- Narra Lu
Estaba en mi oficina con Heller, él me ayudaba con la selección de las fotografías que debía clasificar en cada una de las carpetas que se encontraban en el archivador, las cuales indicaban la categoría y el género a los que pertenecían todas las fotos. Me encontraba absorta en mi labor cuando una de las secretarias entró en mi oficina.
- John te estaba buscando – me dijo.
- ¿Sabes que quiere? – le pregunté sin levantar la vista de mi trabajo.
- No, sólo me dijo que fueras a su oficina – respondió
- Bien, de acuerdo – dije – Gracias – le sonreí y, con eso, se marchó.
Indiqué a Heller que siguiera trabajando y me dirigí a la oficina del jefe. Toqué la puerta para que supiera que iba a abrir y entré cerrando la puerta detrás de mí.
- Ah, Lu… - dijo mirándome – Te estuve buscando por toda la empresa –
- Sí, me dijeron – contesté rápidamente - ¿Para qué me necesita? –
- Tengo un par de trabajos para ti, querida – respondió.
- ¿Ah, sí? – pregunté - ¿Puedo saber cuáles? –
- Hay una revista dentro del rubro pornográfico a la que le encantan tus fotografías, están fascinados con tu espléndido trabajo –
- Continúe –
- Bien, me pidieron que te convenciera de trabajar con ellos –
- Me parece bien. ¿Qué debo fotografiar? –
- Lo común… algunos chicos y chicas desnudos –
- De acuerdo – dije – No tengo ningún problema con ello – sonreí.
Me di la vuelta dispuesta a marcharme cuando una mano me tomó del brazo bruscamente y me obligó a girarme.
- No te dije que te fueras – dijo sonriendo, un destello de lujuria brillando en sus ojos.
- ¿Qué… qué es lo que hace? – le pregunté incómoda y con miedo.
- Tranquila preciosa, no te haré nada malo – dijo acercando su rostro al mío.
- ¡No, deténgase! – intenté gritar pero su boca tapó mi suplica en un segundo.
- Sabes que lo quieres, puedo verlo en tu mirada – susurro en mis labios mientras bajaba su mano derecha hacia mi entrepierna, acariciándome. No pude evitar reprimir un estremecimiento de miedo y asco.
- ¿Lo ves? Tu cuerpo me desea, ¿por qué negárselo? – rió en mi oreja.
No había escapatoria, mi mirada buscaba desesperadamente una manera de salir de esta horrible situación pero por más que lo hiciera no encontraba ninguna. Mientras John besaba mi cuello y metía sus asquerosas manos debajo de mi falda y mi blusa intentaba pensar en otra cosa, pensaba en Osmar y en Brian y me aferraba con desesperación a su pensamiento, cuando alguien llamó suavemente a la puerta. Él se detuvo y se apartó con rapidez de mí, arreglándose la camisa y limpiándose el sudor del rostro, me miró fijamente y una sonrisa de autosuficiencia apareció en su rostro. Me quitó del camino con un empujón y abrió la puerta… Heller había golpeado.
- ¿Qué quieres? – le preguntó malhumoradamente.
- Sólo venía a ver si Lu seguía con usted… necesito su ayuda con unas fotografías – dijo con el ceño fruncido, intentando comprender porque la agresividad de John y porque me encontraba en el estado en el que me veía - ¿Qué sucedió?- preguntó.
No sabía que responderle, intentaba encontrar una respuesta convincente en su retorcida mente, estaba con la guardia baja y no me prestaba atención… esa era mi oportunidad de salir de allí, así que tomé impulso y salí corriendo, empujándolo a él y a Heller. Corrí frenéticamente por los pasillos de la empresa, los demás empleados me miraban como si estuviera loca pero no me interesaba, lo único que me importaba en ese momento era largarme de ahí lo más rápido posible; corrí hasta mi auto, encendí el motor y a toda velocidad, salí del estacionamiento ganándome unas cuantas bocinas. En el trayecto de regreso a casa me vi obligada a detenerme en varias ocasiones, no podía conducir por las lágrimas que caían por mi rostro descontroladamente, era una imagen desoladora aunque sea yo la que lo diga… la situación realmente me había superado, no sabía que hacer, sólo estaba segura de una sola cosa: quería matar al maldito bastardo.
Demoré en llegar a casa más de lo normal y cuando entré, aún luchaba por mantener las lágrimas dentro de mis ojos. Suponía que me encontraba sola, ya que Osmar estaba en la guardería, pero al dirigirme a la cocina me encontré con Brian, quien hurgaba en la alacena buscando quién sabe qué.
- Hola primor – saludó, dándose la vuelta - ¿Qué demonios te sucedió? – dijo atónito, con los ojos bien abiertos.
- Yo… - pero no pude terminar de hablar porque volví a romper en llantos, arrodillándome en el suelo y abrazándome a la pared. Brian se acercó tan rápido que ni siquiera lo escuché moverse, para rodearme con sus fuertes brazos en un intento por consolarme… fallido, porque apenas lo hizo, comencé a llorar aún más fuerte, mientras gritaba hasta el punto en que me dolía la garganta.
Nos quedamos así un largo rato, hasta que por fin comencé a calmarme aunque no lograba reprimir los leves sollozos que todavía escapaban de mí. Brian acariciaba mi espalda para darme calor, buscando las palabras para preguntar que me sucedía.
- Tranquila… tranquila, estoy aquí… estas aquí conmigo… todo saldrá bien – susurró.
- No… nada estará bien – dije intentando reprimir el llanto que amenazaba con surgir otra vez.
- ¿Quieres decirme que sucedió? – preguntó dubitativamente.
Guardé silencio unos minutos, para tranquilizarme al fin…
- Mi jefe, John. Él… intento violarme – dije, esto último en un susurro casi inaudible pero que Brian logró escuchar.
- ¿Qué…? – preguntó – Por favor dime que estás bromeando… - dijo, horrorizado.
- Ojala lo estuviera – dije, cerrando mis ojos y hundiendo mi cabeza en su pecho, intentando asfixiar mis lágrimas.
Y así me quedé, entre sus brazos, intentando recobrar la postura perdida en aquella oficina…
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