mirada se estaba yendo para donde no corresponde.
— Sí, es necesario.
— Pero Señor, tenga compasión de mi madre enferma, se lo ruego... – miró con ojos brillantes.
— Está bien, pero no puedo dejar que trabajes con ese vestuario – rió.
— ¿Por qué no?
La chica se le estaba insinuando al alemán frente a mis ojos, sus piernas llamaban mi atención pero no debía mirar, tenía que ser fuerte.
— Porque tengo que darte el uniforme... vengo de inmediato – dijo nervioso.
Reí mientras seguí bebiendo, la chica se sentó junto a mí y me observaba, yo disfrutaba de la música del ambiente una banda alemana muy buena, tenía buen ritmo.
— Hola – dijo en un tono alemán.
Me giré para mirarla, unos ojos violetas.
— Hola –dije con media sonrisa.
— ¿Trabajas aquí? – rió.
— No... – reí. — ¿Por qué?
— No lo sé, pregunto solamente – sonrió dulcemente.
Volví a beber mientras Richard llegó con su atuendo.
— Toma, debes tomarte el cabello – rió.
— Si jefe – hizo caso.
— Cámbiate en el baño de atrás – señaló a la derecha.
— Bien
Fue y volvimos a quedarnos solos allí hablando de lo que sucedió, me dio otro trago mientras se acercaron a la barra los dos idiotas ex novios de las chicas, no venían agresivos pero si imponentes creyéndose superiores a nosotros.
— Dame dos tragos, dos whiskeys – dijo el rubio.
— A las rocas – dijo el otro.
Las ganas de golpearlos eran muchas, pero debía mantenerme al margen, no estaban haciendo nada... pero algo sí estaban haciendo... planeando algo.
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