• Narra Brian.
Luego de unas copas de más, un baile sabroso en la sala y que luego de un rato James, un amigo, se llevara a Osmar con él… partimos al living para relajarnos con un coctel de camarones. Su sonrisa me llenaba de vida, como desde el primer momento que la vi, nunca quise dejarla… y aún mantengo esa decisión. Han pasado 15 meses desde que estamos juntos, y esta era una manera de celebrarlo… nuestra boda aún no se concretaba, pero el matrimonio es tan solo una unión que te da el estado, en verdad no se necesita algo así para saber lo enamorado que estás de la persona que tienes a tu lado.
— Estás preciosa, ¿lo sabias? – acaricié su pierna con mis dedos.
— Que galán estás hoy Brian, eso me gusta…
Ella estaba sentada en el sofá frente a mi, dejando sus piernas frente a mis ojos… yo estaba recostado en el suelo, observándola atento como me gustaba; ella era digna de toda mi templanza, ¿Cómo no? si es una bella mujer, la más linda de todo el mundo.
— No soy galán, soy sincero mi amor… eres tan bella
— Eres tan dulce Brian – gritó apretándome las mejillas.
— Hey, no es para tanto – bufé riendo.
— Tú eres el hombre más maravilloso que he conocido, y no quiero dejarte nunca – me sonrió como lo hace siempre.
— ¿Lo dices en serio? ¿Aunque me huelan los pies?
— Claro que sí, hablo en serio – rió.
— Eso no me convence mucho – reí.
— Es que… hay dios, ¡te amo! – miró el techo.
Me puse coqueto, esta mujer me excitaba tan solo con decirme que me amaba… lamí su pierna desnuda desde abajo hasta su rodilla flectada; me miró sonriente, con esos ojos llenos de ternura incontenible. Me puse de pie y ella se echó para atrás cuando mis carnosos labios hicieron contacto con los suyos de una manera única, me encantaba sentirla mía…
Eran quizá las 22:00 horas y ambos estábamos semidesnudos allí en la sala de nuestra gran casa, mis manos acariciaban sus suaves muslos que estaban descubiertos gracias a la corta falda que ese día llevaba puesta, subí mi traviesa mano hasta su pantaleta bien apretada, la hice a un lado y acaricié su suave órgano reproductor, por donde hace pocos meses había nacido mi pequeño bebé.
— Brian… – susurró.
No dije nada, solo quería aprovechar todo momento con ella, estaba muy trabajólica y casi ni estaba en casa para mi, sus problemas me importan, pero no siempre tenia tiempo para nosotros… y hoy era el momento de saldar cuentas.
Mi lengua jugueteaba salvajemente dentro de su boca, mientras que con sus manos se sujetaba del cómodo sofá, entre mis piernas estaba creciendo un bultito… que comenzaba a desesperarme; quité mi camisa con su ayuda… le gustaba juguetear en mi pecho, con mis pezones.
— Miren lo que tenemos aquí – rió lamiendo mi pecho.
— Aún no sé porque te gusta tanto lamer mi pecho nena – sonreí mirándola.
— Pues es sabroso, como todo tu cuerpo – besó mis labios para silenciarme.
Comencé a besarla con más pasión, sentía como mi sangre comenzaba a hervir a medida que sus besos me deleitaban; acaricie y apreté su enorme trasero, esos glúteos sabrosos y suaves, quité la maldita falda, lo único que hacía era estorbar. Mis manos acariciaron su espalda baja, subiendo poco a poco esa sexy camisa que traía puesta, sentir su piel en mis manos me hacía el hombre más afortunado del planeta…
— ¿Por qué no vamos arriba? – murmuró mientras desabrochaba mis pantalones.
— No, mejor aquí… intentemos algo nuevo – reí con mi lengua entre sus dientes.
— Que bárbaro eres…
— Pero te gusta – sonreí.
Guardó silencio una vez más, mis manos aún estaba en su espalda, ella estaba sobre mi, y mi parte trasera hacia contacto con el sofá; comenzó a lamer mi pecho una vez más, haciendo que cerrase los ojos y estos apuntasen al blanco techo, quitó mis pantalones por completo con una rapidez asombrosa… y mordió levemente el bulto que había dentro de mis boxer.
— Ten cuidado… es zona peligrosa – reí mirándola desde arriba.
Se quitó la camisa sola, y se lanzó como una fiera sobre mí; sus labios se abrían y cerraban dejando pasar su aire caliente y su deliciosa carnosidad, nuestras lenguas jugaban entre la saliva de ambos, se mezclaban haciéndose una sola… el roce de pieles internos era lo mejor que podía haber sentido. Apreté con mas fuerza sus nalgas descubiertas, me gustaba tocar su trasero bien marcado, meter mis manos por entre su ropa interior era lo mejor.
Ambos semidesnudos, nuestros cuerpos excitados ya pedían más, sus labios besaron todo mi torso de una manera exquisita; no quise esperar más y bajé lentamente su pantaleta, rozando por completo cada una de sus piernas, su piel… era como suaves pétalos de rosa, ella rió traviesa, su corpiño ya estaba afuera, pues… lo quité en cuanto se quitó la camisa, amo ver sus pechos… son armónicos y los más bellos que haya visto.
Ella sonreía en todo momento, parecía que le gustaba todo lo que estaba haciendo, aunque siendo sincero parecía un completo pervertido, como sea, no soporté más y me quité yo solo mi propio boxer, esta chica me estaba haciendo sudar de una manera increíble, quería tenerla solo para mí y me tentaba con esa sonrisita angelical que tanto la destaca. Acaricié sus caderas cuando se abrió de piernas para acomodarse sobre mi pene eréctil. La mire desde la poca lejanía que nuestros rostros poseían, ella en posición vertical para hacer presión sobre mi abdomen mientras mi pequeño amigo se introducía en su vagina, suave y delicada.
La manera en que dio ese primer gemido, fue excitante. Cerró sus ojos y con su boca semiabierta expulsó un corto aire caliente que la hizo echar la cabeza hacia atrás, sentí la presión que apretaba mi miembro, me hizo cerrar los ojos e imitar a Lu, lo primero siempre es lo mejor… Y así comenzamos.
— Oh… ¡¡¡Brian!!! – gritó.
— Si, nena… dame lo que quiero – reí gimiendo.
Sonrió con esas cosas que suelo decirle, pero se sentía bien. Su cuerpo moviéndose sobre el mío, nuestras pelvis chocando en un leve contorneo de caderas, sentía como su entrepierna me agradecía todo lo que estaba haciendo… Mis manos sobre su cintura me hacían sentir poderoso, un deleite como estos no se tenía todos los días.
Aumenté la velocidad poco a poco, no sé porque, pero ya estaba un poco agotado, creo que estoy perdiendo la practica con esto… Como sea, sus gemidos se fueron transformando en gritos a medida que penetraba en su interior, y sí, también apretaba sus nalgas, Oh sí… ¡como no hacerlo!
Sus manos rasguñaban mi pecho y eso me excitaba aún más, estaba echa una real fiera y eso me gustaba, sus cabellos ondulados saltaban a medida que quería más adentro mi pene en su interior, la forma en que movía su vientre me hacía enloquecer por completo… la presión aumentaba cada vez más, de a poco fui sintiendo su liquidó lubricar mi miembro en su interior, eso me hizo ir más pero más rápido… lo que significó que sus gritos deleitaron en la habitación.
Minuto tras minuto, la situación mejoraba, yo daba lo mejor de mí para aprovechar esta bella situación con mi amada, le entregué lo que tanto le gusta… una buena noche de pasión sexual. Hubiese querido seguir, pero el cansancio me agotó muy rápido. Sin darnos cuenta, llegamos al orgasmo más rápido de lo que creímos, ya era bien tarde, no se como pasó el tiempo tan rápido…
— ¡¡Dios!! – gritó desde lo más profundo de su ser.
— ¡¡Oh, Lu!!
La presión era demasiada, se sentía realmente bien, nuestros líquidos se mezclaron en ambas entrepiernas, dejando todo a la imaginación. Lu se lanzó al suelo, y ya estaba yo lo bastante excitado como para seguir una siguiente ronda, y así lo hice… calló al suelo y yo sobre ella… haciendo perdurar este bello momento.
Unas cuantas veces hicimos el amor, sobre el sofá… también dos veces en el suelo… y luego la llevé al cuarto para aprovechar nuestro aposentos bien merecidos. Cuerpos sudados, excitación por montón y solo una frase pudo contentarme…
— Te amo Brian…
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