• Narra Lu.
Ya hace una semana que nos habíamos vuelto a California, lugar que bien me ha tratado, me di cuenta de que Alemania no era para mi, ni mucho menos ese tipo de gente. Me hizo pensar mucho, quizá más de lo debido, pero si algo tengo en claro… que nada puede derrotarme.
— Me alegra que estés de regreso Lu – decía Patricia monitoreando mi trabajo.
— Eres como una madre para mi, no podía dejarme mandonear por otros sujetos Patricia – sonreí trazando líneas sobre mi escritorio.
— ¿Cuándo vuelve tu chica?
— No se si vuelva querida, ahora tiene una carrera musical… no tengo la menor idea si querrá volver a modelar – levanté mis cejas mirándola.
— Vaya, si que supo aprovechar su ida de aquí… ¿desde cuando que decidió hacer todo eso? – dijo asombrada.
— Pues verás Patricia, ella tenía un don que nunca nadie aquí supo apreciar, allá en Alemania se le abrieron las puertas y ¿sabes? Tus colegas son unos idiotas, los ejecutivos decían que era una mala modelo – dije molesta
— ¡Pero si ella es una de las mejores! – dijo atónita
— Claro que lo sé, pero ellos querían anoréxicas y feas, no saben valorar lo bueno – bufé.
— Como sea, ¿estas lista para comenzar con proyectos? Ahora tienes competencia, no eh perdido el tiempo que estuviste afuera.
Me puse de pie frente al escritorio para verla de frente, asombrada por lo que acababa de decir. Yo soy la mejor fotógrafa, odio tener competencia porque siempre los termino arruinando y ellos quedan con problemas de autoestima. Como sea, volvería a recuperar mi renombre en esta gran empresa, por algo eh vuelto…
— ¿Si? ¿Quién es? – sonreí
— Se llama Thomas, es un newyorkino que llegó hace dos meses, es realmente asombroso su trabajo, deberás trabajar duro para alcanzar su nivel Sullivan – levantó sus cejas sobre sus gafas.
— Que cosas dices Patricia, pareciera que no me conocieras, yo puedo ser la mejor sin el mínimo esfuerzo – reí.
— No digas esas cosas, desde que te fuiste, nuestras ventas bajaron y toda la garantía la tiene él… la gente lo adora
— Si claro, como digas – bufé terminando el proyecto.
— ¿Celosa? – rió
— ¿Yo? Que poco me conoces – mentí — Toma, ya terminé, preséntaselo a Pablo y ve si le gusta el bosquejo para el fondo, y que prepare a las chicas ¿si?
— Tu no cambias… - negó con su cabeza riendo.
— Claro que no, solo tengo un hijo y voy a casarme, pero sigo siendo la misma para tu mala suerte querida – reí.
— Ya me voy, se lo entrego a Pablo y vas al estudio… te quiero trabajando ya. No porque vengas del viejo continente te trataré diferente eh…
— Si, como digas – sonreí ampliamente.
Salió de mi oficina con el folleto en la mano, me senté en mi gran silla y comencé a girar recordando los viejos tiempos aquí.
Comencé a cantar Fall to pieces de Velvet Revolver, una gran canción que siempre me ha gustado… su ritmo era pegajoso y melancólico… tanto que recordé a Jacoby.
— ¿Dónde estarás idiota…? – sonreí.
Las cosas han cambiado tanto, pero siempre es por algo. Sonó mi teléfono, me extrañé un poco que sonara, porque solamente hace unos días había vuelto…
— ¿hola? – dije con un poco de miedo
— ¿Lu? – era Richard.
Me asombré bastante, era muy extraño su llamado…
— ¿Richard? – alcé la voz.
— Si, ¿Cómo estás? – sentí una sonrisa
— Bien, volviendo al trabajo… ¿y tú?
— También, reabriendo el bar aquí en California… Quería saber si te gustaría pasar aquí cuando salgas del trabajo…
— Oh no lo sé Richard – dudé — Tengo mucho trabajo y tenía planes con Brian, ¿te parece otro día? Así tenemos tiempo para charlar…
Hubo un silencio molesto, no me gustaba como eso pintaba. No quería verlo, recordando por todo lo que tuvimos que pasar, y ahora que todo iba bien… no quería arruinarlo con falsas expectativas.
— Está bien… ¿has sabido algo de Nixie…? – dijo apenado.
— No mi amor, no lo sé, hablé con ella hoy en la mañana, pero no me ha contado mucho de lo que ha hecho – mentí.
— Oh, está bien, cuídate Lu… nos vemos – dijo en un crudo tono.
— Cuídate Richard, que estés bien – corté.
Dejé el teléfono donde corresponde, caminé al estudio en donde debía estar. Aplaudí y aparecieron las chicas, unos rostros nuevos llamaron mi atención, vi a una niña de cabello rojizo, me recordó tanto a Nixie, era pequeña, delgada y muy pálida… era reciente adquisición de la oficina. Sonreí y le pedí que se acercase.
— ¿Cómo te llamas? – sonreí acariciando su cabello.
— Cristina… - dijo tímida.
— Vaya, quiero que seas el rostro principal hoy… ¿está bien?
— ¿Yo? – dijo sin poder creerlo.
— Claro, es hora de que tengamos rostros nuevos y alegres en este proyecto ¿estás de acuerdo?
— Claro, estoy de acuerdo – sonrió mostrándome su dentadura.
— ¡Vamos niñas, a posición! – grité mientras aplaudía.
Capturé sus curvas en ropa deportiva, era un anuncio para la compañía de Adidas, en una donde también debía fotografiar a Brian, porque sí… él ya era un jugador internacional con su nombre bien ganado. Hacia mucho tiempo que no capturaba cuerpos, en Europa me mantenían dibujando y arreglando maquetas en miniaturas, pero hoy mis brazos terminaron agotados… más de lo que pensé. Pasaron dos horas en las que trabajamos con los chicos, las sonrisas de las niñas me mantenían bien, feliz de volver aquí… hasta que un sujeto lo arruinó todo.
— Pero que mala calidad de posiciones…
— ¿Qué te sucede? – dije molesta.
Dicho sujeto era él, Thomas, el nuevo…
— Veo que eres el engendro nuevo – reí con mi cámara colgando de mi cuello.
— ¿Perdón? – hizo una mueca amanerada.
— Soy Lu, tu debe ser Thomas, a juzgar por lo egocéntrico que eres, pero te digo algo muchacho… nunca podrás superarme.
— Claro, como digas anciana… como digas – rió burlón.
— ¿Cómo me llamaste? – dije molesta.
— Anciana, eso eres…
— Juro que te golpearé algún día…
— ¡Basta chicos! – gritó Patricia poniendo orden.
— Saca a tu Barbie de encima, o juro que le rompo la cara – dije apuntando al sujeto.
— Tranquila Lu, esa no es manera de presentarse.
El sujeto me había caído como el demonio, ¿Quién se creía que era para llamarme así? Y mucho menos de menospreciar mi trabajo… aquí, inicia la guerra.
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