• Narra Lu
Ya volviendo a la rutina, con algo de estrés ya no por el trabajo, si no que por no dormir bien en las noches, ser madre es una gran responsabilidad que en verdad no pensé que costaría tanto. Pasé a dejar a Osmar a una guardería que tenía buena pinta, no lo dejaría en cualquier lugar... no con mi hijo.
Llegué a la oficina luego ya de una semana en que todo había ido normalizándose, seguía siendo aquella chica con un puesto superior, cuando entré en la oficina el primer día todos me preguntaban por mi bebé, me sentía orgullosa... a medida que avanzaron los días, lo olvidaron y comenzaron a tratarme como una más, exigencias por todos lados... admito que aún tenía ese miedo contra los ejecutivos, pero no podía dejar que eso me afectase.
— ¿Cómo van tus cosas de modelo? –reí comiendo.
— Bien... muy bien Lu... si supieras – rió sin acabar la oración.
— ¿Saber qué? Anda dime – reí mirándola.
— El fotógrafo es exquisito... hombre más delicioso no eh conocido –mordió su labio.
— ¿Más que Richard? – levanté mis cejas.
— No le digas a nadie... pero más que Richard, ¡Dios Lu! Es un gran fotógrafo – rió dándose cuenta que todos nos miraban con sus gritos.
— Vaya, debe ser buen fotógrafo para que te tenga así –reí.
Seguimos comiendo, esperamos que nos dejaran de mirar mientras seguíamos hablando del asunto.
— Creo que me están pasando cosas poderosas con ese tipo...
— ¿Ya lo hicieron?
— ¡Lu! Pero como dices eso... – me miró asombrada.
— Anda dime – reí.
— Sí, lo hicimos el otro día – comió riendo.
— ¡No puedo creerlo! Bueno sí, el tipo es atractivo y persigue lo que quiere... ten cuidado –reí.
— Pero que cosas Lu, creo que me gusta – rió.
Acabamos de comer y partimos al estudio de fotografías.
— ¿Te quedarás a la sesión? – me miró curiosa.
— Si, quiero ver que pasa – jugué con mis cejas.
Rió cohibiéndose y Dero apareció asombrado con mi presencia.
— Hola – dijo extrañado.
— Hola – reí cruzándome de brazos.
— ¿Qué haces aquí? – rió.
— Vine a supervisar el trabajo de mi sexy modelo – lo tenté.
— Oh ya veo... – rió saboreándose los labios.
Tomó su cámara y Nixie tomó posición frente a esa pantalla verde que luego sería adornada con cosas locas en una computadora. Sonreí al ver al tipo excitarse con la chica, era gracioso como la miraba, como la tocaba sin incomodarse con mi presencia, su manera de reír y mirarla eran... diferentes, me hacían sentir bien. No sé porque, pero no me molestaba que ellos dos tuvieran algo, es decir... Richard es mi amigo y normalmente yo no tendría que estar tolerando que Nixie lo engañe, pero lo hago...
— Grandes fotos – sonreí.
— Es la mejor modelo, de eso no hay duda – dijo capturando la figura de Nixie
— ¿Ah si? ¿Y las otras modelos? – reí.
— Las despediré, son innecesarias – rió.
— No puedes hacer eso
— Claro que puedo, ser fotógrafo tiene sus ventajas, y sinceramente un cuerpo como el de tu chica es difícil encontrar, no es esqueléticas como las que suelen haber por doquier aquí, tampoco mide dos metros y un metro ochenta, pero es relativa a su cuerpo, lindo cuerpo – mordió su labio.
Reí a carcajadas. El sujeto era bien raro pero me agradaba, tenía algo diferente.
— ¿Qué tanto hablan ustedes dos? – gritó Nixie a la lejanía.
— Nada que te importe pequeña – reí.
— ¿Pequeña? – me miró asombrado.
— Si, ¿Qué tiene de malo?
— Nada... lo tendré en cuenta – rió como un pervertido.
Volví a reír sin evitarlo, este sujeto era extraño en verdad, me hacía reír con cosas que ni siquiera sé si estaban pasando, solo mi mente estaba actuando más rápido de lo que podía interpretar las cosas.
Pasó la tarde con mucho trabajo, Brian pasó a buscarme junto con Nixie y nos llevó al bar de Richard para ver a los tipos nuevos, es decir veríamos el recinto.
— Es grandioso ¿no? – rió orgulloso
— Es fantástico – reí.
Y hay fue cuando lo vi, un mesero sin cabello con unos enormes tatuajes que le pidió algo en el oído a Richard, llamó mi atención sin poder disimularlo... no podía creer lo que veía, sus brazos... destacaban.
— ¿Qué tanto miras? – susurró Nixie en mi oído.
— Na.... ¡Nada! – dije volviendo a mirar al frente.
— Ya sé lo que viste – rió.
¿Esto en verdad estaba pasando?
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